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BUSCANDO UN BESO A MEDIANOCHE (2)

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Título original: In Search of a Midnight Kiss
País, año: Estados Unidos, 2007
Dirección: Alex Holdridge
Producción: Seth Caplan
Guión: Alex Holdridge
Fotografía: Robert Murphy
Montaje: Frank Reynolds y Jacob Vaughan
Intérpretes:

Scoot McNairy, Sara Simmonds, Brian McGuire, Kathleen Luong, Twink Caplan, Robert Murphy

Duración: 90 minutos
Distribuidora: Sherlock Films
Estreno: 5 diciembre 2008
Página web:  www.midnightkissmovie.com

Soledades compartidas
Escribe Marcial Moreno

buscandounbesoamedianoche1.jpgLa levedad argumental de esta película independiente americana conlleva riesgos evidentes. Cuando la trama está agotada casi desde el principio, entendiendo ese agotamiento como la exposición de todos los resortes que harán moverse a la historia, entonces solo queda para mantenerla en pie un exquisito tratamiento de los sentimientos y una subyugante construcción de los personajes. Ambas son las apuestas que realiza el director, y en los dos casos los resultados son desiguales.

Dejar a dos personajes, desconocidos o no, que hablen y hablen durante todo el metraje es una ímproba tarea que sólo en contadas ocasiones ha conducido al éxito. Existen, claro está, maestros. Ahí tenemos a Bergman o a Rohmer. Y también a epígonos aplicados como el Linklater del díptico Antes de... (a quien por cierto se cita en el apartado de los agradecimientos). En el caso que nos ocupa el producto resultante es, cuanto menos, honesto, sin artificios, aunque se combinen los aciertos (sin duda más numerosos) con los errores.

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Se consigue, en primer lugar, una atmósfera desencantada y triste que hace de los personajes seres dignos de ternura. El blanco y negro de la fotografía se suma al tono grisáceo de la puesta en escena y a la decadencia urbanística de Los Ángeles para transmitir, más allá de la forzada jovialidad de la juventud que retrata, una imagen triste y desesperada. Los sentimientos son por tanto más intuidos que representados.

buscandounbesoamedianoche2.jpgCuando no es así, la película decae notablemente, como en algún que otro exceso lacrimógeno, pero cuando consigue hacerlo alcanza bellos momentos. Es el caso, por ejemplo, del magnífico arranque, el descubrimiento del montaje fotográfico; como lo es la confesión de este montaje por parte de Wilson a Vivian, y la reacción de ésta, en la que podemos leer todo su desamparo tras la fachada agresiva que se esfuerza en mantener. Y, ya casi al final de la película, asistimos a la magnífica escena en la que presenciamos la escucha del mensaje dejado en el contestador por la antigua novia de Wilson, o, lo que es lo mismo, la exhibición casi pornográfica, aunque dotada de gran elegancia, de la desolación de ambos jóvenes. La relación sexual que a partir de ahí se construye podría haber sido un hermoso colofón a la historia, y no el demasiado alargado final por el que opta el director.

La película posee también una potente metáfora, la de los zapatos abandonados, y nos regala con una escena de puro cine, la que se desarrolla en el teatro abandonado (otra cosa es cómo resulta tan fácil acceder a él), en el que Vivian se entrega a Wilson por primera vez quitándose las gafas oscuras que la ocultan, y en la que se comienza a mostar la verdad a través de la ficción de la representación teatral.

buscandounbesoamedianoche3.jpgExisten personajes maravillosos. No lo es tanto el de Vivian, el cual peca de excesivo esquematismo, con una tendencia demasiado acusada a lo sentimental. Tampoco lo es la aparición fugaz y caricaturesca de su novio. Sin embargo resulta mucho más denso el personaje de Wilson, con esa actitud entre derrotada y desorientada que se limita a ver pasar la vida, lejos a pesar de su edad de cualquier esperanza salvadora. En este sentido es muy interesante la escena en la que conoce a Vivian, y la espera a la que ésta le somete mientras entrevista a otro candidato, personaje éste también muy atractivo, aunque su posterior aparición resulte demasiado previsible.

El hilo conductor del relato (con su correspondiente punto de vista) resulta alterado por la confluencia de la historia del amigo (Jacob), opción que no acaba de demostrar su funcionalidad. La yuxtaposición de ambas situaciones no alcanza la coherencia que sería deseable, y no consigue escapar a cierta artificiosidad.

Sin embargo, esta historia nos permite disfrutar del que es quizá el personaje más interesante de la película, la novia oriental del amigo. La desolación soterrada de esta chica, intentando aferrarse a la incierta tabla de salvación que Wilson podría ofrecerle, y claudicando finalmente al futuro gris que su novio le promete, posee una intensidad dramática que no es frecuente ver en la pantalla.

Estamos, en definitiva, ante una película desigual, pero que está hecha, con sus virtudes y sus defectos, desde el respeto al cine, desde el amor al lenguaje cinematográfico, lo cual ya es mucho.

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