jueves 24 de mayo de 2012

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Dinero fácil (1)

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Bajos fondos de alto standing 

dinero-facil-0El intempestivo éxito de la trilogía Millennium de Stieg Larsson parece haber sacado a la luz toda una pléyade de escritores escandinavos de novela negra con los que los editores (y acaso los productores de cine) pretenden revitalizar un género mortecino en la vieja Europa.

Dinero fácil (Snabba cash) está basada en la primera parte de la todavía inconclusa trilogía novelesca de Jens Lapidus, ambientada en los bajos fondos suecos. Aunque las diferentes entregas no parecen guardar una relación tan estrecha entre sí como sucedía con la obra de Larsson, es de suponer que subiéndose a la ola de éxitos cosechados por la pionera, pretenda encaramarse a su cresta regalándonos dos nuevas adaptaciones cinematográficas de cada una de ellas.

Si así fuera, mucho debieran cambiar las cosas para que el que suscribe se acercara a una sala de cine a contemplar las andanzas de los maleantes suecos, puesto que lo visto en la primera entrega disuade un tanto de hacer un segundo intento.

De todos modos lo de maleantes suecos es un decir, porque al parecer, la mayor parte de los bajofondistas de Estocolmo tienen nacionalidades diversas, casi todas muy alejadas de latitudes hiperbóreas. En lo que respecta a Dinero fácil, la ralea se divide entre chilenos, árabes, serbios y kosovares, y el único sueco es un aspirante a ladrón de cuello blanco con complejo de inferioridad, nula vocación de malicia y que además no es del mismo Estocolmo.

En contra de lo que pudiera parecer, semejante crisol no constituye un ejercicio de menosprecio racial o asimilación de todos los males al invasor extranjero (sería absurdo, cuando Lapidus es de origen judío y el realizador, Daniel Espinosa, tiene ancestros latinos), sino que bien planteado, debiera ser uno de los puntos fuertes del filme. ¿En qué sentido?

En el sentido en que mostraría cómo el nuevo orden mafioso mundial (o al menos el europeo) se constituye en torno a cuatro pilares fundamentales que juntos, aunque no necesariamente revueltos, dan un aspecto multicultural y global también a nuestras bajezas: despiadados mercenarios de las últimas guerras balcánicas; inmigrantes que no pueden (o no quieren) conformarse con fundar un negocio legal (pero también poco rentable) sin arriesgarse a probar las mieles de la opulencia del narco; y bancos que, como colaboradores necesarios del entramado financiero mundial, podrido hasta las raíces, no dudan en bucear en las cloacas del mercado para obtener la salvación mediante el blanqueo de los beneficios de todos los anteriores.

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Por último, el ansia consumista occidental que confundiría prestigio y respetabilidad con poder económico, confusión que alimenta los sueños de toda una generación de jóvenes educados en la apariencia de abundancia y riqueza y que al fin y al cabo es el detonante de la búsqueda del dinero fácil que da nombre a la película, pero también el floreciente sustrato de los negocios de los elementos antes mencionados.

Debiera ser uno de los puntos fuertes, decía en subjuntivo, porque en la película no se alcanza a concretar semejante propuesta de un modo satisfactorio, perdida como se halla en formalismos dogma y en convencionalismos hueros sobre las motivaciones y el psicologismo barato de los personajes.

Todo lo más, se nos muestra algún atisbo de lo que el filme podría haber sido en contadas ocasiones (sobre todo atendiendo a algunos momentos protagonizados por el personaje sueco, sobrepasado por una realidad desconocida en la que se ha visto inmerso por su mala cabeza), pero que se ven arrastradas por el lodazal de unos diálogos absurdos y una realización entre torpe y tópica, hasta el punto que podría decirse que ha convertido en academicistas las hasta hace poco originales aportaciones de Tarantino, Iñarritu o Soderbergh, claro está, sin su pulso y dominio de la escena.

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Amén de hallarse plagada de efectismos y sobrada de impostura, para Espinosa lo violento es muy violento (hasta la gratuidad), lo bucólico es muy bucólico (hasta la náusea) y lo intimista es muy intimista (hasta lo ñoño).

Semejante realización da al traste con todo el aparato argumental, que no dudo pueda resultar interesante en una novela, pero que aquí queda muy alejado de la originalidad y la excelencia que se presuponen al nuevo fenómeno de masas escandinavo (Dinero fácil rompió la taquilla sueca en su estreno), y desde luego no invita, como dije, a seguir una saga que promete dos títulos más, al menos mientras continúe en manos de un director tan bisoño.

Esta circunstancia no le ha impedido sin embargo abandonar Suecia para encargarse de un proyecto en EEUU. Quizá lo mejor para que la aparentemente interesante obra de Lapidus llegara a buen término sería que no volviese. Para nosotros, basta con estar avisados de que su proyecto se llama Safe house, y que quizá debiéramos mantenernos a salvo de él en casa, al menos hasta que haya constancia de que Espinosa ha aprendido a tener un estilo propio.

Escribe Ángel Vallejo 

 Título  Dinero fácil
 Título original  Snabba cash
 Director  Daniel Espinosa
 País y año  Suecia, 2010
 Duración  119 minutos
 Guión  Maria Karlsson; basado en la novela de Jens Lapidus
 Fotografía  Aril Wretblad
 Música  Jon Ekstrand
 Distribución  A Contracorriente Films
 Intérpretes  Joel Kinnaman, Matias Padin Varela, Dragonir Mrsic
 Fecha estreno  26/08/2011
 Página web  http://www.acontracorrientefilms.com/pelicula/6/dinero-facil/
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