jueves 24 de mayo de 2012

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Destino oculto (2)

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¡Dios es la mano invisible!

destino-oculto-0Philip K. Dick ha sido no sólo uno de los más brillantes y prolíficos escritores de ciencia ficción estadounidenses, sino también, y con desigual fortuna, uno de los más adaptados al formato cinematográfico. Suyos son los relatos (o más bien las ideas) que inspiraron películas como Blade runner, Minority report, Desafío total, Paycheck, A scanner darkly  o Next, por citar sólo las más famosas o de mayor presupuesto.

De todas ellas (excepto quizá la última, una versión bastante fiel) podría decirse que apenas juegan con el originario destello genial del que podría germinar una buena historia, sin hacer mucho caso al desarrollo que posteriormente le diera su propio autor: Philip K. Dick resultaba demasiado complejo, indigesto, profundo incluso, para las grandes productoras cinematográficas que no confiaban en el atractivo lisérgico del escritor y su aceptación por el gran público.

De ese mismo proceso resulta Destino oculto, basada en un relato corto de nuestro querido autor, que lleva por nombre El equipo de ajuste y que apenas comparte premisas y desde luego intenciones con su adaptación cinematográfica.

En ambos formatos, la realidad cotidiana no es más que el resultado de un plan maestro que organiza la vida en torno a un propósito superior, y cuyos ejecutores a pie de obra son empleados de un director casi omnipotente, que ajustan los comportamientos humanos mediante pequeñas intervenciones puntuales. Pero lo que sobre el papel es una historia de cooperación truncada por la inesperada tardanza de un individuo y el error de uno de los ajustadores (curiosamente un perro), en celuloide da un giro de 180 grados para transformarse en la decidida intervención de un solo ser humano que guíe a la humanidad por los caminos de la paz y el desarrollo sostenible.

Destino oculto se transforma así en una oda a la libertad y el individualismo, y a la superación de todas las adversidades que la insensible planificación (ya sea estatal o providencial) se empeña en poner a los pobres seres humanos, huérfanos de libre albedrío.

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Resultaría grotesco de no ser porque la cosa tiene su gracia, e incluso puede decirse que su buena intención, puesto que lejos de constituirse en un panfleto libertariano, la película deja entrever su profunda ingenuidad al colocar al planificador general en una situación ideológicamente comprometida: si bien todo lo mencionado anteriormente parecería casar mejor con una suerte de brainstorming de politburó, en realidad el plan sólo contempla el mayor bien para el mayor número, y además lo hace desde la perspectiva liberal clásica del mayor bien para cada individuo.

Tendríamos así caracterizado a Dios (o al director) como la Mano invisible del Mercado de Adam Smith, en el que cada sujeto, llevado por su propio egoísmo será capaz de proporcionar a todos y cada uno de los demás la satisfacción de las necesidades. Coherente con ese propósito, la divinidad (o sus mensajeros) no duda en ofrecer a los sediciosos un futuro de riquezas y éxito, pero sólo en compensación a las pequeñas renuncias sobre las que aquéllos reclaman su libertad de elección.

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Todo este curioso galimatías ideológico, presente en el subtexto, nunca demasiado evidente y desde luego casi secundario en su desarrollo, se halla oculto bajo las tiernas capas de hojaldre de una historia de amor, verdadero motor de la trama y leitmotiv de una película que hubiera resultado muchísimo más interesante de dejarse conducir por aquellas premisas.

Pero aún así Destino oculto es una película entretenida, no resulta empalagosa gracias al talento narrativo de su director —un George Nolfi bien conocido por ser guionista de la trepidante saga de Bourne— y al encanto de su pareja protagonista —Matt Damon y Emily Blunt— que protagonizan una aventura emotiva creíble, sin excesos de azúcar ni desgarros emocionales chirriantes, uno de los más consabidos peligros de todo drama romántico que se precie.

El grueso del desarrollo del filme, muy del estilo de Nolfi, transcurre entre persecuciones sin tregua, autohomenajes patentes (por momentos parece que veamos otra de las películas de Bourne) y algún que otro guiño a clásicos como El graduado o Qué bello es vivir. Todo ello, eso sí, sin derramar una sola gota de sangre ni efectuar un solo disparo, lo que no es poco mérito en los tiempos que corren.

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Lamentablemente, la película no da para mucho más una vez resueltos los principales interrogantes (y estos se evaporan en el primer cuarto de metraje), y lo que es peor, concluye atropelladamente en un clímax quizá en exceso complaciente para todos aquellos espectadores que confiaban ingenuamente en no descafeinar demasiado al poderoso Philip K. Dick.

Es posible que la expresión deus ex machina sea la que mejor exprese lo que acaba por acontecer en pantalla… o puede ser que después de todo, semejante panoplia ideológica no fuera capaz de sustentarse en una película que no es como para quitarse el sombrero, toda vez que no deja de cumplir con su plan, esto es: entretener al personal resolviendo de paso todas y cada una de las cuestiones históricas que han atormentado a los seres humanos a lo largo del tiempo.

Ya les dije que tenía su gracia.

Escribe Ángel Vallejo

 Título  Destino oculto
 Título original  The adjustment bureau
 Director  George Nolfi
 País y año  USA, 2011
 Duración  100 minutos
 Guión  George Nolfi, sobre el relato Equipo de ajuste de Philip K. Dick
 Fotografía  John Toll
 Música  Thomas Newman
 Distribución  Universal Pictures International Spain
 Intérpretes  Matt Damon, Emily Blunt, Anthony Mackie, John Slattery, Michael Kelly, Terence Stamp
 Fecha estreno  04/03/2011
 Página web  www.destinooculto.es/

 

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