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Contra el olvido
Escribe Purilia
El 10 de febrero fue la puesta de largo de Hoy no se fia, mañana sí, primer largometraje de Francisco Avizanda, guionista y director navarro curtido en el documental y el cortometraje, desde hace más de treinta años.
A la proyección en los cines Roxy B de Madrid asistió el director y la actriz protagonista, Carolina Bona, acompañados de algunos miembros del equipo técnico y artístico de la película, muchos amigos y figurantes, conocidos del mundo de la televisión y otras ilustres personalidades, como el Ministro de Cultura, César Antonio Molina, y Silvia Escobar, embajadora de España por los Derechos Humanos y fundadora y presidenta de Amnistía Internacional en España en los años setenta.
Con la falta de expectación como telón de fondo (la España de ayer ya no interesa si no tiene morbo), posaron los protagonistas y algunos de los invitados antes de entrar en la sala. Antes de la proyección, y muy brevemente, Carolina Bona y Francisco Avizanda, agradecieron la asistencia del público al estreno.
Francisco Avizanda (Isaba, Navarra, 1955), se ha mostrado desde sus inicios, a mediados de la década de los años setenta, como un cineasta comprometido con la historia de su país. Sus primeros cortometrajes de ficción fueron: Pincho de rosa (1978), Las hojas secas (1979) y Programa nocturno (1980). A los que seguiría Virtudes Bastián (1986) y El espejo del tiempo. Los Baroja (1988).
Trabajó después en TVE, donde dirigió, entre otros, documentales como Tres arquitecturas (1990), tres cintas de menos de una hora dedicada a tres formas de concebir la arquitectura (Francisco J. Saénz de Oiza, Santiago Calatrava y el tándem formado por Helio Piñón-Albert Vilaplana) y Breve crónica del pueblo selk’nam (1992), Ya con su propia productora ha acometido otros proyectos como Gitanos y chatarreros. La busca (1995) y El impenitente Ulises (2000).
Crónica de una época
Hoy no se fía, mañana sí es la crónica de la España más negra, más escondida, de la época franquista, la que impidió que un país prosperara, tejiendo una maraña de desconfianzas, miedos y sospechas alrededor de las personas, lo que imposibilitaba cualquier atisbo de recuperación emocional.
Una historia de hechos reales con personajes de ficción tejida a partir del conocimiento por parte del director de un personaje que perteneció al servicio secreto franquista, Luis M. González-Mata que fue quién le facilitó toda la información necesaria sobre el Servicio de Documentación de la Presidencia del Gobierno (SGDP).
Entre espías y confidentes se mueve Gilda, una joven huérfana, apadrinada por un juez corrupto, que trabaja como mecanógrafa en una emisora de radio pero que aspira a ser locutora. Se trata de una mujer fría, dura y ambiciosa que para conseguir sus fines no dudará en militar en congregaciones ultracatólicas, conspirar contra su propia familia, delatar a sus vecinos, denunciar a cualquiera que le parezca ligeramente sospechoso de algo o ejercer de “fulana”. El director ha dicho del personaje “creo que sintetiza bien la época y el trayecto que siguió entonces buena parte de la sociedad. Además, Gilda es una metáfora del pueblo español de entonces, que explica en parte lo que somos o donde estamos hoy”.
La película es tan ambiciosa como su protagonista, toca muchos temas, hay en su subtexto muchos contenidos profundos y en la superficie ciertas latencias que al espectador se le escapan. Como la que representa el triángulo amoroso que Gilda forma con sus dos amantes: Estanis, el joven psiquiatra crítico (Albert Prat), y Cisco, el espía comunista infiltrado (Jesús Noguero), “mujer entre perro y lobo” como la dicho su autor y que aluden a “las tres castas de nuestras historia: cristianos, moriscos y judíos”.
Se trata de un retrato gris, frío, distante y abstracto de un momento histórico que parece no pertenecer a ningún sitio en particular y a todos de alguna forma. ¿Será que estamos perdiendo la memoria?
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HOY NO SE FÍA, MAÑANA SÍ (2)








