jueves 24 de mayo de 2012

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Cirkus Columbia (3)

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De la vida como entendimiento

cirkus-columbia-0Y como lucha para sobrevivir, absorbiendo casi siempre el pasado como el futuro que vuelve. Viendo, ahora mismo, esta película de Danis Tanovic, de excelente factura e ideas casi siempre claras, nos percatamos que la ex Yugoslavia tenía más problemas internos de lo que presumía el inefable Tito, de nefasto recuerdo, y que no solamente no resolvió nada, sino que empeoró las relaciones internas mucho más de lo previsto.

En Cirkus Columbia eso nos queda bastante claro, porque a través de la mayoría de sus imágenes, sobre todo al principio y al final —con ese tiovivo de la infancia como si fuese la vida misma—, sabemos que las relaciones humanas siempre han de tener un plus de empatía y humildad. Y eso es, precisamente, lo que falta en una pequeña ciudad bosnia, escenario de las vivencias de quien regresa y aspira a quedarse.

Estamos en 1991 y en Bosnia Herzegovina, de los últimos bastiones comunistas, han caído los seguidores de Tito, un recalcitrante comunista a su manera, que forzó una unión que fue el germen mismo de la desunión imperante, y de las guerras que seguirían hasta el siglo que nos contempla. En el revuelo organizado, muchos regresan para presumir de demócratas e instalarse en sus antiguos feudos, con ayuda de las ganancias capitalistas, digámoslo así.

Después de unas secuencias iniciales, con sentido del humor a flor de piel, donde queda de manifiesto la precariedad de la nueva democracia, y donde cada cual quiere, necesita, manifestar sus querencias, hacen acto de presencia Divko, con su encarnado mercedes alemán, su flamante querida y un gato —que le da buena suerte—, para instalarse en su antigua casa; que está ocupada por su hijo Martin —el de las primeras secuencias— y su madre Lucija, esposa de Divko.

A partir de aquí, el director Danis Tanovic juega las cartas del sainete y el análisis de las situaciones con bastante habilidad, logrando que nos interesemos por unos y otros, y vayamos percibiendo esas difíciles relaciones que se establecen entre los que estaban en el poder y los que han llegado a ostentarlo. Las amistades, los resquemores, las suspicacias, en una palabra, la cotidianidad que forma el día a día, se exponen con imágenes que se acomodan, casi, casi, al punto de vista de cada personaje.

Y así el mosaico se va componiendo, al tiempo que Croacia se ha escindido, los serbios bombardean Dubrovnic, y la alerta llega cuando hay que tomar partido, escoger, afiliarse… Divko busca a su gato de la suerte, que se ha perdido —lo busca casi toda la ciudad, porque hay sustanciosa recompensa—, y los amigos de infancia de Martin se alinean con los procroatas, uniforme militar incluido. Las nubes de la guerra están llegando.

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Los acontecimientos propician que Divko se aleje de su chica, que se siente atraída, y es correspondida, por Martin —lo más anodino y vulgar de la película, por intuido—, y vuelva la vista atrás, hacia Lucija, y sienta la antigua atracción por ella y unos tiempos, tan pasados, que hasta regresan en la secuencia final, mientras quien más y quien menos se pregunta si debe quedarse o escapar, pues los bombardeos cubren de nubes el horizonte.

Divko y Lucija se encaminan, entre risas y recuerdos, al viejo parque de atracciones de la infancia. Se suben al tiovivo, se balancean, cuchichean, ríen. La cámara se va elevando y vemos el nombre del parque, en lo alto del tiovivo. Lo habéis adivinado, es el que da título a la película, Cirkus Columbia, y, en muchos aspectos, sentido a lo que hemos visto.

¿Por qué no? El tiovivo, circo de la vida, se nos puede mostrar de formas diversas, y tantas veces contradictorias —Divko, Martin, Lucija, lo prueban; incluso la realización de Danis Tanovic—, que suelen desembocar en un conocimiento más preciso de nuestras posibilidades, así como en la aceptación del futuro como un pasado cumplido, o que se repitiese como una inaudita maldición.

Cirkus Columbia viene a confirmarlo: cuando el pasado no se ha superado, sus imágenes vuelven para ser conjuradas; y hay que tener el valor y la perspicacia de saberlo hacer. Con esta película, que recomendamos, Danis Tanovic ha puesto su grano de arena a la tarea, nada fácil, de asumir los errores para convertirlos en superación del futuro, aceptando, sin más, que la vida hay que vivirla, con intensidad, día a día.

Y que otro tanto, sugerimos, debemos hacer con todas las buenas, interesantes, sugestivas, imágenes que conforman el cine, tantas veces testigo de nuestro tiempo.

Escribe Carlos Losada 

 Título  Cirkus Columbia
 Título original  Cirkus Columbia
 Director  Danis Tanovic
 País y año  Bosnia-Herzegovina, Francia, Reino Unido, Alemania, Eslovenia, 2010
 Duración  113 minutos
 Guión  Danis Tanovic; basado en la novela de Ivica Djikic
 Fotografía  Walther Van Den Ende
 Montaje  Petar Markovic
 Distribución  Wanda Visión
 Intérpretes  Miki Manojlovic, Mira Furlan, Boris Ler, Jelena Stupljanin
 Fecha estreno  15/07/2011
 Página web  http://www.wandafilms.com/index.php?inc=ficha&id=1417

 

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