Más vale Pixar en mano que cien búhos volando
Uno se pregunta en ocasiones a qué tipo de lectura podemos estar enfrentándonos cuando un relato se cataloga como infantil/juvenil, y si realmente hay alguna literatura lo suficientemente indigna de merecer ese nombre.
No quiero sugerir que los jóvenes no puedan tener preferencias sobre los libros de aventuras o mundos fantásticos que ponen a prueba su incipiente imaginación visual y su capacidad abstractiva, sino que dentro de los magníficos ejemplos que constituyen ese subgénero, sería muy difícil encontrar alguno que no gustara por igual a los adultos ya muy leídos si después de todo están bien escritos.
Lamentablemente, y por lo general salvo contadas excepciones, cuando un libro se etiqueta de ese modo lo que se quiere apuntar es que la literatura para adolescentes debe adolecer de literatura. Tal es la consideración que la mayor parte de los editores tienen hacia las generaciones teen, y visto el éxito de algunas interminables sagas, no es extraño que nos encontremos ante una profecía autocumplida: la “literatura juvenil” supone tontos a los jóvenes, y como en consecuencia escribimos para tontos, acabamos entonteciéndolos.
Dicho esto, he de decir que no he leído en absoluto nada de Kathryn Lasky, autora en cuyas novelas se basa la última película de Zack Snyder, y que no tengo la más mínima intención de hacerlo. Quizá con ello cometa una injusticia, pero desde luego viendo el sustento argumental de esta fantasía emplumada, no me queda mucho ánimo para intentarlo.
La cosa es como sigue: una familia de lechuzas, envuelta en el amor y la armonía sin que ello sea óbice para que exista la rivalidad entre hermanos, se ve fracturada por el secuestro de los tres polluelos adolescentes (he aquí el nexo con la juventud: todo protagonista ha de ser jovenzuelo y problemático). Los raptores son unas rapaces nazis que se hacen llamar “los puros” y que se apoderan de la juventud para someterla o corromperla. Sus oponentes son los guardianes, monárquicos irredentos también un tanto elitistas (los reyes son halcones blancos sin mácula) que quieren paz y por tanto preparan constantemente la guerra. En esa tesitura, cada hermano escogerá un bando debido más a su moralidad intrínseca que a los azares de la vida, y en consecuencia todo lo demás conspirará en torno a una batalla final que deba enfrentarlos.

Snyder envuelve en una apabullante escenografía y en un hiperrealismo minucioso esta historia de chicha y nabo sobre buenos y malos sin regulares, sobre heroísmo, amistad y odio por medio de todos los tópicos imaginables y sobre paz y armonía ensalzando la batalla y la sangre.
Es un cóctel excesivo, como toda su obra, muy poderoso en lo visual y que no renuncia a mostrar crudeza y violencia cuando lo considera necesario, aunque los cánones no escritos sobre la “cinematografía juvenil” (otro catálogo temible) prohíban las efusiones de sangre. Es justo decir que, en este caso son más bien efusiones de plumas lo que sobrevuela en un aceptable 3D todo el patio de butacas, pero no por ello deja de tenerse la sensación de asistir a una versión de 300 avícola, aunque sin la divertida arrogancia y la originalidad de aquélla.
El resultado es a veces inquietante, debido al aspecto de los ojos de las aves que discurre entre lo amenazador y lo llorica, a veces irritante, con la abusiva presencia de personajes presuntamente simpáticos (una especie de trovador plomizo, al estilo de Asuracenturix, pero con aspecto de búho, o una serpiente igualmente pesada, que desearíamos ver devorada entre las fauces de alguno de sus depredadores naturales), pero nunca alcanza cotas de originalidad o sorpresa: sus planteamientos recuerdan demasiado bien a El señor de los anillos, bien a La guerra de las galaxias, bien a cualquier otra fantasía épica precedente, sin el aporte novedoso que se les supone a las originales.

Todo resulta demasiado trillado, demasiado visto; apenas puede suscitar interés la aparición de un viejo escritor de epopeyas que se lamenta sobre la crudeza de la guerra y sobre su absurdo, pero se desvanece toda buena intención cuando luego resulta ser el más belicoso de los plumíferos.
Entre tanto, una no bien explicada trama se resuelve con recursos a enemistades eternas sin fundamento, con armas secretas que no se sabe muy bien por qué tienen una poderosa influencia sobre las aves y un apresurado clímax que se supone debía ser a la vez el nudo de toda una historia demasiado poco consistente.
Una lástima, en fin, que semejante despliegue técnico se ponga al servicio de una supuesta “literatura juvenil” tan escasa de fundamento.
Escribe Ángel Vallejo
| Título | Ga'Hoole: La leyenda de los guardianes |
| Título original | Título original |
| Director | Zack Snyder |
| País y año | Estados Unidos, Australia, 2010 |
| Duración | 90 minutos |
| Guión | John Collee, John Orloff |
| Distribución | Warner Bros. Pictures |
| Intérpretes | (Doblaje original:) Emilie de Ravin, Helen Mirren, Hugo Weaving, Geoffrey Rush, Abbie Cornish, Jim Sturgess, Ryan Kwanten, Sam Neill, David Wenham, Miriam Margolyes |
| Fecha estreno | 22/10/2010 |
| Página web | http://legendoftheguardians.warnerbros.com |
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GA’HOOLE, LA LEYENDA DE LOS GUARDIANES (1)







