En el año 2005 la película palestina Paradise now, dirigida por Hany Abu-Assad, consiguió hacerse un hueco en las pantallas de todo el mundo gracias a sus éxitos en los distintos festivales donde era presentada. El filme narraba la historia de dos palestinos que se preparaban para un atentado suicida en suelo israelí y la motivación principal era tratar de explicar por qué unos jóvenes eran capaces de cometer un acto de semejante —y terrible— consecuencia. Lucha política, creencia religiosa, afirmaciones y dudas conformaban un entramado psicológico que intentaba trasmitir al espectador de una manera lo más objetiva posible, casi documental, un acercamiento razonado a este hecho.
Comenzamos con este recordatorio de la excelente Paradise now porque Four lions es una producción británica que trata un tema similar y que también ha tenido cierta repercusión gracias a los premios obtenidos en su país, los BAFTA, lo cual ha facilitado su difusión internacional.
Pero ahí se acaban las coincidencias pues el enfoque de Four lions es radicalmente distinto. Frente a la gravedad de lo que se muestra en la pantalla, Chris Morris se sitúa en el lado opuesto y decide sumergirse en un pastiche satírico, que no obvia el dramatismo de los hechos, pero que provoca la hilaridad en el espectador.
La historia de unos terroristas musulmanes que asentados en Gran Bretaña deciden preparar un atentado suicida que sacuda las conciencias durante la celebración de una maratón en Londres. El planteamiento queda fijado desde el principio en la escena inicial donde podemos ver cómo se rueda el vídeo de reivindicación con todos los elementos que configuran este tipo de mensajes (muyahidin sosteniendo un arma, lenguaje apocalíptico, formato doméstico) pero mediatizado por el gag del arma de juguete y su posterior revisión en casa del terrorista con su mujer y su hijo pequeño, lo que introduce un rasgo cotidiano en la acción terrorista.
A partir de ese momento, y asentada la manera de abordar el enfoque de la narración, toda la estructura recoge una serie de situaciones cómicas que hilvanan la gestación del atentado: la formación de dos miembros como milicianos en Pakistán, las discusiones sobre la concreción de los objetivos, la preparación de las bombas, los ensayos de la acción, el análisis de su estrategia política, sus creencias religiosas y todo aquello que tiene que ver con los problemas diarios alrededor de la familia, el trabajo y las relaciones con sus conocidos.

¿Cuál podría ser el error en este planteamiento? Qué la sátira enmascarara lo que verdaderamente se nos está contando y que a riesgo de facilitar la comicidad los personajes quedaran reducidos a unos cuantos idiotas que planean un ataque suicida.
Pero Four lions esquiva este peligro porque, en primer lugar, el espectador en ningún momento deja de tener claro las terribles consecuencias de lo que se está gestando, así Morris introduce elementos “reales” dentro de esa comicidad y que podemos observar en la prueba fallida de una bomba que acaba con la vida de uno de los terroristas (y una oveja) y sitúa la muerte en primer plano.
Y en segundo lugar, otro elemento que sirve para templar la narración es que el guión no se ríe “de” los personajes, sino que se ríe “con” los personajes. Los árabes pueden aparecer como personajes lobotomizados, pero no es menos cierto, que todos los que los acompañan, incluidos los blancos e ingleses, también son presentados con esas mismas características: el compañero de trabajo de la empresa de vigilancia, la amiga de uno de los chicos árabes o los agentes de policía. No se demoniza al musulmán per se, es que toda la situación es lo que aparece como objeto de escarnio.
Todo este planteamiento desemboca en el tramo final donde los acontecimientos se extreman, dentro de la comicidad, de una manera dramática, con los terroristas disfrazados de personajes infantiles y convirtiendo en objetivos terroristas aquello que no querían (un kebab, la farmacia), de tal forma que la tesis del filme nos habla sobre la nulidad del acto terrorista.

El resultado es una película, que en su piel exterior parece muy amable, en cuanto rascamos la superficie nos deja una reflexión muy negra y pesimista, pesimismo que tiene su origen en la manipulación de la historia y de las personas, que al final, son los que padecen y sufren las consecuencias.
En este sentido merece la pena detenerse en dos escenas muy cómicas pero terribles, devastadoras, que son el momento en que el padre explica a su hijo el cuento de El rey león cambiando todo el significado y la escena donde el protagonista alecciona a uno de sus compañeros terroristas sobre la necesidad de actuar con el corazón y no con el cerebro, y ante las preguntas del otro, termina diciendo totalmente lo contrario.
Son dos pequeñas muestras en las que queda patenta lo fácil que resulta manipular a las personas y que, insistimos, el filme no se limita únicamente a los protagonistas árabes, pues en la parte final vemos también cómo la realidad queda manipulada en las actuaciones de la policía que elimina a varios inocentes (el corredor de maratón, el secuestrado en el kebab) y que hay que poner en consonancia con un acontecimiento real como fue el asesinato de un electricista brasileño al ser confundido por la policía con un terrorista islamista en el año 2005.

En definitiva, un atractivo filme que demuestra como el acercamiento satírico puede resultan tan demoledor como el relato serio pues al introducir el fanatismo y el terror en un entorno amable y cotidiano, el resultado es igual de terrible: pone los pelos de punta asistir a la escena donde el protagonista comporte con su mujer su futura inmolación y donde se incorpora su hijo, dejándonos al final de la escena un sobrecogedor plano fijo, con la cámara retirada a un extremo de la habitación, en lo que parece una bonita estampa familiar.
Las imágenes que van apareciendo sobre los títulos de crédito certifican el riesgo de la manipulación y cómo la realidad puede contarse de mil formas diferentes, por lo que al final únicamente queda el sacrificio inútil de unas personas.
Escribe
| Título | Four lions |
| Título original | Four lions |
| Director | Chris Morris |
| País y año | Reino Unido, 2010 |
| Duración | 108 minutos |
| Guión | Jesse Armstrong, Chris Morris, Sam Bain |
| Producción | Mark Herbert |
| Distribución | Alta Films |
| Intérpretes | Riz Ahmed, Craig Parkinson, Arsher Ali, Nigel Lindsay, Kayvan Novak, Adeel Akhtar |
| Fecha estreno | 30/09/2011 |
| Página web | http://www.four-lions.co.uk/ |
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Four lions (3)







