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EXORCISMO EN CONNECTICUT (2)

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The haunting in Connecticut
Título original: The Haunting in Connecticut
País, año: Estados Unidos, 2009
Dirección: Peter Cornwell
Producción: Paul Brooks, Wendy Rhoada
Guión: Tim Metcalfe y Adam Simon
Fotografía: Adam Swica
Música: Robert J. Kral
Montaje: Tom Elkins
Intérpretes: Elias Koteas, Martin Donovan, Virginia Madsen, Amanda Crew, Kyle Gallner, Sophi Knight, Ty Wood, Erik J. Berg
Duración: 102 minutos
Distribuidora:  DeAPlaneta
Estreno: 7 agosto 2009
Página web:  www.hauntinginconnecticut.com

Las trampas del terror
Escribe Fernando Ramírez

El cine puede ser una poderosa arma de difusión de un hecho real, aunque también es susceptible de ser el vehículo de intensas falacias. Exorcismo en Connecticut bien puede ser una de ellas.

Para empezar, el filme se anuncia como la traslación al celuloide de un hecho real. El espectador inocente, como el humilde escriba que firma estas líneas, puede llegar a convencerse de algo que dista de ser un reflejo verídico de un desagradable acontecimiento. Este simple prólogo sólo pretende advertir de la trampa que supone el enunciado que reza la película cuando nos informa de que está "basada en una historia verdadera" si lo traducimos de su idioma original.

El filme se anuncia como la traslación al celuloide de un hecho real... je, je.

Pero pongámonos en situación. En 1986 saltó a la palestra un caso de casa encantada que conmocionó a la sociedad americana. Se trataba de una familia, los Snedeker, que vivía en Connecticut, en cuyo seno se afirmaba la existencia de apariciones, espectros y otras catástrofes del más allá.

En efecto, la casa donde habitaba aquella familia había sido una funeraria y, según los progenitores, su primogénito varón veía, y sufría, todo tipo de ataques que, finalmente, se trasladaron también a ellos. Los padres afirmaban ambos que habían sido brutalmente asaltados y violados por fuerzas sobrenaturales. Por supuesto, la turbulenta historia de maldiciones llegó a los medios de comunicación reportando a la familia suculentos beneficios. Expertos en la materia afirmaban que en aquella casa no existía indicio alguno de fenómenos paranormales. Sin embargo, otros "cazafantasmas" contactados por la familia declararon la casa infestada de demonios. Pero lo cierto es que nunca pudo demostrarse nada.

Ahora nos llega la supuesta historia de esta familia, convenientemente adornada para la ilusión y la credulidad, pues antes de conocer la verdadera historia de los Snedeker, nombre apropiadamente transmutado en la película por otro más corriente -los Campbell-, quien esto suscribe también se dejó sugestionar por el poder de la historia que ofrece la cinta. Antes de entrar en materia también cabe avisar al lector de que no existe ningún exorcismo propiamente dicho en la película.

Notas extrafílmicas aparte, 'Exorcismo en Connecticut' es una digna cinta de terror

En el filme, encontramos a una familia católica de clase media con sus problemas cotidianos y vergüenzas domésticas varias, cuyo hijo mayor padece cáncer. Deciden alquilar una casa en Connecticut para estar más cerca del hospital que lleva el tratamiento del muchacho. En la nueva casa, descubrirán que unas fuerzas del pasado les acosarán sin razón aparente y destruirán la estabilidad familiar.

Notas extrafílmicas aparte, Exorcismo en Connecticut es una digna cinta de terror que tiene excelentes bazas para dejarse ver como un producto más que correcto sobre apariciones fantasmales, traumas del pasado y clichés por doquier que podrían ser el lastre de la película.

Para empezar, recuperan a actores caídos en el olvido para que compongan unos personajes creíbles, rigurosos y cercanos en los que el espectador puede reconocerse. Atención a una rejuvenecida -y excelente- Virginia Madsen y al enfermo protagonista Kyle Gallner, todo un joven actor que ya despunta en ciertas escenas sobre sus competidores de plano. Martin Donovan y Elias Koteas pueden funcionar como regocijo del cinéfilo empedernido y, además, cumplen su función en la narrativa.

En segundo lugar, destaquemos la construcción de un guión que ofrece una historia decente, verosímil dentro de la fantasía espiritista, coherente y pausada

En segundo lugar, destaquemos la construcción de un guión que ofrece una historia decente, verosímil dentro de la fantasía espiritista, coherente y pausada, que prefiere analizar los efectos de una situación límite a explotar los momentos terroríficos. Por supuesto, un análisis del guión más detallado revela ciertas escenas sin justificar y ciertas concesiones para engrandecer la magnitud de la tragedia que, sin embargo, no molestan en su conjunto.

Quizás podríamos lamentar que la historia que descubrimos dentro de la historia, y que aquí no conviene desvelar, se quede exánime, mal resuelta y peor explicada, a la par que no exprima unos personajes que podrían haber resultado sobrecogedores y que sin embargo, se quedan en mera anécdota. No hablaremos aquí de la desfachatez de promocionar como verídica una historia que pocas similitudes guarda con los hechos acontecidos, aunque la avispada producción sabe cómo engatusar al crédulo que confía en que le ofrecerán una lectura aproximada de la realidad.

Para rematar la jugada, una atmósfera turbadora, malsana y enfermiza rodea a los personajes de toda la efectividad que una producción de estas características puede tener. Una iluminación filmada a base de ocres y medio oscuros, reflejos difuminados, efectos cromáticos y despistes en los espejos que, aunque manidos, están llevados con cierta elegancia.

Lástima que su realizador, un desconocido hasta ahora Peter Cornwell., haya caído en el uso y abuso de secuencias que tiran del efectismo barato

Lástima que su realizador, un desconocido hasta ahora Peter Cornwell., haya caído en el uso y abuso de secuencias que tiran del efectismo barato. A la media hora de metraje, quedan al descubierto todas las bazas con las que cuenta su director para manejar los hilos: flashes reiterados, colores sepia que marcan las transiciones temporales, unos personajes con sus cargas emocionales que quizás podrían dar más de sí mismos, y unas secuencias terroríficas que cumplen en su mayoría con su cometido.

Por supuesto, el desenlace puede dar lugar al sonrojo y un doble final que remate el sobresalto -ley de leyes del cine de terror de nueva generación- no puede faltar, aunque para ello se sacrifique el tono más o menos lógico de lo que se está contando.

Exorcismo en Connecticut (quedémonos por favor con su título orinal, The haunting in Connecticut) pasa por ser una esforzada producción que explota la solvencia de unos actores y que sabe elucubrar un suspense sostenido más que correcto, amén de envolver el empaque en un ambiente hiriente de maldad y fantasmagoria. Si bien resulta una cinta descompensada y cuenta con algún momento zafio, mantiene un interés soterrado que le saca enteros a su estilo.

Aunque debemos insistir, la frase promocional es puro artificio, como el espíritu que atormenta a su víctima mediante la empatía que sienten los vivos para con los muertos.

Si bien resulta una cinta descompensada y cuenta con algún momento zafio, mantiene un interés soterrado que le saca enteros a su estilo
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