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Relaciones humanas
Escribe Carlos Losada
Porque de eso trata esta película de Vincent Garenq, realizada además con bastante sensibilidad, siempre con estupendos toques de humor y una invocación más que notable hacia la tolerancia y el sentido más emotivo que intelectual de las conexiones entre seres humanos.
Partiendo de una consolidada relación homosexual, con buenas vibraciones con la familia, entre Manu y Philippe (excelentes y creíbles Lambert Wilson y Pascal Elbé, tal vez más el primero en sus miradas y naturalidad), el drama se presenta cuando Manu decide que quiere un hijo y a su pareja eso le suena a disparate, incordio y nada realista.
Manu sigue adelante, logrando que Philippe deje de vivir con él, y aborda la adopción, que fracasa ante una foto de ambos demasiado evidente para la inspectora de Asuntos Sociales, y que Manu olvidó esconder. Entonces recuerda el encontronazo, antes de su ruptura con Philippe, con Fina, estupendamente interpretada por Pilar López de Ayala, e intenta convencerla para que sea madre de alquiler.
Y es cuando las relaciones humanas toman plena vigencia, engarzando las situaciones con verosimilitud –exceptuando la un tanto forzada y no muy creíble relación sexual de Manu y Fina, tal vez una concesión para una mayor audiencia–, para llevarnos a la conclusión de que el día a día y la perseverancia pueden lograr hasta milagros: Philippe, que donó su semen porque Manu es estéril, se muestra el padre más orgulloso del mundo. Por no hablar de la boda de Manu y Fina, que legaliza la situación de ella, emigrante argentina; o la perplejidad de la familia de Manu y la alegría de los padres de Fina.
En resumen, un muestrario de seres de ahora mismo, de sus entornos y vivencias, así como de la sensación más que agradable de que cuando en las relaciones humanas hay sinceridad y buenas intenciones, las leyes y los corsés impuestos por la religión y los hábitos, sobran siempre.
Y todo contado con imágenes, en secuencias casi siempre medidas, en interpretaciones dignas de encomio, tal vez con cierta insistencia en algunos planos medios que tienen su origen en los antecedente televisivos de Vincent Garenq, pero que en ningún momento incomodan. Auguramos buenas relaciones con el público.
Y no quisiera poner el punto final sin recomendarla con entusiasmo a toda la jerarquía católica, desde Ratzinger hasta Rouco Varela, por si les llega, con su visionado, un punto de cordura y sensatez, de las que no andan, precisamente, sobrados. E igualmente a toda la beatería y meapilas que por el mundo tanto se llevan, desde Europa a los USA.
Repito, no se la pierdan: las comedias agridulces son eficaces.
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