Apurando la vida
Porque eso es lo que hace Barney, darnos su versión de cómo fue y sintió su vida. Precisamente, el título original de la novela de Mordecai Richler es La versión de Barney, que se ajusta mucho mejor a la idiosincrasia del personaje y sus pulsiones vitales, entre el romanticismo y la apología del vividor. El cambio de título obedece, pensamos, a motivos de comercialización y que a juicio de los distribuidores tiene más atractivo lo del “mundo” ―da la impresión de nos atañe más― y no lo de “versión”, que parece circunscribirse a lo que una persona hace de sí misma.
Y sí, eso hace Barney, circunscribirse a sí mismo, con la lógica consiguiente que ese sí mismo engloba al entorno que le rodea, sean trabajos, personas, ciudades: el mundo, en una palabra. O sea, ¿es El mundo según Barney más atractivo para el público? Para los que conozcan la novela, resulta una redundancia; para los que vemos la película, nos puede dar igual, entre otras cosas porque tiene los suficientes atractivos para seguirla, para dialogar con Barney, sus amigos, sus mujeres, su mundo: porque nos está dando su versión de lo que acontece.
Ahí está Paul Giamatti para que nos lo creamos, y hasta comprendamos, muy bien acompañado por Dustin Hoffman, que incorpora a su padre con una socarronería y sentido irónico que nos conquistan. Porque si solamente fuese por Richard J. Lewis, su director, tendríamos nuestras dudas en cuanto a lo que se cuenta y cómo se nos cuenta. Entre otras cosas por abusar del excesivo metraje, sin motivos concretos, porque recrear secuencias que ya nos sabemos, o suponemos, es lastrar la verosimilitud de esa versión que del mundo nos propone Barney, de ese su mundo que puede ser el de tantos semejantes suyos.
Escritor que no ha tenido reconocimiento ni éxito, Barney se dedica a dirigir y producir programas para la televisión ―tipo “rosa”― con sus escándalos incorporados y reírse del teleadicto. Y con los contratos que gestiona, gana bastante dinero, pero, sobre todo, prestigio. Un prestigio del que no parece estar convencido. De ahí sus viajes, del que su estancia en Roma, siendo aún joven, se lleva la perla en cuanto a gozar de la vida sin reparar en nada más. Ahí conoce a su mejor amigo, Boogie (acertado, casi siempre entonado, Scott Speedman), que le acompaña en sus desplantes y juergas y casi en sus matrimonios, y al que pierde de forma sospechosa: queda en el aire si él le mató, sin querer, aunque suponemos que el espectador sabe que no.

Su lado romántico se manifiesta de forma irónica y plausible, por lo demás, al enamorarse ―en la celebración de su segundo matrimonio― de una de las invitadas, Miriam (guapa y acertada Rosamund Pike), con la que termina casándose al cabo de mucha insistencia en flores, tiempo y espacio.
Estas relaciones están bien contadas, tal vez lo más acertado del film, junto con las que mantiene con su padre, Izzy (ya dijimos que todo un alarde de Dustin Hoffman); porque lo demás, sus primeros matrimonios, algunas relaciones en los platós televisivos, pecan de cargantes, de sabidas, como ese retrato de unas sociedades acomodadas que casi se asemeja a un cliché un tanto manoseado.
La parte dramática viene desde el principio, porque Barney está recordando, como él dice, “la verdadera historia de mi malgastada vida”, y nos vamos percatando que la temida enfermedad degenerativa está instalándose en su cerebro. El comienzo del Alzheimer que sufre está bastante bien expuesto, y Giamatti lo interpreta con entereza y notable precisión, tanto en sus miradas como expresiones, de tal manera que se nos hace así tan doloroso como realista.
La asunción de estas circunstancias hace a El mundo según Barney una bastante buena indagación sobre ese deterioro cerebral que, de momento, no tiene cura, y que lleva a quien lo padece a un aislamiento tal que su vida se vuelve artificial, sin sentido, sin sensibilidad, sin futuro.

De ahí, tal vez, que inconscientemente ―como un extraño presentimiento o mecanismo de defensa― Barney haya ido apurando su vida con intensidad y sin detenerse a pensar cómo tomarían sus actos, ideas y sentimientos los demás, los que le rodean, su mundo. De ahí que, en manos del novelista y luego del guionista (Michael Konyves), y del director, nos haya dado su versión de la vida y del mundo en el que la vivió, y perdón por la redundancia.
A todos los efectos, resulta que El mundo según Barney logra ser una muy aceptable comedia agridulce, rozando el dramatismo, aunque sin acentuar las tintas, y apoyada en excelentes actores. El entramado lo sustenta, con buen oficio, Richard J. Lewis (rodó episodios del C.S.I), y en ocasiones con pulcritud; sin embargo, le falta algo de talento para mostrar imágenes en su auténtica condición de crear nuevos aspectos del cine.
Y la película se sustenta, al margen de lo expuesto, por su condición humana, que no es poco. No hay duda que merece un visionado.
Escribe Carlos Losada
| Título | El mundo según Barney |
| Título original | Barney’s version |
| Director | Richard J. Lewis |
| País y año | Canadá, Italia, 2010 |
| Duración | 132 minutos |
| Guión | Michael Konyves, a partir de la novela de Mordecai Richler |
| Fotografía | Guy Dufaux |
| Música | Pasquale Catalano |
| Distribución | Universal Pictures International Spain |
| Intérpretes | Paul Giamatti, Dustin Hoffman, Rosamund Pike, Minnie Driver, Rachelle Lefevre, Scott Speedman, Bruce Greenwood, Macha Grenon, Jake Hoffman |
| Fecha estreno | 18/03/2011 |
| Página web | www.elmundosegunbarney.es/ |
| < Prev | Próximo > |
|---|
El mundo según Barney (3)







