jueves 24 de mayo de 2012

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Caracremada (3)

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Diferencia y riesgo en el debut de Lluís Galter 

Caracremada, de Lluís GalterLas películas diferentes no rompen taquillas. Caracremada tampoco lo ha hecho. Se estrenó el 10 de diciembre, y una semana después sólo la proyectaban en un cine barcelonés. Es una lástima, porque una película difícil y tediosa también puede resultar intachable.

Es el caso de Caracremada, el debut del jovencísimo catalán Lluís Galter (Figueres, 1983), que ha conseguido aunar en su primera obra un ejercicio de memoria histórica y el reto de atreverse con la esencia del lenguaje en un poderoso ejercicio de estilo.

Caracremada es el nombre de guerra con el que la Guardia Civil conocía a Lluís Vila Capdevila, el último activista de la resistencia anti-franquista que fue capturado y tiroteado en Cataluña en 1963. Galter pudo haber visto en Caracremada lo contrario que buscamos en el héroe histórico. No es un Buenaventura Durruti ni un Che Guevara, no es el capitán romántico de un barco tocado y a punto de hundirse como lo suele ser la resistencia en las películas de revisitación histórica. Es, más bien, un superviviente del propio existencialismo al que sucumbe todo ser privado de sus derechos esenciales, en éste caso el de la libertad.

No es una película sobre la Guerra Civil

En Caracremada no sólo no se canta la internacional ni se levantan señuelos rojos; ni siquiera se habla y apenas se respira por encima de los sonidos dictados por el paisaje. Sobre él irrumpen los tiros, pero no es una película sobre la Guerra Civil ni sobre el anarquismo. Tampoco es una biopic.

Estamos, más bien, ante el ejercicio de figurar la historia mínima del fugitivo que hace de su destino una opción vital. No hay épica ni nostalgias en esa historia. Todo el grueso dramático queda en el peso de su ejercicio formal, que aparte de tedioso y duro con el espectador, es valiente y asume todas sus consecuencias.

Asistimos a 90 minutos del día a día de un hombre que se esconde en las montañas, mimetizándose con el paisaje de un Pirineo frío y desolado, aparentemente desierto, y que el ermitaño, huraño y difidente, sabe lleno de ojos perseguidores.

En Caracremada no sólo no se canta la internacional ni se levantan señuelos rojos; ni siquiera se habla y apenas se respira por encima de los sonidos dictados por el paisaje

Cuando el artificio calla, el silencio otorga

Una factura esencial, cercana al cine de iniciación moderna y alérgica a todo manierismo, cubre la humilde hazaña con un documentalismo árido y contenido. Cada plano secuencia tiene su duración precisa, toda la acción ulterior sucede en el fuera de campo, las elipsis nos privan de toda relación con la página histórica, y el inquietante silencio al que nos condena la compañía del prófugo colma la imagen de un espesor inaudito.

Es en ese grueso donde arraiga la poética dura y pesimista del filme. El relato se asienta sobre una dialéctica esencial que bascula, a medida que cada plano se sucede, entre las ideas de supervivencia y de derrota, pero también entre las de existencia y desaparición. La ausencia de diálogos sobre un concienzudo uso del sonido directo y una luz áspera y contrastada deshojan lo que va aflorando, dando a lo contado una forma alternativa a la narrativa clásica.

En paralelo a la rutina del protagonista, que duerme, camina y mastica tubérculos, las imágenes de unas manos anónimas que teclean comunicados policiales en una máquina de escribir nos enseñan fechas progresivas. Es el modo en el que Galter nos hace ver que estamos ante un hombre que, pasado el archiconocido conflicto y en plenos años 60, mantuvo la decisión de seguir viviendo escondido en las montañas. De seguir dando la espalda a un orden ajeno para boicotearlo desde la humilde condición de una individualidad anónima, mucho más insignificante que heroica.

El paisaje de entonces en el Pirineo actual, las imágenes de masías derruidas o abandonadas, la supremacía de la naturaleza y la potencia del clima que adivinamos en una fotografía severa, nos anticipan esa desigualdad de condiciones que condenaron al protagonista histórico. No nos hace falta la presencia del poder político en las irreverentes imágenes de Galter para darnos cuenta de que estamos ante un hombre condenado a desaparecer.

Es curioso notar cómo el autor nos priva del rostro de su protagonista, de gozar del acertado aspecto que Lluís Soler da a ése bucanero de montaña a quien la historia atribuye dimensiones formidables y mirada peligrosa

Lejos de la figuración del héroe o del maquis

Es curioso notar cómo el autor nos priva del rostro de su protagonista, de gozar del acertado aspecto que Lluís Soler da a ése bucanero de montaña a quien la historia atribuye dimensiones formidables y mirada peligrosa. Y es que no es tanto el retrato, tanto más propio del héroe, lo que parece buscar el autor, como la aproximación a lo que realmente pareció ser Caracremada: una presencia escurridiza, que vive sólo para asumir la topografía pirenaica como la palma de la propia mano y para cometer pequeños sabotajes desde su reducto ganado a pulso y cedido honestamente por una naturaleza salvaje y atemporal.

Caracremada es una perfecta impresión sobre el retrato de un disidente, de un hombre fuera de tiempo (no es competencia del filme juzgar o averiguar si estaba o no equivocado) que en ningún momento declara sus ambiciones. Alguien que sólo parece preferir no adaptarse. La Historia es aquí poco más que una excusa de poner en marcha algo.

Antes que un maquis célebre, Caracremada es un ser inquietante, y en su aire misántropo y cavernario, en su poca voluntad al habla, aún en compañía, en el hermetismo tan bien encarnado por Lluís Soler, encontramos el protagonista idóneo para un relato que busca la explotación del lenguaje a partir de la sumisión a unas texturas y unos sonidos poderosamente preexistentes. La presencia del protagonista precede y sustituye el mito (si tuviéramos memoria de él, como en el caso del Quijote de Albert Serra en Honor de Caballería, lo diluiría). En una suerte de simbiosis con los realismos de los inicios de la modernidad, la figuración de Galter busca los vestigios del poder de la imagen.

Embargados por esa reminiscencia, en la Mostra de Venecia, donde el filme fue presentado fuera de concurso, los periodistas extranjeros se preguntaban si Lluís Soler era un actor profesional.

El cine, según Galter, existiría a partir de las formas primarias que nos posibilitan su relato, y la importancia de la autoría estaría en el criterio asumido al intervenir esa materia prima.

El cine según Galter

Al final del filme, la captura y muerte se nos muestran sin ningún atisbo de gloria. Un viejo carro de ruedas conducido por la ley se lleva un cadáver con los pies por delante que viste las botas de Lluis Vila y de cuyos ropajes cuelga su pistola. Se ha dicho que Caracremada podría ser un western, porque es una película cuyas posibilidades se descubren a partir del respetuoso documentalismo por lo real que asume la mirada de Lluís Galter. Sin haberse declarado como tal, Caracremada tiene la muerte del forajido épico.

Una opera prima que se escurre del género y esquiva la ortodoxia a la que el espectador está acostumbrado para ahondar en otra cuestión igualmente esencial. El cine, según Galter, existiría a partir de las formas primarias que nos posibilitan su relato, y la importancia de la autoría estaría en el criterio asumido al intervenir esa materia prima.

Algo que conectaría a Galter con otros jóvenes autores de la emergente escuela catalana, como el ya mencionado Serra (Honor de Caballería, El Cant dels ocells) o Isaki Lacuesta (Cravan vs. Cravan, La leyenda del tiempo). Quizás no en vano el aplauso de Venecia, y el reciente premio Inquiet 2010 para Galter. Mientras los títulos pasan por las salas como cometas y desaparecen de la cartelera con el estigma de la ausencia de público, en algún lugar se habla de nuevo cine catalán.

Escribe Marga Carnicé

 Título  Caracremada
 Título original  Caracremada
 Director  Lluís Galter
 País y año  España, 2010
 Duración  98 minutos
 Guión  Lluís Galter
 Fotografía  Jordi Figueras
 Distribución  Paco Poch Cinema
 Intérpretes  Lluís Soler, Domènec Bautista, Aina Calpe, Andreu Carandell, Carles Garcia, Sebastián Cabello, José Miguel Sánchez, Joan Muntal, Mariona Perrier, Jesís Aymerich
 Fecha estreno  10/12/2010
 Página web  www.pacopoch.cat/caracremada
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