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Desparrame de libertinaje
Escribe Daniela T. Montoya
A estas alturas, seguramente, sea ínfima la presencia en las carteleras de La historia completa de mis fracasos sexuales. Así mismo, hace tiempo que se rumorea eso de que poco influyen las críticas en la decisión de los espectadores de ver o no una película. Por ello, vamos a divertirnos un rato escribiendo algo sobre esta película...
Eslóganes comerciales
Documental cómico. Hilarante, jocoso, descarado. Chris Waitt, cual hombre orquesta, en La historia... saca provecho de las facilidades que proporcionan los medios digitales para convertirse en carne de cañón de su propia película. No en vano, el chaval tiene experiencia firmando trabajos para MTV y otras televisiones. Y se nota la experiencia, ya que Waitt no da respiro. La historia... acumula tal desparrame verborreico de chistes, coñas soterradas y de gags juguetones que se olvidará por completo de las palomitas que tiene en su regazo.
Imbuido en un bache laboral y, sobre todo, sentimental, Waitt coge la camarita para autofilmarse en su extravagante odisea que es La historia... Tan desinhibido y necesitado de compañía como su compatriota Bridget Jones, Waitt rueda su propio diario audiovisual. En concreto, el periodo que va desde que le deja su última (de las numerosas) novias, hasta que encuentra otra con la que recobrar la felicidad y la vida sexual. Así, bajo el argumento de averiguar "por qué me dejan todas mis novias", Waitt echa mano de su agenda y trata de convencerlas para que expongan sus motivos sin tapujos. Aunque eso implique ningunear al fantoche que está detrás (y delante de) la cámara, diana de todo tipo de recriminaciones.
Escudado por la presunta reflexión, Waitt salva el escollo metafísico y se pasa al puro juego con personaje desastroso. Asumido el rol de payaso cool, Waitt se las ingenia para buscar el más difícil todavía. De esta forma, la expectativa de saber cuál será la nueva dificultad (léase novia) a la que se enfrenta, o el nuevo experimento que se inventa para ponerse a prueba, hacen que La historia... enganche a cualquiera. Por todo ellos, La historia... es una película que no se pueden perder. No se arrepentirá por dejarse unos euros en verla. Es comedia en estado puro. No hay argumentos para justificarla. Perfecta para abstraerse de los problemas cotidianos y todo en general. Hagan caso a los imperativos; no piensen y véanla. Sin más.
Contexto y formas
El tema (el "de qué va") apenas cuenta nada sobre cómo es una película. Para saber de qué va La historia... no basta con que nos digan que va de un director que se autoinmola exponiendo sus disfunciones sexuales.
¿Qué habrá de especial en el conjunto de los anglosajones que son tan dado a comerciar con todo, incluso con sus propias vidas? ¿Tendrá algo que ver la ética protestante de la que tanto hablaba Max Weber? ¿Tan diluidas están las fronteras entre lo privado y lo público que no dudan ni un segundo para exponer sus miserias ante las cámaras (y sacar beneficios económicos de ello)?
La historia...se circunscribe en el terreno de reality shows que tanto han cuajado en la pequeña pantalla. Junto a los programas rosa y la llamada tele-basura, estos espectáculos de la intimidad nutren buena parte de las programaciones televisivas. Y ahora, Chris Waitt se apropia de estos formatos para hacer su vía crucis performativo sobre sus carencias sexuales.
Alguien podría argüir que Waitt, con su cine en primera persona, hace máxima la premisa de Astruc al usar la cámara digital como una caméra-stylo con la que expresar su subjetividad. Pero nada más lejos porque, para que así resultase, sería preciso un sujeto autoconsciente que reflexionase sobre algo más que su acuciante necesidad de encontrar con quién tener sexo. Por tanto, el uso de la cámara sería algo más próximo a un ensayo, donde se plantean ideas que se pueden discutir o inducen a nuevas relaciones; y no un discurso dirigido a un único fin, sin opción al diálogo (aunque muestre varias entrevistas), y con un final cerrado que da que pensar sobre el carácter narrativo de la historia que ha sido contada.
Que nadie se equivoque, Chris Waitt no es Chris Marker. En su exhibicionismo documental, Waitt no tiene ningún afán por experimentar con el medio. Se conforma con capturar al espectador con su compendio de escenas curiosas. Siguiendo las pautas de los videos que contiene el canal de televisión MTV, aunque destilados de su estética pop, Waitt reviste La historia...de textura realista.
El problema es que los fakes, que han surgido como setas estas últimas décadas, nos advierten que la estética de la imagen (con su cámara al hombro, suprimidos los filtros y el maquillaje, aparente descuido de la iluminación, etc.) no es requisito, ni de uso exclusivo, del cine documental. El montaje de La historia... no desvela que sirve para narrar una historia, en la que Waitt también es el protagonista directo, pero cuya narrativa no se aleja tanto de cuentos como el del patito feo o la versión masculina de la Cenicienta.
Feministas en acción
Podría ser divertido ver a un tipo desesperado por mojar. Pero de ahí, a convertirlo en tema trascendental, hay un trecho. La historia... es un documental biográfico que cansa verlo más de diez minutos, se hace pesado a medida que avanza el metraje, y resulta irritante una vez llega al desenlace, a saber, conseguir una novia (¡como si fuera un trofeo!).
El discurso que despliega Waitt (director, protagonista, guionista, etc.) en La historia...es bastante patético. Y no sólo por la exhibición de sí mismo como un personaje patético, abandonado cual perro callejero a lamerse las heridas. No desvirtuemos la narración: por más que Waitt se esmere por contactar con sus ex-novias para que expongan su punto de vista, es el propio director quien tiene el dominio de la narración. Su punto de vista, presentándose como "la víctima", se deja ver en las performances de entrevistas que se inventa con sus ex, en los frívolos shows que interpreta por las calles de Dublín y Londres, y en el retorno al hogar en busca de material (más que de consejos).
Ególatra de su propio patetismo, el planteamiento de Waitt es engañoso. Las declaraciones que sus ex se prestan a ofrecerle se convierten en mero material para montar su película truncando, así, su promesa de escuchar sus recomendaciones y consejos. Poco importa, por tanto, que su madre le sugiera que haga algún esfuerzo por ser menos descuidado (con su vestimenta, su higiene, su casa y su vida en general), o que las reiterativas negativas de sus numerosas ex den para pensar sobre su carácter. En general, carecen de interés lo que "ellas" puedan decir ya que, una y otra vez, sus diálogos son aderezados con guiños visuales o reconstruidos (una vez más, es palpable la mano negra del montaje) como complementos paródicos del desgarbado protagonista.
Waitt aspiraba a hacer de la economía de medios una virtud en su primer largometraje, pero el solipsismo de su proyecto es un defecto insalvable. Ver a un hombre pensando con la polla resulta demasiado común. Quizás lo más novedoso sea que no se inhiba jactándose de su problema de erección.
Divagaciones personales
Se equivocó el Festival de Gijón incluyendo La historia... en la selección de películas a concurso. No todo lo provocador es signo de calidad. Y Chris Waitt no aporta nada más que descaro y desvergüenza. Sirve para echar unas risas, si uno se conforma con ver a un hombre haciendo el idiota. Pero sin duda abundan las propuestas de ficción y no-ficción muchísimo más gratificantes que perder el tiempo viendo semejante estupidez.
Podríamos recrearnos sobre el exotismo de los ingleses treinteañeros, hijos de Margaret Thatcher y Trainspotting (Danny Boyle, 1996), tan dados a vomitar frente al pub la elegancia clásica inglesa en cuanto llevan unas cuantas pintas entre pecho y espalda. Podríamos recordar también esos viajes en que constatamos que aún pervive la figura del bobby y las cabinas rojas, que sólo en el resto del mundo se conduce al revés, o que el inglés que aprendimos en el colegio dejaba mucho que desear. O, también, podríamos criticar el desaliño de Waitt, tan falto de musculatura como su flácido problema, desplazándose en una furgoneta destartalada en lugar de un pseudodeportivo tuneado, y sin guardar en su armario (¿tenía armario?) ni un solo traje que pudiera ayudarnos a distraernos en el visionado de La historia...Podríamos hablar de tantas cosas menos de la película...
Pero ya puestos, vamos a recomendar otros documentales (estos sí que se merecen el calificativo). Por un lado, a quien se mueva entre DVDs (ya que su distribución en salas se ha hecho en cuentagotas), aconsejamos El Arropiero, el vagabundo de la muerte, de Carles Balagué, donde el tema transversal de las disfunciones sexuales sí que complementa el perfil espeluznante del asesino en serie más terrorífico conocido en España. Y, de previsible estreno en unos meses, Una cierta verdad de Abel García Roure, descendiente "ilegítimo" de Joaquín Jordà, cuenta con personas que realmente hilvanan discursos alucinantes que, pese a su inverosimilitud (de la palabrería que recoge la cinta, no la película en sí), dejan boquiabierto a cualquier mundano.
Por todo ello, entre volver a ver Las historia... o ir a desayunar con el jefe, preferimos que éste último nos invite a unos croissants.
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LA HISTORIA COMPLETA DE MIS FRACASOS SEXUALES (2)








