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Documental necesario
Escribe Carlos Losada
Juan Vicente Córdoba, con la imprescindible participación de Televisión Española, aborda en este documental, ciertamente necesario, cómo en los años 50 empezaron a crecer chabolas, de barro y lata, y que se hacían de noche, o sea con la Luna de testigo, de ahí el sugerente título, con la llegada de inmigrantes españoles procedentes de Andalucía y Extremadura, sobre todo, y así surgió el Pozo del tío Raimundo, en un descampado enorme que hoy ni recuerda la miseria y esfuerzo que entonces albergó, lleno de gente trabajadora y con ideas contrarias a la dictadura de Franco.
Aquellas personas sufrieron y vivieron tantas penalidades que hasta ni les importaba el barro que se formaba en sus calles –es un decir–, sino poder subsistir para lograr un porvenir menos pobre y hambriento que por entonces se “estilaba” en la España que no era adicta al dictador.
Y en esto que les llega una ayuda inestimable, procedente de las esferas del poder, incluso de quien había dictado ejercicios espirituales a Franco. Nos referimos al padre José María Llanos, llamado desde entonces el “cura rojo”, que prácticamente se puso a su servicio, al servicio de los pobres, como predica la Iglesia que hay que hacer, y alejándose así de las prebendas y oropeles entonces en uso, el bajo palio incluido.
Las entrevistas que entonces hizo Televisión Española al padre Llanos, tan acertadamente rescatadas por Córdoba, y todo el material de archivo, con fotografías de lo más elocuentes, con hábil sentido de la oportunidad y el testimonio, nos confirman el sentido de este documental: poner de manifiesto la pobreza e ignominia para con los más débiles, dándonos una imagen, precisa y real, de unos acontecimientos que aún hoy habrá quien se empeñe en negar o en camuflar.
Diríamos que es un documento de visión necesaria para que la memoria histórica no se pierda, y que deja constancia de una época superada, como se atestigua en la mayoría de las entrevistas a los habitantes del Pozo, que algunas pecan de excesiva longitud, sobre todo cuando quieren constatar cómo es hoy el barrio.
Esto de la duración del documental, dos horas, creemos que es un inconveniente para su exhibición y éxito comercial, que sí se lo deseamos; porque mientras la parte del blanco y negro, y momentos de las entrevistas, son precisos y necesarios, el querer jugar a complacer a todos, o estar prendado de imágenes o palabras que no añaden nada, lastra alguna eficacia para la comprensión, por parte de muchos espectadores, de ese Pozo del tío Raimundo y la eficiente actuación del padre Llanos: consiguió escuelas y dinero para ayudar a los más necesitados, así como alentar la conciencia en busca de la justicia social, asumiendo y potenciando la labor de los sindicatos y anunciando parte de algunas ideas revolucionarias que tanto se necesitaban en aquella siniestra dictadura.
Bienvenidas sean películas tan necesarias como Flores de luna.
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FLORES DE LUNA (3)








