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El último bailarín de Mao (2)

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Del Destacamento rojo al Lago de los cisnes

El último bailarín de Mao, de Bruce BeresfordLa danza, y más concretamente el mundo del ballet, ha sido siempre un tema muy recurrente en el cine, quizá Billy Elliot (de Stephen Daldry) sea el ejemplo más claro y reciente que nos viene a la memoria.

El director Bruce Beresford ha unido (o al menos lo ha intentado) este arte con la política en su último film. Y no es de extrañar, ya que son muchos los bailarines, como Rudolf Nureyev, Barishnikov o Natalia Makaroba (todos ellos originarios de países donde reinaba y reina, como en el caso de Cuba, un régimen comunista), que por motivos políticos tuvieron que desertar para desarrollar con libertad sus dotes artísticos.

No fue para menos el caso de Li Cunxin, un bailarín que vivió bajo la dictadura maoísta, y que gracias a la danza consiguió esa libertad artística y personal que tanto ansiaba. Beresford ha querido contar esta historia basándose en las memorias recientemente publicadas de este famoso artista. No sabemos si su experiencia como director de obras de teatro y óperas habrá influenciado en el carácter melodramático (a veces excesivo en algunas escenas) y romántico de la película, pero al menos podemos disfrutar de unas secuencias donde la danza, la música y el sentimiento propio del ballet no dejan indiferente a nadie.

El discurso narrativo de El último bailarín de Mao está basado en los recuerdos que sufre el protagonista una vez ha llegado a EEUU. Estos flashbacks nos trasladan a la infancia de Li Cunxin en la China de finales de los 60, sometida bajo el régimen comunista del político Mao Zedong. El joven bailarín (protagonizado por Chi Cao) es “rescatado” por los delegados culturales del gobierno y enviado a Pekín a estudiar ballet, donde poco a poco su destreza le hará destacar del resto y disfrutar de una beca en Houston, Texas.

La trama se complica cuando Li descubre sus posibilidades artísticas en un país que le aporta más oportunidades que limitaciones, y cómo no, cuando se involucra el tema del amor y conoce a una bailarina. La pareja decide casarse para que Li pueda quedarse legalmente en EEUU, pero entrarán en conflicto con la embajada de China, donde serán retenidos. Finalmente el bailarín deserta, pero a un precio muy alto, no podrá volver a su país de origen ni ver a su familia, lo que atormentará al protagonista.

El ir y venir de la historia le sirve al director para contraponer de forma directa dos culturas, la occidental y la oriental, y sus diferentes sistemas políticos

El ir y venir de la historia le sirve al director para contraponer de forma directa dos culturas, la occidental y la oriental, y sus diferentes sistemas políticos. Vemos una clara degradación del nivel de vida campesino que sufrieron en China bajo el mandato maoísta, en oposición a la sociedad americana, siempre exuberante en todos sus aspectos.

También las limitaciones artísticas que se vivieron en la Revolución Cultural que impedía a los bailarines desarrollar su actividad e incluso conocer los ballets clásicos, quedándose en la clandestinidad. Los bailarines interpretaban obras altamente politizadas, por y para el régimen, desvirtuando el ballet como arte y dejando el sentimiento atrás.

Obviamente, Beresford tampoco se ha comprometido demasiado políticamente, ya que a pesar de esta oposición de valores e ideologías entre ambas culturas y la fácil exaltación del capitalismo, el final del film es una clara asimilación por parte del protagonista de estos aspectos, aceptando las dos sociedades. 

El último bailarín de Mao, de Bruce Beresford

Quizá lo más destacable a lo largo de toda la película es la moderación, impidiendo que elementos que podrían ser interesantes para la trama se queden sin desarrollar. La intención de Beresford era buena, pero da la sensación de que ha intentado recargar el film  con demasiados temas, todos ellos mostrados de una manera muy superficial, eso sí, sin dejar atrás el sentimentalismo que llega a empalagar en algunas escenas, pero que no dejan de ser emotivas.

Es una película muy políticamente correcta en todos sus sentidos, que no ha apostado nada en el (posible) compromiso, incluso el metraje acompaña a esta moderación, muy clásico y con planos muy generales. Lo único verdaderamente destacable, estéticamente hablando, son las escenas donde el ballet es el protagonista y donde el director ha arriesgado haciendo variaciones y ralentizando algunos pasos de baile, exaltando la figura del bailarín.

Sin duda la película gustará y conmoverá especialmente a los amantes de la danza, entre los cuales (tengo que admitirlo) me incluyo, pero tampoco será difícil de digerir para los que éste no sea precisamente su punto fuerte. A pesar de ser un tanto superficial, el film es entretenido y ameno. Yo me quedo con la preciosa escena del Lago de los cisnes.     

Escribe Ana Císcar

 Título  El último bailarín de Mao
 Título original  Mao's Last Dancer
 Director  Bruce Beresford
 País y año  Australia, 2009
 Duración  117 minutos
 Guión  Jan Sardi
 Fotografía  Peter James
 Distribución  A Contracorriente Films
 Intérpretes  Bruce Greenwood, Kyle MacLachlan, Joan Chen, Chi Cao, Amanda Schull, Shuangbao Wang, Chengwu Guo, Wen Bin Huang, Aden Young, Madeleine Eastoe
 Fecha estreno  17/12/2010
 Página web  www.maoslastdancer-movie.com

 

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