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FLAME Y CITRON (2)

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Título original: Flammen & Citronen
País, año: Dinamarca - República Checa - Alemania, 2008
Dirección: Ole Christian Madsen
Producción: Lars Rahbek
Guión: Lars Andersen y Ole Christian Madsen
Fotografía: Jørgen Johansson
Música: Karsten Fundal
Montaje: Søren B. Ebbe
Intérpretes:

Thure Lindhardt, Mads Mikkelsen, Stine Stengade, Peter Mygind, Mille Lehfeldt, Christian Berkel, Hanns Zischler

Duración: 130 minutos
Distribuidora: Alta Classics
Estreno: 2 enero 2009
Página web:  www.flammenogcitronen.dk

Cine negro danés
Escribe Daniela T. Montoya

flameycitron1.jpgMás que conocidas son las dificultades que tiene una película europea para circular entre los países vecinos. No es ya una cuestión idiomática, ya que la mayoría de estas  películas incorporan copias dobladass; ni problema de calidad, estando muchas avaladas por alabanzas y premios recibidos tras exhibirse por varios festivales especializados. Sin embargo, y a excepción del caso francés, el cine europeo no suele llegar a los espectadores.

¿Que las salas que dan cobijo a estas películas han quedado reducidas a un pequeño reducto, para colmo, al margen de los centros de ocio? Pero la forma de consumo con que se engulle el tiempo libre, además de afectar también a otros sectores culturales, difícilmente se puede modificar desde un único ámbito (aunque algunos quijotes andan sueltos).

flameycitron2.jpg¿Que los exhibidores dicen estar con las manos atadas ante los paquetes de películas norteamericanas que establecen susodichos distribuidores? Pues no menos condicionante sería la conjunción de voluntades que coartara la posibilidad de distribuir esas películas (¡tan costosas!) reduciendo, por tanto, su margen de beneficios (aunque puedan recuperarlos en otros países).

¿Acaso temen que la gente deje de acudir a las salas de cine? ¡Aún menos! ¿Que la publicidad se ha profesionalizado tanto que se ha convertido en un anzuelo clave para captar la atención e, incluso, poder modificar actitudes y hábitos? Pero las producciones europeas tienden a pinchar en este punto, destinando apenas un pequeño porcentaje del presupuesto a la promoción. Y este es el pecado de Flame y Citron (Flammen og Citronen), flamante megaproducción danesa que no tiene nada que envidiar a muchos de los productos hollywoodienses que derrochan medios en tramas más que mediocres.

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La historia de Flame y Citron barre para casa. Remontándonos al tremebundo periodo en que el nazismo se extendía por Europa, el director danés Ole Christian Madsen tiene en sus manos rememorar dos figuras heroicas de su país que, desde la resistencia, ejemplifican el orgullo nacional de quien planta cara al invasor, aunque ello le cueste la vida (los héroes terrenales siempre mueren en la hazaña). No es extraño, flameycitron5.jpgpues, que el entusiasmo por este proyecto lleve a un planteamiento grandilocuente. Pero, a pesar de querer exaltar un momento histórico de patriotismo, ni Madsen es Garci, ni la producción corre a cargo de la Cmunidad de Madrid…

Situados en el Copenhague de 1944, y dado el desarrollo de la trama entre espías y contraespías, Flame y Citron adquiere la estética de las películas de cine negro (por cierto, más propio que el realismo cuando se trata de idolatrar héroes). Madsen es parco en la presentación de sus dos protagonistas, Flame y Citron, pseudónimos de Bent, el joven que ejecuta acciones imposibles, y Jürgen, su fiel amigo y chóer.

Juntos son como sombras que, en un principio, sin cuestionar las órdenes, actúan con celeridad contra los objetivos marcados. Las intrigas, como no podía ser de otra manera, surgirán cuando se acrecienten las sospechas de que hay un infiltrado entre los miembros de la resistencia, cuando se empiece a dudar de que la supresión de dirigentes alemanes responde a un sórdido entramado económico en que está implicado su propio jefe, y cuando entre en juego una mujer que despierta pasiones en ambos bandos.

flameycitron3.jpgExtraordinariamente ambientada, el planteamiento estético de Flame y Citron es atrevido. Alejándose de sus inicios, en los que siguió los dictados del señor Trier, Madsen viste el filme con unos tonos propios del cine negro, acentuando los contrastes con la inclusión de colores saturados. Asimismo, obviando el exagerado heroicismo del desenlace de la cinta, el control de las escenas de acción impide que Flame y Citron se desparrame por los derroteros de la espectacularidad vacua (algo no muy difícil, dado el material con que trabaja).

Sin embargo, a pesar de esta contención y el buen trabajo técnico, se percibe en el desarrollo de la cinta cierta vaguedad en la inclusión de algunos nudos de acción que entorpecen el conjunto de la narración.

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