Capitán América: El primer vengador (1)

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Plano entretenimiento 

capitan-america-0Sé que puede resultar complicado que al profano le resulte simpático un personaje como el Capitán América. A su llamativo y sonrojante atuendo debiéramos añadir sus oscuros orígenes propagandísticos, allá por el año 1941, cuando Jack Kirby y Joe Simon lo dibujaron atizando un puñetazo al mismísimo Hitler en la portada de su número uno.

Eran tiempos difíciles y la implicación de los EEUU en la segunda guerra mundial, bien que inminente, no resultaba muy popular. Si el cómic, en su edad dorada, era uno de los medios más accesibles al gran público, parecía obvio que se convirtiera en un instrumento político de gran calado.

Así pues, un personaje como el Capitán América debía encarnar todos los valores norteamericanos sin excepción, con objeto de resultar atractivo y por tanto, digno de emular por los ciudadanos medios. La película, en principio bastante fiel, ha decidido destacar de entre esos valores un exacerbado individualismo (casi todas las misiones las emprende y resuelve él solo o en compañía de pocos), un prominente sentido de la justicia y una defensa de la libertad por encima incluso de toda sumisión al ordenamiento militar.

Pero los creadores cinematográficos, muy conscientes de las antipatías que pudiera despertar semejante cúmulo de profesión patriótica, decidieron con muy buen tino diluirlos un tanto al encarnarlos en un tipo simpático. Steve Rogers parecería, por su aspecto físico, el perfecto antihéroe clásico de no ser porque atesora a su vez algunos de las virtudes más estimables en cualquier tipo sencillo: la honradez, la justicia y la total ausencia de rencor y ansias de venganza. Añadiéndole a ello un espíritu de sacrificio brutal y una fuerza sobrehumana genéticamente inducida, tendríamos a un Capitán América asumible por (casi) todos los públicos y nacionalidades.

Aún así, y por si quedaran dudas a los recalcitrantes, el filme desarrolla una muy estimable capacidad para reírse de sí mismo y de los orígenes propagandísticos del héroe, con escenas impagables sobre la gira de recaudación de bonos para la guerra, que además justifican el aspecto grotesco de un superhéroe que parece disfrazado por el enemigo.

Tendríamos pues casi todos los ingredientes para disfrutar de una adaptación del Capitán América lo suficientemente neutra como para no producir rechazo, siempre y cuando encontráramos un buen enemigo.

Kirby y Simon, los creadores originales, lo tuvieron muy fácil con los nazis, del mismo modo que encontraron serias dificultades para mantener la tensión patriótica una vez desaparecido el demonio teutón. Tras ciertas veleidades maccarthystas, el Capitán América retomó de manos de Stan Lee un perfil de defensa de los valores humanos, por encima de consideraciones políticas.

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En la película que nos ocupa, los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely han optado por un salto temporal que elude los momentos más escabrosos de la caza de brujas y nos traslada desde la época de la incontrovertible encarnación maligna del tercer Reich en el personaje de Red Skull, a la actual en la que los vengadores deban enfrentarse a nuevas amenazas todavía por concretar. Este salto, bien que socorrido, resulta un remedo del efectivamente acontecido en el cómic para situar a Steve Rogers en un nuevo tiempo respetando su condición humana, y por tanto, mortal.

En consecuencia, nos hallamos ante una bien trabada secuencia historiográfica que cumple con las expectativas del origen, no traiciona las líneas maestras del cómic y no defrauda ni a los seguidores más fundamentalistas ni a los de nuevo cuño.

Sin embargo, es notorio que algo falla estrepitosamente en un filme en el que, tal y como nos tiene acostumbrados últimamente la Marvel, todo comienza relativamente bien para luego torcerse sin remedio.

No se me malinterprete: en Capitán América no hay estridencias del tipo de Iron Man 2 o Thor. La realización de Joe Johnston,  aunque recurre demasiado al homenaje propio (Rocketeer) y ajeno (El nido de las águilas, Teléfono rojo, la trilogía de las galaxias o Sky Captain) es correcta, y cumple con la función primordial del entretenimiento. Pero resulta un entretenimiento tan rutinario, tan previsible, que no deja de arrancar bostezos mediado el desarrollo del filme.

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Uno puede aventurar no sólo el final de la película (entre otras cosas porque se nos cuenta al principio), sino qué personajes van a desaparecer de la escena e incluso algunas de las frases que puede decir el protagonista. La secuenciación es tremendamente lineal, alternando excesivas y reiterativas escenas de acción con interludios un tanto insustanciales.

No hay un solo requiebro, una sola sorpresa… una simple chispa de gracia u originalidad. La película incluso parece haberse contagiado de uno de los peores males de la secuela de Iron Man, esto es, su desprecio al enfrentamiento con un más que notable enemigo, ese Red Skull bajo cuya máscara asusta la mirada del estupendo Hugo Weaving.

En esa tesitura, lo único que uno está deseando es que la cosa acabe cuanto antes, para quedarse al final de los créditos a contemplar la escena secreta (la más larga y sustanciosa de las hasta ahora vistas), y rezar para que la película sobre Los vengadores no sea un fiasco. Introducidos los personajes, amortizadas las fuentes originales del cómic en cada una de las precuelas, nos tememos que el resultado sea un pastiche. Odín nos coja confesados.

Escribe Ángel Vallejo

 Título  Capitán América: El primer Vengador
 Título original  Captain America: The first Avenger
 Director  Joe Johnston
 País y año  Estados Unidos, 2011
 Duración  126 minutos
 Guión  Christopher Markus y Stephen McFeely
 Fotografía  Shelly Johnson
 Música  Alan Silvestri
 Distribución  Paramount Pictures Spain
 Intérpretes  Chris Evans, Hugo Weaving, Tommy Lee Jones, Stanley Tucci, Richard Armitage 
 Fecha estreno  05/08/2011
 Página web  http://captainamerica.marvel.com/intl/es/