Katmandú, un espejo en el cielo (1)

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Misa laica 

katmandu-1Tal vez sea debido al carácter intangible e inmaterial de la mercancía producida por el aparato ideológico Escuela, a su carácter simbólico y espiritual, la causa de la peligrosa asociación y vinculación de sus protagonistas (los maestros) con el método hagiográfico de representación por excelencia: la vida de Jesús, según los parámetros novatestamentarios. Lo que desde una perspectiva religiosa responde al imperativo de la fe, se seculariza con el término vocación, sin ser muy conscientes de que tal llamada es una mera transposición laica de la fides primitiva y original.

La identificación es tal, que no puede mesurarse racionalmente, siendo en última instancia el impulso pedagógico una especie de don que la naturaleza (¿o Dios?) concede a los elegidos.

A partir de estos mimbres ideológicos, sin ser consciente de sus contradicciones, más bien al contrario, plenamente satisfecha de su labor, de su apostolado en defensa y reivindicación de una persona entregada, en cuerpo y alma, a la religión educativa, Icíar Bollaín urde un retrato apologético, un biopic ensalzador (Esta película está basada en hechos reales, debería figurar entre los títulos de crédito) de la figura de Victoria Subirana, alias Vicky Sherpa, una maestra de origen catalana, eximia representante de lo que se han dado en llamar los movimientos de renovación pedagógica (léase en catalán, que suena más renovador y pedagógico), en especial del método Montesori, que un buen día, a principios de la década de los noventa del siglo pasado (que veinte años no son nada), coge sus bártulos y su entusiasmo docente y emigra al Nepal, un territorio virgen donde poder llevar a cabo su evangelización docente, propedéutica (o intuía que la Logse iba a fracasar en el estado español, o consideraba que las bondades logsianas debían expandirse urbi et orbe).

Nada ni nadie entorpecerá la labor de Laia, hipocorístico de Eulalia, el alter ego diegético del patrón real, ni el relato cinematográfico de Bollaín. Al partir la focalización de un personaje sin fisuras, monolítico, fuerte y concienciado, esto es, de la rendida admiración de la directora por la persona inspiradora, le hace un flaco favor a su película, pues lo que debía ser consistencia se troca en rigidez narrativa, en una forzada carrera hacia un objetivo trascendental, que el espectador contempla sin pena ni gloria, aburrido por lo consabido de la trama y por lo maniqueo de su planteamiento.

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La interpretación de la actriz que encarna a Laia, Verónica Echegui, peca de las inconsistencias dramáticas del personaje. O bien pone una cara de enfado y malhumor que le llega hasta los pies, expresión de su fuerte convicción interna, o bien pone una cara de pasmo y perplejidad ante la realidad que la circunda, antes de llevar a cabo una transición hacia una felicidad exultante que esa misma opaca realidad le concede atravesar y entender.

La labor pedagógica de la protagonista, núcleo del deslavazado guión, es el eje central de la historia. Las dificultades para conseguir su s propósitos: edificar una escuela que responda a sus expectativas educativas, serán siempre superadas gracias a su indeclinable empeño.

Su condición de mujer también dará pie para que se introduzcan unas gotitas de feminismo: el derecho a abortar, pues Laia tiene que desprenderse de un embarazo en el seno de su matrimonio (ojo, mal casada con un compañero analfabeto de la fábrica donde trabaja mientras estudia por las noches la carrera de magisterio) que obstaculizaría la consecución que persigue: escapar de su entorno proletario para poder ayudar a otros a escapar de sus miserias; no obstante, ella es menos comprensiva e incluso refractaria al aborto en el Nepal cuando éste responde a una discriminación por sexos, es decir, cuando el aborto se efectúa sobre el feto de una niña por el mero hecho de ser niña, mujer.

De su entregada y sacrificada labor como maestra, Laia recoge la semilla de dos pupilas con enormes ganas de aprender. Ambas padecerán las lacras que acechan a las mujeres en el Nepal, siendo una de ellas objeto de explotación infantil, sexual. Finalmente, saldrán del infierno que les ha tocado vivir y seguirán la senda trazada por su maestra, retomando el testigo y el farol discente.

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Laia también sufrirá los embates del amor con un joven y atractivo sherpa. Partiendo de un matrimonio de conveniencia, siguiendo las enseñanzas de un ejemplar del Kamasutra, por aquello de que el roce hace el cariño, finalmente estallará el amor entre ambos esposos, sobre todo cuando el sherpa inicie la escalada del Himalaya púbico de la protagonista. Pues la directora se cuida muy mucho desde un principio de criticar una visión basada en el etnocentrismo europeo y occidental.

El personaje del marido nepalí sirve también como pretexto para llevar a cabo un recorrido paisajístico por las bellezas naturales de Nepal, así como para mostrarnos la cotidianeidad de sus gentes, sus costumbres, su cultura… Turismo de estampita y exotismo, tan caro a los corruptos, exhaustos e hipócritas urbanitas europeos.

La directora, sin embargo, también nos había ofrecido las postales naturalistas de los suburbios más degradados y paupérrimos, con sus calles sin asfaltar llenas de hediondos charcos, sus chabolas insalubres…, así como dos secuencias, mejor que una, de la liturgia funeraria, de la pira crematoria donde acaban los cuerpos de los nepalíes.

Después de las mieles y de los sinsabores, separación del marido incluida pues éste pretende formar una familia tradicional, sin advertir que la familia de Laia son sus pupilos, su trabajo y su entrega, en un falso dilema, uno más, de los que exhibe el tramposo guión; después de tantas peripecias, se culmina con éxito el viaje interior de la protagonista, pues esto es , al fin y al cabo, la tesis que se ha dispensado a lo largo del filme: do ut des, el intercambio mutuo enriquecedor, o la transformación de la materia en espíritu.

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Parte de la falsedad que recubre toda la película se hace ostensible en el doblaje, en la pista sonora del filme. Laia habla con los niños en inglés, o con la ayuda de su amiga y traductora Sharmila en nepalí. Pero, incomprensiblemente, con su marido, con la susodicha Sharmila e, incluso, con el lama que le sirve de guía espiritual y paño de lágrimas, habla en ¡español! Tales secuencias obviamente han sido dobladas y ese doblaje ejerce, formalmente, un velo de falsedad añadido y espeso, digno del melodrama en que, sin ningún tipo de pudor y de reserva, la película chapotea.

Hemos presenciado un acto litúrgico cinematográfico. A los convencidos, a los que comulguen con la tesis de la directora, la ceremonia les parecerá correcta, pues convencidos están de antemano. A los demás, no sólo no se nos persuade, sino que se nos  expulsa del templo: más por las deficiencias y carencias narrativas del sermón, por la simplicidad y falsedad de su ejemplaridad, por su fariseísmo revestido de inocencia y pureza, que por la espiritualidad que destila, aunque también.

Qué vieja y rancia ha quedado la película, el modelo de cine subvencionado por la administración (cuentas del rosario crematístico público: TVE, TV3 de Catalunya, ICO, Canal +, Ministerio de Cultura…) como ejemplo de cine de calidad, a lo Pilar Miró, inscrito en el imaginario oenegista de la etapa zapateril, frente al cine español de mero divertimento producido por las televisiones privadas.

¿Desaparecerá este tipo de cine subvencionado o habrá que aggiornarlo al nuevo mantra político popular? Al fin y al cabo, el ministro del ramo ya dijo que era uno más de vosotros, creadores artísticos, cinematográficos. Pues eso, a seguir con este tipo de cine.

Escribe Juan Ramón Gabriel

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Título Katmandú, un espejo en el cielo
Título original Katmandú, un espejo en el cielo
Director Icíar Bollaín
País y año España, 2011
Duración 104 minutos
Guión Icíar Bollaín con la colaboración de Paul Laverty
Fotografía Antonio Riestra
Música Pascal Gaigne
Distribución Alta Classics
Intérpretes Verónica Echegui (Laia), Sumyata Battarai (Sharmila), Norbu Tsering Gurung (Tshiring)
Fecha estreno 03/02/2012
Página web http://www.altafilms.com/katmandu_un_espejo_en_el_cielo