Leyendas rumanas
Hace unos años, al amparo del éxito obtenido por 4 meses, 3 semanas, 2 días (Palma de oro en el festival de Cannes de 2007), llegaron a nuestro país una serie de películas rumanas de correcta factura que supusieron una ventana abierta a una cinematografía de cuya existencia hasta se dudaba. La calidad no siempre estaba en consonancia con la de la película que abanderó el desembarco, pero en todo caso delataban un intento de tomarse en serio lo que significa hacer cine.
Tras un periodo de aparente letargo, no en vano una industria como ésta no se improvisa sólo con la voluntad, nos llega ahora, de la mano también de Cristian Mungiu, esta Historias de la edad de oro, película que aglutina varios episodios (en los que han colaborado otros directores) que intentan construir una mirada poliédrica sobre los últimos años del régimen de Ceaucescu, centrándose sobre todo en la vida cotidiana del pueblo anónimo.
Como toda película de episodios el resultado es desigual, si bien el propósito que anima a todos ellos es semejante. La referencia a la edad de oro del título nos indica de entrada el espíritu irónico que animará los distintos relatos, desde un punto de vista que se considera lo bastante distanciado como para suscitar la risa en mitad de las penalidades. Como Woody Allen decía en Delitos y faltas, la comedia no es sino tragedia más tiempo. Y aquí parece que el tiempo transcurrido es suficiente para que el humor pueda brotar de la miseria.
Sin embargo ese humor resulta por lo general más pretendido que alcanzado, del mismo modo que la crueldad soterrada que los relatos debieran contener no llega en muchas ocasiones a expresarse. Si tomamos como referencia a Berlanga, paralelismo casi obligado tanto por la temática como por la alusión casi explícita que el primer relato hace a Bienvenido Mr. Marshall, observamos que la acidez del director español apenas aparece en este filme. La crítica se queda en muchas ocasiones en el proyecto, sin ser capaz de desplegarse en la historia, y los guiones desarrollan una idea sin apenas conseguir matizarla o enriquecerla.
Es así que los personajes resultan un tanto estereotipados, carentes de vida, anodinos, como marionetas en un guiñol en el que cuesta reconocerse. Por lo que respecta al humor, ese humor que debiera brotar de la crueldad, queda tan atenuado como el resto de parámetros. Todo parece un tanto descafeinado. Más que al sarcasmo las imágenes apuntan al costumbrismo, el cual nunca anda lejos de la autocomplacencia.

De entre todas las historias la más interesante es la que nos cuenta el devenir de la foto de Ceaucescu junto a Giscard d’Estaigne. No sólo la idea es brillante, sino que los diálogos, la puesta en escena y el tempo de la acción están lo suficientemente cuidados como para conseguir un resultado final más que estimable. Aquí sí que es posible hacer compatibles distintos niveles de lectura que funcionan de forma autónoma, sin que haya que supeditar uno a otro de modo que la idea directriz acabe desacreditando el texto fílmico. La metáfora, que existe, está lo suficientemente trabajada como para conseguir el equilibrio que supera la mera narración discursiva.
Existen otras metáforas un tanto más burdas, como el paralelismo entre los delincuentes de poca monta que se dedican a robar botellas vacías y las imágenes cargadas de glamour que ofrecen las aventuras de Bonnie and Clyde, y que los jóvenes rumanos devoran sin pestañear en el vídeo. Pero la más explícita es la del tiovivo, trasunto de un país en el que están todos embarcados y del que, aunque lo desean, no pueden apearse.

En el haber de la película hay que reconocer, una vez más, la cuidada ambientación y el gusto por los detalles que ya hemos constatando en este nuevo cine rumano. El vestuario, el color de las paredes, el brillo químico de los suelos, el mobiliario, las calles desoladas, el frío que se palpa a pesar del desangelado brillo del sol, la iluminación de casas y calles… Todo ello configura un ambiente y un estado de ánimo que retrata mucho mejor la época que la película nos presenta que las historias elegidas y su tratamiento. Como decía Cela a propósito de su última novela, más que una película lo que aquí se nos ofrece es el marco para una película.
Y puestos a recordar leyendas rumanas, bien estará que se conozca la que tuvo lugar a finales de los setenta o principios de los ochenta en
Y esto no es una leyenda. Yo estaba allí.
Escribe Marcial Moreno
| Título | Historias de la Edad de Oro |
| Título original | Amintiri din epoca de aur |
| Directores | Cristian Mungiu, Hanno Höfer, Razvan Marculescu, Constantin Popescu, Ioana Uricaru |
| País y año | Francia, Rumania, 2009 |
| Duración | 155 minutos |
| Guión | Cristian Mungiu |
| Fotografía | Alexandru Sterian, Liviu Marghidan, Oleg Mutu |
| Distribución | Alta Films |
| Intérpretes | Diana Cavallioti, Radu Iacoban, Vlad Ivanov, Tania Popa, Liliana Mocanu, Alexandru Potocean, Teodor Corban, Emanuel Parvu, Calin Chirila, Romeo Tudor |
| Fecha estreno | 17/12/2010 |
| Página web | www.amintiridinepocadeaur.ro |