Inside job (3)

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La verdad desnuda

insidejob00Cuando uno hace uso de la metáfora del subtítulo para ilustrar la supuesta complejidad de un engaño, parece dar a entender que lo que se oculta tras él es paradójicamente simple: todo aquello que parecía abstruso y hermético, se torna diáfano cuando se retira el velo que lo cubría, que no tenía por objeto más que soslayar las maquinaciones de los sumos sacerdotes del mercado y la política, ambos uno y lo mismo, cada vez más confundidos en aquello que se ha venido en llamar pensamiento único.

Aquella verdad no sería más que la constatación de que sólo la avaricia y el afán de dominación guían la supuesta mano invisible (por lo oculta) de los mercados, que la igualdad en derechos y obligaciones sólo es simétrica en la parte de abajo, y que la libertad tanto de elección como de cátedra no es más que una ficción consoladora: el ser humano siempre podrá ser lo que quiera, pero nunca querer lo que quiera… de ello darán buena cuenta dispositivos sociales fundamentales como la publicidad (el engaño), la educación (el adoctrinamiento) y la deuda (la esclavitud).

Inside job muestra en cuatro actos cómo se constituyó  desde dentro el último de los escenarios de ese engaño, una situación en que los actores escriben su propio libreto y prescinden del director para repartirse no sólo el dinero de la taquilla, sino también el de los bolsillos  de los espectadores, que como suele ser costumbre tienen prohibido el acceso a la escena.

El primero de los actos, una especie de introducción aparentemente desgajada del grueso de una argumentación minuciosa, detallista y localizada en los EEUU, está ambientada en la antaño próspera Islandia. Es quizá, una de las únicas concesiones al fantasma de la globalización económica y del neocolonialismo del ideario financiero, puesto que la película se deja en el tintero las consecuencias desastrosas para las cuatro quintas partes de una humanidad bien alejada de las comodidades del occidente feliz.

Sin embargo, muestra bien a las claras cómo la desregulación financiera es una bomba de relojería con efecto gaseosa: toda la ingente cantidad de riqueza que produce en los primeros años de su aplicación, sube hacia la parte de arriba sin dejar rastro en el fondo de la botella cuando se “libera” el tapón. Pero además, acaba por desaparecer por completo en su mayor parte, haciendo justicia a su naturaleza vaporosa y etérea: la mayor parte de la riqueza no era sino una ficción, y la realmente existente, no ha hecho más que cambiar de manos.

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Una vez ejemplificadas las consecuencias de la desregulación de los mercados en Islandia, la película se centra en el caso estadounidense, y no puede menos que agradecerse el didactismo y la claridad de exposición de unos conceptos y maquinaciones que resultarían demasiado complejas de no mediar esos esfuerzos.

Aún así, el planteamiento requiere de un plus de atención por parte del espectador y unos conocimientos mínimos de economía, para no perderse en el maremagnum de datos y de invenciones financieras llamadas precisamente a complejizar el sistema de tal modo que sólo pudiera ser comprendido por los iniciados: “venga usted a opinar cuando obtenga un doctorado en matemáticas”, es el consejo de alguno de los gurús económicos frente a las justas reclamaciones de los ciudadanos que ponen todo el dinero en sus manos. De lo que se trataba, en resumen, es de alejar al común de los mortales del control de sus propias finanzas.

Una somera explicación de “cómo hemos llegado hasta aquí” se halla en el apartado que lleva por título esa sentencia. La consabida historia sobre la desregulación financiera de la que hicieron causa Reagan, Thatcher y la escuela de Chicago que acabó por desembocar en una revolución conservadora cuyo máximo exponente fue el neoliberalismo, ahora imperante. En ella se muestra cómo no sólo la economía, sino aún la política y, sobre todo, la educación superior, se hallan determinadas por el marco conceptual de la liberalización absoluta y la única religión del mercado.

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Gracias sobre todo a la última, el cáncer se ha extendido de tal modo que resulta prácticamente imposible evitar la metástasis: todo es neoliberalismo, y resulta no sólo imposible vislumbrar una cura, sino aún proponer una alternativa. Es por ello que ni el propio autor, Charles Ferguson, parece sustraerse a los encantos de un tiburón financiero con piel de delfín como George Soros, que ahora pasa por filántropo, pero que no es más que un criminal que hizo su fortuna especulando contra la libra esterlina y hundiendo la economía real de un país, el Reino Unido, constituida por millones de personas normales que vieron cómo los tipos de interés de sus hipotecas subían espectacularmente hasta dejarlos en la miseria.

Tampoco parece hacerle ascos a Dominique Strauss Kahn, director general del F.M.I, otro lobo con piel de cordero al que se le llena la boca con las críticas a la especulación salvaje, pero que pierde toda su honestidad desde la poltrona de uno de los organismos que más ha hecho por aumentar las desigualdades entre el norte y el sur.

Sin embargo, absueltos esos pecadillos, debemos reconocer que Ferguson (quien no aparece en pantalla como otros documentalistas de cuyo nombre todos ustedes se acuerdan), se esfuerza sobremanera en poner en aprietos a sus entrevistados. Uno de los puntos fuertes de la película, además de su ya subrayado didactismo, es esa capacidad para hacer las preguntas adecuadas a los personajes relevantes en el momento justo: esto es, justo después de haberlos conducido irremediablemente al matadero sin que ellos lo sospecharan.

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Las caras de circunstancia, los malos modales sobrevenidos y la negación infantil de la realidad de algunos de los principales popes de la economía estadounidense que se dejaron entrevistar, son los mayores trofeos que Ferguson cosecha a mayor gloria de su bien intencionado documental. Algunas de sus fallas se hallan también en este apartado: Ferguson hace notar que muchos de los responsables no quisieron responder a sus preguntas, lo que, lejos de constituirse en una muestra de la escasa responsabilidad cívica de aquéllos, acaba por ser un lastre bien que estético, remarcable en el desarrollo de sus tesis.

Éstas son, como la pura y desnuda verdad, muy simples: tal y como sugería Eddie Murphy en aquella deliciosa comedia de Landis, Entre pillos anda el juego (1983), los responsables de las finanzas del país más poderoso del mundo (y por extensión globalizadora, los de todo el planeta), no son más que corredores de apuestas. Esos corredores de apuestas no sólo tienen la llave de la caja, sino también la de la escuela y la de la Casa Blanca. Es por ello que pueden colarse en el mismísimo despacho oval y aconsejar al supuestamente reticente Obama que no los aparte del juego, so pena de quedarse encerrado y aislado en ese bonito despacho sin poder hacer nada más.

La amargura y la decepción que destila la voz del narrador, un Matt Damon que confiaba en la gran esperanza negra, deja bien claro que la de Obama también es la historia de un gran fiasco. Nada puede hacerse de momento contra el capital financiero, porque todas las apuestas lo dan como ganador. Es obvio que nosotros somos los perdedores y poco podemos hacer aparte de pagar religiosamente los gastos.

Las conclusiones son pues, desoladoras: estamos en manos de jugadores profesionales, que como tales parecen no haber abandonado un comportamiento infantil: no hay responsabilidades, no hay admisión de culpas, no hay rectificación de principios. Todo sigue igual y así seguirá hasta el colapso total.

En ese momento nos preguntaremos de nuevo: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?… pero ya será tarde. Algunos se dispondrán entonces a recoger los beneficios mientras nosotros recogemos las cenizas. Ferguson, al menos, ha recogido un Oscar.

Escribe Ángel Vallejo

 Título  Inside Job
 Título original  Inside Job
 Director  Charles Ferguson
 País y año  Estados Unidos, 2010
 Duración  120 minutos
 Guión y montaje  Adam Bolt, Chad Beck
 Fotografía  Kalyanee Mam, Svetlana Cvetko
 Música  Alex Heffes
 Distribución  Sony Pictures
 Intérpretes  Matt Damon, William Ackman, Daniel Alpert, Daniel Alpert, Jonathan Alpert, Sigridur Benediktsdottir, Willem Buiter, John Campbell, Christine Lagarde
 Fecha estreno  25/03/2011
 Página web  http://www.sites.sonypicturesreleasing.es/sites/insidejob_site/