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CONTROL (3)

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Control
Título original: Control
País, año: Estados Unidos, Australia, Japón, Reino Unido, 2007
Dirección: Anton Corbijn
Producción: 3 Dogs and a Pony, EM Media, Becker Films, Claraflora, NorthSee, Three Dogs and a Pony, Warner Music
Guión: Matt Greenhalgh
Fotografía: Martin Ruhe
Música: Joy Division, New Order
Montaje: Andrew Hulme
Intérpretes: Sam Riley, Samantha Morton, Alexandra Maria Lara, Joe Anderson, James A. Pearson, Harry Treadaway, Craig Parkinson, Toby Kebbell, Andrew Sheridan
Duración: 122 minutos
Distribuidora:  Avalon
Estreno: 3 abril 2009
Página web:  www.avalonproductions.es/control

Retrato en blanco y negro
Escribe Luis Tormo

"¿Por qué la cama está tan fría en el lado en que tú no estás?
¿Soy yo el que no está a la altura?
¿Hemos perdido el respeto mutuo?
Todavía queda algo de la atracción
que hemos mantenido a lo largo de estos años
Amor. El amor nos apartará otra vez."
(Love will tear us apart, Joy Division)

Un matrimonio desgarradoSi analizamos esta estrofa de la canción más conocida de Joy Division (publicada un mes después de su muerte) podemos entender el desgarro interior que sentía Curtis respecto a su matrimonio.

La historia de Ian Curtis se ha contado hasta la saciedad. Cantante y letrista de Joy Division, el 18 de mayo de 1980 se suicidó colgándose de un tendedor casero en su casa, incapaz de resolver la situación de crisis con su mujer. Epiléptico, bajo una medicación muy fuerte, de tendencias depresivas y con un intento anterior de suicidio, Curtis decidió acabar con todo, tenía 23 años y dos días después tenía que embarcarse junto con su grupo en su primera gira americana.

Murió el hombre y nació el mito de estrella maldita de rock, tantas veces reproducido; con algunos sencillos y dos discos (el segundo editado a las pocas semanas de su muerte) su influencia está presente en la música de muchos grupos y autores, incluido el propio grupo que con un cambio de nombre, New Order, desarrolló una carrera de éxito que se prolonga hasta el presente.

Curtis decidió acabar con todo, tenía 23 años y dos días después tenía que embarcarse junto con su grupo en su primera gira americana

Control describe estos acontecimientos desde la contradicción que envolvió a Ian Curtis, tanto desde el punto de vista de su carrera profesional como desde el aspecto individual y personal. Porque el filme es precisamente eso, el relato de una gran contradicción. La historia de alguien que ve su éxito como un fracaso, la historia de un amor que termina encubriendo otro amor, la exposición pública de una persona que necesitaba encerrarse en sí mismo.

La historia de alguien que ve su éxito como un fracaso, la historia de un amor que termina encubriendo otro amorIan Curtis se convierte en un referente para todos los que le rodean: el grupo, su mujer, su amante. Es alguien oscuro, inquietante, que tiene la capacidad de transformar aquello que está a su alrededor. Alguien a quien su mundo personal se le queda pequeño, alguien que como artista sabe que tiene capacidad de ir más allá de lo que hace, pero que en el fondo no desea seguir adelante.

Y para bosquejar los trazos de esa contradicción nadie mejor que Anton Corbijn, fotógrafo y director de videos musicales, especialista en forjar imágenes para revestir a los mitos del pop (con una trayectoria destacada que abarca desde la iconografía para The Joshua Tree de U2 hasta los diferentes trabajos para Depeche Mode). El fotógrafo holandés, afincado en Londres desde finales de los años 70, no sólo ha dirigido el filme, sino que ha sido el principal impulsor de este proyecto (después de vencer las reticencias iniciales), que utiliza como base la biografía de su ex-mujer, Deborah Curtis.

Para ello Corbijn plantea un retrato en blanco y negro del Manchester de los 70, donde vemos una ciudad industrial y personajes de clase trabajadora con referencias continuas al mundo del paro (Curtis trabajaba en una oficina para desempleados), y ese inhóspita y fría representación de la sociedad le sirve para reflejar el ambiente triste y pesimista del artista, muy alejado de la diversión y el sarcasmo que podíamos ver en el filme de Winterbottom, 24 hours party people. Y es que el filme, más que un análisis sobre la música de Joy Division, es una reflexión sobre el esfuerzo y sacrificio que supone la creación para el artista.

Anton Corbijn, fotógrafo y director de videos musicales, especialista en forjar imágenes para revestir a los mitos del pop

La película, por basarse en el contenido del libro de la ex-mujer, muestra la separación entre la vida personal y la vida profesional, definiendo la frontera entre la imagen pública del artista (apreciado y ensalzado por los demás) y el hombre que se escondía debajo de esa piel, incapaz de ejercer el papel de marido y padre cada vez que vuelve a casa, incapaz de entender la perdida de la inocencia y la ingenuidad del mundo en el que estaba acostumbrado a vivir.

Corbijn, en su primera experiencia como director, podía incurrir en dos errores muy comunes. En primer lugar, el desconocimiento del medio al que se acerca, pues la experiencia de rodar un largometraje es algo muy diferente al rodaje de vídeos musicales; y en segundo lugar, Corbijn es un declarado fan de Joy Division, los conoció, fotografió al grupo, vivió su historia y en este tipo de biopics siempre hay cierta tendencia a exagerar el mito, y más teniendo en cuenta que Corbijn terminó implicándose en la producción del filme, invirtiendo su dinero y tomando gran parte de las decisiones importantes sobre el proyecto.

Corbijn, en su primera experiencia como director, podía incurrir en errores muy comunesPero la película se sitúa por encima de estos posibles lastres y la sorpresa que ofrece Control es precisamente lo contrario, la sobriedad de su propuesta (junto a una estupenda dirección de actores en la que destacan Sam Riley y Samantha Morton). No encontramos aquí exagerados movimientos de cámara, tampoco hay imágenes brillantes que posibiliten el juego estético. Es cierto que Corbijn mueve la cámara en aquellas escenas donde la música es protagonista, pero en el resto de la historia hay una contención que limita el movimiento a suaves panorámicas y zooms.

Y es que ya hemos comentado con anterioridad que Control pretende ser un retrato interior del artista, quiere acercarse al conflicto humano y siendo importante la música, es un elemento supeditado a la introspección del personaje. El hecho de que el largometraje este rodado en blanco y negro nos remite necesariamente al universo creativo del fotógrafo holandés, pero también es un factor que ayuda a la historia, provocando un distanciamiento con los acontecimientos, aportándole un barniz documental que se adapta perfectamente a las características de ese universo postpunk.

Ahora bien, el hecho de que Corbijn no se cebe con el lenguaje esteticista del videoclip no significa que no encontremos un tratamiento estético de las imágenes, pues es precisamente ahí donde el fotógrafo holandés vierte toda su experiencia, fundamentalmente en el juego de los elementos dentro de cada plano. Podríamos realizar una pausa simbólica en cualquier escena o extraer un fotograma del filme y el resultado sería una elaborada fotografía cargada de información. Así, en Control podemos apreciar el juego escénico que utiliza Corbijn para aportar contenidos al espectador, desde el uso de los diferentes objetos y personajes hasta el encuadre de los mismos.

La película nos muestra algunos magníficos ejemplos de lo que se puede hacer con la imagen. Uno de los principales efectos desequilibrantes para la vida emocional de Ian Curtis fue la compleja relación que estableció con su mujer (casados casi en la adolescencia) y a la que hubo que sumar su romance con una chica belga, Annik Honoré (Alexandra Maria Lara), que contribuyó a la desintegración de ese matrimonio. En la película aparecen representadas una con el papel tradicional (la esposa que se queda en su casa de un barrio de la ciudad para cuidar a su hija), mientras que la otra representa la libertad, la posibilidad de unir amor y música. Ese conflicto entre la elección de un modelo y otro acrecentó las crisis depresivas del protagonista.

La película nos muestra algunos magníficos ejemplos de lo que se puede hacer con la imagenPara explicar este antagonismo al espectador Corbjian filma a Ian Curtis y a su mujer haciendo el amor tras regresar de una de sus giras (donde ya ha conocido a su amante), hasta que pasados unos momentos Curtis, abatido por el sentimiento de culpabilidad, se derrumba junto a su lado llorando. En esta escena, filmada en la oscuridad, toman realce los dos anillos de casados de ambos, brillantes, con un destacado resplandor blanco, que nos indican claramente como esa unión matrimonial (los anillos) es lo que realmente provoca el conflicto.

En este mismo sentido, cuando Curtis regresa a casa tras otra gira y se acerca a ver a su hija, la cámara lo filma desde la perspectiva de la niña, lo que muestra al protagonista tras los barrotes de la cuna, otro ejemplo de cómo mostrar el calvario que significaba para Curtis enfrentarse a la responsabilidad como padre. Toda la película está realizada de pequeños momentos como estos: justo antes del primer intento de suicidio del cantante tenemos una escena que lo muestra tomando una cerveza en un bar, un plano general lo sitúa al fondo entre mesas que están ocupadas por gente mayor y con un suave movimiento la cámara se va acercando a su mesa. Con ese reencuadre observamos como se siente ese personaje, Curtis, joven de apariencia física pero realmente envejecido en su interior.

Por poner un pero, quizá el filme se ciñe en exceso al retrato de la viuda que asiste impotente al alejamiento de su marido. Puede ser que en ese retrato pesimista falte incidir en la presión de las giras, los promotores, el exceso que va unida a ese mundo; también hay personajes que no tienen oportunidad de desarrollo como el de su amante belga o sus compañeros de grupo (aunque estos apoyan el filme y son los encargados de la banda sonora).

Pero en cualquier caso, Control funciona como una historia de amor juvenil truncada por la perdida de la inocencia que supone la inmersión en las responsabilidades adultas. Funciona como retrato de ese artista que es incapaz de control(ar) los dos universos en que se desarrolla su vida (ya se lo preguntaban Los Secretos en su canción Ojos de gata: "Pero cómo explicar que me vuelvo vulgar cuando bajo de cada escenario"). Aunque la supuesta o no supuesta fidelidad a la verdad histórica tampoco desmerece el resultado final, pues cuando se intenta el acercamiento al mito (en cine ya lo explicó John Ford) la barrera entre leyenda y realidad no siempre aparece totalmente definida.

'Control' funciona como una historia de amor juvenil truncada por la perdida de la inocencia que supone la inmersión en las responsabilidades adultas
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