El juez y el general (3)

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El lager de las ideas

El juez y el general, documental de Elizabeth Farnsworth y Patricio LanfrancoEn su trilogía sobre Auschwitz, Primo Levi hace notar cómo sentía una mezcla de culpa y vergüenza por haber sobrevivido a los campos de concentración, los lager que el nacionalsocialismo alemán había establecido en Polonia.

Culpa porque era consciente de que sólo aquellos que en mayor o menor medida se habían plegado a la servidumbre del enemigo habían podido arañar las migajas de su compasión y con ello unas preciadas semanas de vida; vergüenza por cómo se habían sustanciado esas servidumbres, diluyendo y difuminando todo rasgo de humanidad y nobleza, hasta el punto de sumisión extrema y abyecta, hasta la asunción de la miseria existencial dependiente de los más bajos instintos.

Primo Levi no cesó de argüir que los mejores entre los hombres y mujeres de Auschwitz habían perecido precisamente por no rebajarse a tal condición, por oponerse al invencible enemigo, y que eso cubría igualmente de culpa y vergüenza a los supervivientes. Casi toda su obra fue no sólo un intento de ensalzar las virtudes morales de aquéllos, sino también de lavar la propia conciencia manchada con la supuesta e insoportable infamia de no acometer con dignidad la muerte segura.

Primo Levi acabó suicidándose poco después de escribir el último de los libros de la mencionada trilogía, nadie sabe muy bien si por la añeja culpa o por el profundo dolor que le produjo el llamado “debate de los historiadores” en el que se abrieron paso conjeturas negacionistas del holocausto. Quizá Primo Levi estaba recordando aquello que sus verdugos gritaban con sorna mientras abandonaban los campos dejándolos a ellos atrás: nadie os creerá jamás.

El documental que nos ocupa habla también, aunque en menor medida, sobre un superviviente del lager. El juez Juan Guzmán Tapia, magistrado conservador y en un principio entusiasta del golpe de Estado del general Pinochet.

El juez y el general es un documental del que no hay que esperar grandes revelaciones ni grandes hallazgos cinematográficos, aunque siguen sorprendiendo como el primer día la magnitud de los crímenes cometidos y la desvergüenza de los salvapatrias y sus colaboradores en aquel Chile oprimido.

Si acaso llama la atención el testimonio siniestro, por lo verdaderamente banal y desprovisto de todo carisma maléfico, de un torturador convicto y confeso que pone cara a la interiorización doctrinal de la Causa justa, de la Verdad suprema, de la Razón de Estado y demás argumentos esgrimidos por los siempre procuradores del “bien del pueblo” a costa de su libertad y sus vidas. 

El juez y el general es una película menor, que narra las vicisitudes de un proceso judicial inacabado por la muerte del reo

El juez y el general es desde ese punto de vista, una película menor, que narra las vicisitudes de un proceso judicial inacabado por la muerte del reo, de quien ni siquiera cabía esperar que pagase por todos los crímenes que cometió; sin embargo, también es una película sobre el juez que debía procesar a ese reo, y es aquí donde, huyendo de todo afán hagiográfico, este documento alcanza notables cotas que acaso haya que remontar desde una perspectiva serena y abierta.

Juan Guzmán enfrenta con entereza la vergüenza y la culpa de las que hablaba Levi sin remilgos y sin falso compungimiento. Es de admirar la sinceridad de un hombre que se desnuda de tal modo delante de las cámaras, sin ocultar sus más escabrosos detalles, sus simpatías y sus dudas, así como su transformación de involuntario verdugo a loable redentor.

Lo más valioso de la película es precisamente el proceso tanto judicial como intelectual y moral que sufrió un exprisionero de la propaganda y las ideas pinochetistas, hasta reconocer el horror en el que había estado inmerso sin apenas reparar en ello. Constantemente reconoce Guzman cómo para él el golpe supuso una oportunidad laboral, cómo sirvió, un tanto ingenuamente, a los propósitos del régimen, cómo incluso cuando se hallaba convencido de la monstruosidad de la represión, estuvo a punto de no procesar al tirano por una cuestión humanitaria.

El juez y el general: sólo la justicia puede actuar con los ojos vendados… lo demás, es un recto encaminarse al abismo

Sin embargo es también remarcable el hecho de su despertar del sueño dogmático, de su liberación del lager ideológico mediante el enfrentamiento al horror y la culpa, y de cómo un hombre, a pesar de sus errores, puede ser capaz, incluso desde la esclerotizada senda legal, de redimir sus faltas y de intentar reparar los daños impartiendo justicia.

El final de un documental que por momentos sí se ve como desgarrador, puesto que todo el drama chileno lo fue, muestra a un hombre escéptico, pero no atormentado, consciente de que su labor puede y debe alejarle de la inoperancia de la culpa o la vergüenza, y sabedor de que reconocer las debilidades humanas no tiene por qué hacerte parecer más pequeño.

Es, en ese sentido, todo un ejemplo moral para los que se resisten a perdonarse, o aún más, para los que se compadecen de sí mismos y se avergüenzan por ello, pero también un aviso para todos aquellos que hacen ciego seguidismo de los que supuestamente representan sus ideales: sólo la justicia puede actuar con los ojos vendados… lo demás, es un recto encaminarse al abismo.

Escribe Ángel Vallejo

 Título  El juez y el general
 Título original  El juez y el general
 Director  Elizabeth Farnsworth y Patricio Lanfranco
 País y año  Chile, EE.UU., 2008
 Duración  87 minutos
 Guión  Elizabeth Farnsworth y Patricio Lanfranco
 Productor  Richard Pearce
 Montaje  Blair Gershkow
 Intérpretes  Documental
 Fecha estreno  05/11/2010
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