jueves 24 de mayo de 2012

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In time (3)

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El tiempo en sus manos 

in-time-0Me falta tiempo, no he tenido tiempo, se me viene el tiempo encima... Todas estas son expresiones que utilizamos día sí y día también en este mundo de estrés y ajetreo en el que nos ha tocado vivir.

In Time, la nueva película dirigida por el especialista en films de ciencia ficción Andrew Niccol (entre sus trabajos más destacados en este género encontramos títulos tan imprescindibles como Gattaca, 1999, o la menos satisfactoria Simone, 2002) utiliza este tiempo de una forma harto original y creativa.

Nos encontramos en una sociedad futurista donde la moneda de cambio ha dejado de ser el dinero para pasar a ser la propia existencia humana. Se trata de un porvenir en el que todos han sido manipulados genéticamente para detener el proceso de envejecimiento a los veinticinco años (un claro guiño a La fuga de Logan, clásico de la ciencia ficción dirigido por Michael Anderson en 1976 en el que los habitantes de la Tierra en el siglo XXIII eran aniquilados cuando alcanzaban esa misma edad).

Luego te dan un año de vida extra, esperanza que puede ir subiendo mediante un salario que se paga en minutos a cambio de un sistema laboral cercano a la esclavitud, o por el contrario puede bajar si eres un derrochador.

El punto de partida es cuanto menos curioso e irónico. No hay que ser muy listo para darnos cuenta de que se nos va la vida trabajando (eso el que hoy en día tiene la suerte de conseguir ocupación remunerada, que está la cosita muy mal), y aquí se trata precisamente de eso, si no trabajas se te agota el tiempo y te mueres sin más. Palabras como jubilación, Imserso o vacaciones no tienen cabida en una sociedad que por otro lado es igual de clasista que la actual.

Los sin escrúpulos que han tenido la oportunidad de realizar negocio con el tiempo y, por consiguiente, sus descendientes viven una vida pudiente en la parte alta de la ciudad. Mientras tanto, en el gueto, la gente pobre pero honrada vive angustiada por conservar sus últimos suspiros de subsistencia. Se puede decir que mientras los primeros matan el tiempo los segundos matan por él.

El héroe de la función, Will Salas, al que da vida un cada vez más prolífico, en cuanto a apariciones en pantalla se refiere, Justin Timberlake (después de su relativo éxito con La red social, este año ya le hemos visto en dos comedias: Con derecho a roce y Bad teacher), se ha criado en estos barrios marginales, donde vive al límite y tendrá que vivir situaciones trágicas como la pérdida de sus padres.

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Por cierto, es llamativo que el rol de madre esté interpretado por Olivia Wilde, una actriz tres años más joven que Timberlake, pero ahí radica uno de los planteamientos más divertidos de la propuesta: como nadie puede llegar a envejecer, y todos los ciudadanos parecen haber bebido de la fuente de la eterna juventud, los padres pueden parecer más jóvenes que los hijos, e incluso los abuelos, bisabuelos, etc.

Este no es el único conejo mágico que es capaz de sacar Niccol de la chistera durante todo el metraje, ya que el guión, firmado también por él, está trufado de pequeños detalles de esta anómala sociedad que sorprenderán a más de uno: las operadoras de las cabinas telefónicas te piden que deposites un minuto para efectuar una llamada; las hipotecas se negocian igual que ahora a equis años pero con la particularidad de que te los restan de tu propio tiempo de vida; en las partidas de póker se apuestan días o meses en lugar de dólares...

La trama del film gira entorno a la persecución a la que es sometido el protagonista, debido a un malentendido, en el que un hombre harto de la eternidad le transfiere una cantidad ingente de tiempo que a ojos de los cronometradores (agentes de la ley encargados de velar por la correcta repartición de periodos) parece ser un vil asesinato. En su huida conocerá a la insatisfecha hija de un magnate (Amanda Seyfried, actriz que como Timberlake disfruta de buena voz, como pudimos comprobar en Mamma mia, y a la que en este 2011 ya hemos visto en Caperucita roja y Cartas a Julieta) a la que secuestra, pero poseída por una especie de Síndrome de Estocolmo instantáneo, caerá rendida a sus pies comenzando así una singular aventura en la que se dedicarán a saquear (como una mezcla de modernos Bonnie y Clyde y Robin Hood) los bancos de su padre para repartir tiempo entre los más desfavorecidos.

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Si nos hemos referido en repetidas ocasiones a la impactante premisa desde la que fluye el relato es en parte porque éste no tiene la capacidad de avanzar de manera convincente, y, al contrario, parece estar dando vueltas alrededor de la misma idea todo el rato. El vaivén de persecuciones, disparos y acción trepidante en la que se convierte la segunda parte del film no sirve más que para enmascarar una falta de ideas con la que concluir el film de forma consonante a lo que prometía desde un principio. A fin de cuentas, este es uno de los males endémicos del cine americano Big Mac (grandes presupuestos, actores taquilleros...): se confunde el tocino con la velocidad y donde debería haber cimientos sólidos sólo acabamos por contemplar los fuegos artificiales de siempre, tan vacuos como faltos de profundidad.

Es una pena, porque técnicamente hablando estamos ante una de las proposiciones de género más atractivas en lo que llevamos de año, avalada por la fotografía preciosista de un auténtico maestro en la materia, Roger Deakins (Valor de ley, El lector), quien para esta ocasión ha utilizado un sistema de cámara de ultimísima tecnología denominada Alexa Arriflex, utilizada por ahora solamente en otras tres películas en Hollywood: Drive, Destino final 5 y la aclamada Melancolía de Lars von Trier. Deakins, quien por cierto después de treinta y cinco años de carrera ha sido nominado ocho veces para los Oscar y siempre se ha ido de vacío, ha conseguido captar unas imágenes tan futuristas como la misma configuración de la película.

Por último, no podemos obviar la magnífica aportación de un actor a reivindicar como uno de los intérpretes más sólidos de su generación, el irlandés Cillyan Murphy, quien aquí se mete en la piel del jefe de cronometradores para convertirse en persecutor incansable de la huidiza pareja principal: un perro de presa con mísera soldada pero con principios intachables cuyo único objetivo es preservar la ley y el orden ante todo, aun a sabiendas de que la corrupción y el mangoneo campan a sus anchas.

Escribe Francisco Nieto

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Título In time
Título original In time
Director Andrew Niccol
País y año Estados Unidos, 2011
Duración 109 minutos
Guión Andrew Niccol
Fotografía Roger Deakins
Música Craig Armstrong
Distribución Hispano Foxfilm
Intérpretes Amanda Seyfried, Justin Timberlake, Cillian Murphy, Olivia Wilde, Alex Pettyfer, Johnny Galecki, Vincent Kartheiser, Matt Bomer
Fecha estreno 02/12/2011
Página web http://www.fox.es/cinema/in_time-20492/20492/

 

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