El amor de Tony (2)

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Personajes que atormentan

el-amor-de-tony-0Resulta todo un esfuerzo de la voluntad calificar una película que se empeña en ser incalificable, planteando un ejercicio de contención dramática que pretende, desde la impostura, aparecer como sugerente y profundo, pero que no consigue transmitir más que indiferencia.

Y esto es así porque la historia, tan plana como el paisaje, resulta de lo más previsible aún dentro de lo grotesco de su desarrollo: una chica inadaptada, de carácter abúlico y expresiones emocionales poco convencionales, se halla incapaz de recuperar la custodia de su hijo precisamente por no saber mostrar su cariño y su idoneidad como madre de un modo socialmente aceptado. Para ello habrá de plegarse, mal que le pese, a las exigencias de un sistema que la conmina a buscar un trabajo y una vida emocional estable. En esa tesitura se encuentra con un pescador, no menos raro que ella, que parece dispuesto a facilitar su tarea proporcionándole, en principio, al menos una de las dos exigencias.

Aunque pretenda dejar a la capacidad imaginativa de cada cual el trabajo de desentrañar los pormenores de la película, está claro que los derroteros que toma la historia son muy previsibles.

A semejante falta de originalidad no ayuda la construcción de unos diálogos cuya falta de sal no compensa el ambiente marino en que se ambienta la trama.

La aparición de personajes absurdos (como el de Lola Dueñas, que se limita a fumar porros y a soltar un par de frases) y de subtramas incongruentes, como la de la muerte del padre, no ayudan en absoluto al conjunto.

En el supremo esfuerzo del que antes hablaba, uno se centra en pretender encontrar un valor añadido, como aplicando un principio de caridad según el cual, detrás de toda elaboración intelectual debe hallarse un sustento racional o argumentativo, aunque desde nuestra postura no alcancemos a comprenderlo.

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Así, podemos postular para este primer trabajo de Alix Delaporte una voluntad de realismo tan extrema, que la mayor parte de las situaciones que nos presenta son completamente anodinas, como el día a día del común de los mortales. Consecuentemente, todo aquello que nos parece absurdo en una película se revela tan necesariamente cotidiano como nuestra vecina contándonos los pormenores de la enfermedad del famoso de turno. Pero en verdad semejante valor añadido resulta muy poco sugerente y desde luego se agota al segundo arreón de cotidianeidad.

Así pues, descartados los diálogos, el desarrollo de la trama, las conclusiones y los personajes secundarios por insalvables, lo único que parece justificar una nota como la precedente es la construcción de la interioridad de los dos personajes protagonistas. Cuando se comprende la particularidad emocional de Angèle, la chica inadaptada, nos damos cuenta de que debe haberle resultado muy difícil sobrevivir en un mundo anodino, plagado de convenciones no menos absurdas que su comportamiento: el amor ha de demostrarse materialmente, lo que una persona es no es más que lo que posee, y la capacidad de ser madre se mide por los dos parámetros anteriores.

Por otro lado, la precavida frialdad de Tony, hecha precisamente a base de adaptarse radicalmente a los postulados de la emotividad masculina socialmente aceptados, no debiera procurarle más que un tipo de inadaptación por exceso, como de hecho sucede. Será de la confluencia de ambas rarezas de donde surgirá una simbiosis equilibrada, que les permitirá embarcarse juntos en el océano de lo social, en el que hasta ahora parecían simplemente náufragos.

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Alcanzada la comunión, de vez en cuando desgarrada por algún conflicto menor, la película parece tomar otro aire, llegando por momentos a evocar algo parecido a la belleza: los instantes de Angèle en bicicleta son, de tan puramente sencillos, profundamente perturbadores, y sirven para mostrar un conflicto interior difícilmente sugerible por las vías convencionales.

Lo lamentable es que sea tan poco lo que ofrece un filme con tan altas pretensiones, y que no permanecerá en el recuerdo tanto por sus delicados (y escasos) momentos poéticos, como por sus sonoras excentricidades narrativas.

Una lástima, en fin, que una ópera prima despierte tan pocas expectativas como para seguir a su autora en realizaciones posteriores, entre otras cosas porque el esfuerzo monumental que ha de hacerse para encontrar el sentido, disuade incluso a los que han de dedicarse profesionalmente a ello.

Escribe Ángel Vallejo 

 Título  El amor de Tony
 Título original  Angèle et Tony
 Director  Alix Delaporte
 País y año  Francia, 2010
 Duración  87 minutos
 Guión  Alix Delaporte
 Fotografía  Claire Mathon
 Música  Mathieu Maestracci
 Distribución  Absolut Media Films
 Intérpretes  Clotilde Hesme, Grégory Gadebois, Evelyne Didi
 Fecha estreno  08/07/2011
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