Conan, el bárbaro (0)

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¡Qué barbaridad!

conan-4Hace pocos días un amigo y yo discutíamos sobre la epidemia de remakes, precuelas, secuelas y franquicias cinematográficas que infestaban las salas de cine, dejando tan poco espacio a las películas con espíritu original. Si uno echaba un vistazo a las marquesinas, podía encontrase con cosas como Transformers 3, Harry Potter 7, Cars 2, Manuale d’amore 3, X-men orígenes o El origen del planeta de los simios prácticamente sin salir del multicine.

Uno puede discutir sobre la calidad o la pertinencia de las películas mencionadas, e incluso felicitarse por encontrar cosas como El origen del planeta de los simios que también sirven como excusa para revisitar la original de 1968, pero en muchas ocasiones no puede evitar plantearse la cuestión crucial: ¿realmente era necesario hacer esta película?

La pregunta cobra toda la relevancia cuando reparamos en el filme Conan, el bárbaro, de John Milius (1982), protagonizado por el universal cachas austriaco, recordamos algunas de sus secuencias y concluimos que ha envejecido considerablemente bien como clásico de espada y brujería. Llegados a este punto es inevitable ponerse a hacer comparaciones, pero como no quiero aburrirles con una crónica excesivamente larga, les diré que no merece la pena: esta nueva entrega es una desfachatez tan descomunal  como los bíceps del protagonista (Jason Momoa), que hace digno del Oscar por su actuación al Arnold Schwarzenegger de la primera película.

Para comenzar, la estructura no sólo es rutinaria, sino repetitiva y hueca: mamporros, bravuconadas, mamporros, sexo y bravuconadas, mamporros y bravuconadas. Fin.

Creo poder haber contado en el global de la película unas cuatro líneas completas de texto. Llegué a preguntarme si tal vicisitud se debía a la escasa capacidad retentiva de alguno de los actores protagonistas, puesto que no suelen encadenar frases de más de tres o cuatro palabras, del tipo: “hay que matarlos”, “soy el cimmerio” “dale su merecido” o mi favorita, casi en el desenlace de la película: “Sé que tienes que irte”.

No obstante, viendo el desarrollo de las escenas de acción, igualmente tediosas, la conclusión parecía ser otra: nadie había querido trabajar en exceso, y toda la película se contagiaba de la molicie del planteamiento. De hecho, no sería aventurado asegurar que se ha trabajado sin guionistas, pero también sin iluminadores. De no ser porque aparece Ron Perlman, yo diría que tampoco trabajaron con actores.

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Mención aparte merece la decoración, llena de floreros femeninos (a veces de generosos pechos) y sobre todo (aunque esta es una característica del doblaje español que no puedo asegurar se encuentre en la versión original), las voces de los protagonistas, que hablan todo el rato en falsote. ¿Que qué es el falsote, me preguntan ustedes? Digamos que si aceptamos que los Bee Gees cantan en falsete, es decir, con voz atiplada, los protagonistas del filme hablan en falsote, es decir, con voz cavernosa. La impostura es tal, que parece que durante todo el metraje los protagonistas estén bromeando sobre villanos adictos a la cazalla y el caliqueño.

Por lo demás no sé qué más puede añadirse a una película que ni siquiera abusa de los efectos especiales, los bichos raros o los paisajes legendarios, por añadir aunque fuera un poco de goce estético al desaguisado argumental: para acabar de hacer honor a su racanería, aparece un solo bicharraco y unos tipos enharinados que pretenden dar susto, pero que se deshacen en polvo al primer mamporro o a la segunda bravuconada. Los paisajes son desérticos y los decorados sombríos, con lo que apenas se distingue algún atisbo de infografía bastante pedestre para dotar de mística al conjunto.

Con todo, lo peor es como ya he sugerido el tratamiento de los personajes femeninos: no atesoran un ápice de dignidad, de iniciativa, de carácter propio; su contribución es siempre a la mayor gloria del macho (ya sea el padre, el amante o el liberador) y por lo general se hallan revestidas de caracteres de sumisión sexual. Si algunas de las palabras que el propio Conan le dirige a su amada las tuviera cualquier proxeneta de tres al cuarto con sus muy respetables empleadas, éstas lo denunciarían por acoso laboral y menosprecio.

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En verdad, si alguna utilidad puede tener el visionado de Conan, es, aparte de disfrutar del aire acondicionado, el realizar un trabajo de campo sobre el machismo imperante en la cinematografía de baja alcurnia.

Si lo que quieren es disfrutar de las aventuras de Conan, mejor cómprense algún cómic o alquile la película de Milius, aunque doy por seguro que hasta la secuela de Fleischer (Conan, el destructor, 1984) resulta más entretenida que ésta.

Avisados quedan.

Escribe Ángel Vallejo

 Título  Conan el bárbaro (2011)
 Título original  Conan the barbarian 3D
 Director  Marcus Nispel
 País y año  Estados Unidos, 2011
 Duración  117 minutos
 Guión  Thomas Dean Donnelly, Sean Hood y Joshua Oppenheimer
 Fotografía  Thomas Kloss
 Música  Tyler Bates
 Distribución  Aurum
 Intérpretes  Jason Momoa, Ron Perlman, Stephen Lang, Rachel Nichols, Rose McGowan, Saïd Taghmaoui 
 Fecha estreno  17/06/2011
 Página web  http://www.conanlapelicula.com/