jueves 24 de mayo de 2012

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GOOD (1)

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Good
Título original: Good
País, año: Inglaterra - Alemania, 2008
Dirección: Vicente Amorim
Producción: Sarah Boote, Billy Dietrich, Kevin Loader, Dan Lupovitz, Miriam Segal
Guión: John Wrathall, basado en la obra de teatro Good de C. P. Taylor
Fotografía: Andrew Dunn
Música: Simon Lacey
Montaje: John Wilson
Intérpretes: Viggo Mortensen, Jason Isaacs, Mark Strong, Gemma Jones, Jodie Whittaker, Anastasia Hille, Steven Mackintosh
Duración: 96 minutos
Distribuidora:  Flat Cinema
Estreno: 22 mayo 2009
Página web:  http://www.goodthefilm.com

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Escribe Marcial Moreno

El nazismo sigue siendo, aún hoy, un tema tabú para muchos alemanesEl nazismo sigue siendo, aún hoy, un tema tabú para muchos alemanes. Se puede hablar de él, pero únicamente para ratificar la visión establecida que hace de los nazis el prototipo de la maldad, ajena a cualquier matización. Por extensión, el comportamiento de los aliados difícilmente se cuestiona, por mucho que sobre él planee más de una sombra.

Cuando alguien osa introducir la más mínima discrepancia en esta verdad inmutable lo primero que surge es una manifiesta incomodidad, la cual suele ir seguida de un halo de sospecha respecto a quien la sostiene. El componente emocional sigue dominando cualquier aproximación a este momento de su pasado reciente, hurtando de este modo la complejidad que toda reflexión racional ofrece.

Sin embargo el tiempo es creador de historia, y también en este caso la vida lleva camino de convertirse, inexorablemente, en referencia histórica. La distancia comienza a ser la adecuada para que el terror que atenaza las conciencias abra vías al pensamiento. Parece llegado el momento en que es posible referirse al nazismo sin tener que limitarse a repetir el arquetipo. Al menos fuera de Alemania, tal y como lo atestigua la acumulación de películas que abordan este tema. Recientemente fueron Valkiria o El lector. Ahora nos llega Good, producción básicamente británica, basada en una obra teatral de Cecil Philip Taylor, rodada en inglés y con Viggo Mortensen como su principal atracción mediática.

Parece llegado el momento en que es posible referirse al nazismo sin tener que limitarse a repetir el arquetipo

Pero una cosa es reflexionar y matizar o criticar, y otra es hacerlo bien. Y en esta ocasión el resultado no supera el nivel de lo decepcionante.

Ya parte de una indecisión fundamental. No sabemos realmente qué le ocurre al personaje protagonista. Conocemos, eso sí, sus actos, pero las motivaciones que guían esos actos permanecen opacas a fuerza de resultar indefinidas, contradictorias, incongruentes. Es como si se jugara con dos barajas a dos juegos diferentes, de modo que el espectador no acaba nunca de entender las reglas. Los juegos son la cobardía y la ignorancia, pero llevados a extremos en los que no es posible la conciliación entre ellos.

Pero una cosa es reflexionar y matizar o criticar, y otra es hacerlo bienSi John Hadler, el escritor captado por los nazis que interpreta Mortensen, actúa por miedo, sobran sus reflexiones finales, su asombro ante la barbarie, su repentino amor por su amigo... Y si lo que ocurre es que ignora lo que está ocurriendo, entonces el guión es fallido de arriba abajo. Porque no se trata de alguien que quede fascinado por la novedad de los mensajes o por la imagen de los jerarcas nazis, sino de un profesor universitario que ha presenciado la quema de libros, que ha vivido la presión hacia su mundo por parte de las autoridades políticas, que tiene noticia de la incipiente persecución a los judíos, y que se resiste a ingresar en las filas del partido a pesar de la insistencia en ese sentido de su suegro. Demasiados elementos concurrentes para que transijamos con su candidez.

De este modo, como no podía ser de otra manera, el personaje de Hadler queda por completo desdibujado. Cuando no se sabe muy bien qué decir no hay manera de decirlo. Su construcción no va más allá de una carita apenada y el constante manoseo de sus gafas de intelectual, pobre recurso para subrayar su debilidad, la extrañeza de lo que le rodea. Y cuando la clave falla, la bóveda entera se hunde. El resto de la historia adquiere la misma futilidad, se limita a plantear varias situaciones previsibles a la espera de una resolución igualmente esperada pero mal justificada. Lo hace, además, de manera torpe, deslavazada, caótica.

Ocurre con la ilación temporal de la historia. Cuando se entiende queda la impresión de que los saltos en el tiempo son más gratuitos que otra cosa. Pero, sobre todo en el primer tramo de la película, la confusión respecto al orden temporal es absoluta: ¿es el libro que está escribiendo sobre la muerte por amor el que tanto ha gustado a los nazis? Si es así, la coherencia con sus avatares familiares resulta, cuanto menos, problemática.

De este modo, como no podía ser de otra manera, el personaje de Hadler queda por completo desdibujado

Lo de su familia es también curioso: ¿por qué se separa? En realidad no lo sabemos, menos aún si tenemos en cuenta la relación de su suegro con el régimen. No parece que la aparición de su apetecible alumna, y más tratándose de un hombre tan pusilánime, sea bastante motivo.

Pero además nos encontramos con escenas imposibles. Una de ellas es la de la visita de la alumna a su casa en la noche lluviosa. Sin ningún problema la invita a cambiarse de ropa y acepta que acabe desprendiéndose de ella... ¡con toda la familia durmiendo en el piso de arriba! O si no las escenas de las sucesivas compras de los billetes de tren. Una cosa es intentar rebajar algo el concepto de monstruosidad que asignamos a los nazis, pero otra muy distinta es convertirlos en estúpidas marionetas que no desmerecerían la banalidad de los pobladores de cualquier parque temático. Esa escena, por sí misma, ya nos dice lo que es la película.

Y, como ocurre cuando no se sabe muy bien hacia dónde ir, un golpe inverosímil de guión resuelve el impass en el que se había situado la película. No se entiende muy bien a qué viene la referencia final al amigo judío por parte del oficial nazi. ¿Sospechas? ¿Por qué? Y si eran sospechas lo serían de un alma aún más inocente que la del protagonista, pues no parece sorprenderse ni con la explicación ni con su propuesta de encontrarlo en los archivos. En fin, de algún modo había que acabar.

Mal. Muy mal.

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