Bunraku (2)

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Lucha de poder 

bunraku-1El estreno de la última película de Guy Moshe, Bunraku, está trayendo bastante disparidad de opiniones tras su polémico retraso. El filme que en principio estaba pensado para estrenarse en 2011 se ha ido retrasando en España aprovechando para proyectarse en diferentes festivales.

Puede decirse que al final Guy Moshe ha levantado ampollas con su segundo largometraje: unos lo tachan de falsa copia, otros de vacío, otros de perdido; en lo que la mayor parte de la critica coincide es en alabar su buen hacer estéticamente y en su creatividad visual.

Esta originalidad puede verse ya en el título, Bunraku, un título bastante rarito que al oírlo te hace ir a la enciclopedia para conocer su significado: nombre genérico por el que es conocido el teatro de marionetas japonés, protegido por la UNESCO como bien de la humanidad.

Está claro que es un título bien escogido pese que a algunos les chirríe, pero es que Guy Moshe se ha centrado mucho en la parte formal de su obra y ese género teatral está muy presente desde el comienzo.

La historia nos traslada al futuro de la humanidad, a un lugar al oeste del océano, a una ciudad imaginaria en la que no existen las armas de fuego y en la que varias bandas se van sucediendo en el poder. En el momento en que se sitúa la trama Nicola, “el leñador” y sus nueve sicarios con dotes en artes marciales, son quienes están al mando. El cacique tiene esparcido a todo un ejército de hombres vestidos de rojo por la ciudad que andan a sus anchas. Dos viajeros, un vaquero y un samurái, llegan a la recóndita ciudad con la esperanza de hacer justicia y devolver el honor al lugar y a ellos mismos. Aunque al principio van por su lado, en breve el destino les une tras un objetivo común.

Para desarrollar esta historia y a estos rocambolescos personajes Guy Moshe se ha rodeado de un elenco de actores nada desdeñable.

El vaquero moderno, siempre provisto de sombrero y con buenas dotes para la lucha, es interpretado de forma bastante loable por el atractivo Josh Harnett. Los que seguimos a este actor reconocemos en el personaje al que interpretó en La dalia negra y su cara de miedo ante las alturas recuerda a momentos similares en la otra. Conecta bien con el espectador. Sabe meterse perfectamente en el papel de hombre misterioso que está de paso.

Para su compañero de fatigas, el joven samurái, Hoshi ha contado con Gackt, una conocida estrella del pop. Gackt maneja bien la espada y se mete bastante bien en el papel de hombre sereno e impasible dispuesto a limpiar el honor de su familia.

En los papeles secundarios nos reencontramos con Demi Moroe, algo que aplauden sus fans, ya que hacía años que no se la veía. Interpreta a Alexandra de una forma creíble, una mujer que cegada por el dinero, se convirtió en una prostituta más del malvado Nincola. También aparecen en el filme Ron Perlman en el papel del malvado Nincola, Kevin MacKidd como el número 2 de los asesinos, Woody Harrelson como barman de una cantina del pueblo y hasta Jordi Mollá, que hace de ruso.

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Argumento fallido

Y así, con una idea inaudita y unos actores bastante consagrados, Guy nos envuelve en una trama de algo más de dos horas donde nos sentimos incapaces de etiquetarla en un único género: Spaghetti western, gansters, musical, puntos de humor, comic, videojuegos de lucha tipo Tekem, historieta o fábula, thriller, acción, teatro, artes marciales con samuráis estilo Bruce Lee, algo de animación, matones, bandas callejeras… menudo cóctel explosivo para tan sencillo guión.

Es una lástima que centrarse en la forma, en la originalidad y en el mix de géneros haya hecho que Guy pierda de vista el argumento. El guión no cuenta nada nuevo: la lucha del bien contra el mal, eternos justicieros en busca de venganza y una ciudad corrupta a la que devolver la paz. Esto puede llevar por momentos al aburrimiento, fundamentalmente al principio. Y es que el ritmo del guión es uno de los puntos que ayudan a que éste flojee.

En sus tres partes, la película cuenta con un ritmo diferente. Es verdad que con los créditos iniciales y el comienzo contado con dibujos animados y con voz en off, ya anuncian que en esta historia todo es posible, que podría ser contada de muchas formas y que debemos aceptar cualquier cosa, porque no habla de un mundo actual, sino de un mundo imaginario. Y justo en ese momento se nos presenta a ambos protagonistas. Es ese rato hasta que ambos se conocen y nos meten en una trepidante lucha por conseguir sus objetivos, donde el espectador puede tediarse un poco. Después todo se compensa porque la acción, la lucha, te hacen olvidar los pesados minutos iniciales.  

Por suerte existe una buena dosis de humor a lo largo de todo el argumento que aporta el simpático barman y su diminuto coche. Un tipo que se ríe de la vida, al que mueve el amor y no el dinero y que intenta vivir haciendo lo que más le gusta, servir copas: bebiendo de cada momento de espectáculo que le brinda esa ciudad sin ley.

Por desgracia, otro fallo del guión son quizás algunos diálogos. Nuestros protagonistas justicieros y los malvados también, hablan a veces de una forma un tanto densa, filosófica en extremo. Es como si el director nos los quisiera mostrar como poetas de la vida, donde cada una de sus frases es importante y lapidaria, y eso en una película de acción y lucha que debe ser ligera, chirría un poco. Pero si pasamos por alto este árido lenguaje y nos dejamos llevar a ese mundo imaginario de la mano de su parte visual podemos llegar a disfrutar mucho.

El tema fundamental que trata la película es la venganza. Cada uno de los protagonistas desea vengarse de Nincola. Bien sea por temas familiares, por limpiar una imagen o por ira, tras perder un amor de juventud.

Además apreciamos otros sub-temas como la lucha de poder, el fetichismo y la corrupción, este último con un claro objetivo de crítica social a este mundo, donde el dinero maneja los hilos y donde hasta el amor se puede comprar. Un mundo que se está echando a perder por el mal uso de los privilegios y la lucha de poder.

Temática bastante suculenta, que se deja ver por si quedaban dudas en la escena final cuando el vagabundo dice: “pertenezco a una generación muy jodida. Ni siquiera tengo un atardecer al que encaminarme”, pero idea demasiado escondida bajo tanta lucha y despliegue de efectos especiales para la gran mayoría de crítica y espectadores.

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Efectos especiales memorables

Igual que a mi parecer pasó en Avatar, la película de James Cameron que tanto dio que hablar en 2009 por su escaso argumento y mejores efectos, pasa aquí lo mismo en cierta manera.

La estética está innegablemente muy cuidada. Una excelente fotografía nos muestra que cada encuadre está pensado al milímetro, sin sobrar ni faltar nada. Es preciosa la subida, por ejemplo, en ascensor al casino, igual que preciosa fotografía también, en la primera lucha entre los protagonistas, que termina bajo la lluvia.

Y es que es de aplaudir la originalidad de la idea, la creatividad infinita del director para mezclar géneros de una manera coherente, de regalarnos visualmente unos efectos increíbles; destacando entre otros muchos la conversación de Nicola con su número 2, donde una pantalla de proyección les acerca en el espacio. Sabe además cambiar de escenario con magistralmente y, así, tan pronto estamos a cubierto como al aire libre, en un circo como en una plaza blanca muy cercana a un escenario de teatro.

Moshe es un director que aunque ha encontrado una bella manera de unir en una sola película sus predilecciones por el cine, que enseña sin tapujos, y no tapa sus guiños a muchos de los grandes: Baz Luhrmann, Jean-Pierre Jeunet, Quentin Tarantino, Tim Burton, Takashi Miike, Bruce Lee, Uwe Boll, Robert Wiene, Zack Snyder, Robert Rodríguez… ni a grandes películas, como Kill Bill, Sin City, Moulin Rouge e incluso Cantando bajo la lluvia,

Por ejemplo, igual que Sin City, en esta cuidada estética es de vital importancia el uso del color. Ambos héroes van de negro (elegancia, misterio), en contraste con los malos que van de rojo (sangre, impulsividad). La plaza que es el sitio central del pueblo es blanca (símbolo de lugar neutral) y el coche de nuestro simpático y querido barman, aunque con los efectos de luz llega a ser azul, en su origen es verde, verde esperanza, como toque de positividad que deja entrever un final feliz.

El sonido también es un recurso muy importante en la historia. Ayuda a propiciar una atmósfera de tensión antes de cada combate. Es peculiar cómo cada vez que el vagabundo se toca el sombrero suena un sonido como de cremallera, y cada vez que huele el aroma de un cigarro, también hay un efecto de sonido reiterado que llega a hacerse reconocible y anticipa una dura lucha.  

La música está bien elegida y también es un guiño a míticas canciones como la del juego Pacman.

No quiero dejar de reconocerle a Guy el uso soportable de la violencia, estilo Tarantino. Las luchas están coreografiadas y se pueden observar todo tipo de guantazos: luchas acrobáticas, con bastones, a bofetada limpia, con los puños, patadas de artes marciales, hachazos, sablazos, machetazos… pero lo importante es que a pesar de alguna escena gore como la del ojo o la de los dedos cortados, en general es soportable, recordando cómo en Kill Bill ella con su espada justiciera mata a decenas de japoneses en un restaurante.

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Y algunas perlitas

Y para los amantes de los detalles deciros que el filme cuenta con preciosas escenas estéticas en lugares típicos que tantos nos gustan. Como por ejemplo la partida, la pelea inicial de los protagonistas o la lucha en el circo.

Como película de corrupción y gangsters, no podía faltar la partida de cartas, una partida de suma importancia para el resultado final de la historia. La partida es en su antesala un nido de misterio, no se sabe de qué tipo de juego se tratará, ni las importantes consecuencias que ella desarrollará. Lo mejor es que la tal esperada partida no defrauda ni en lo visual ni en el contenido. En la partida encontramos a los máximos responsables del devenir de la ciudad, toda una metáfora de cómo el azar y el dinero son en realidad los que dominan el mundo, más que otros valores consensuados como correctos; en la partida es donde el héroe destapa sus cartas y se muestra ante el enemigo como un hombre de honor, justiciero que no sabe jugar sucio ni por la espalda. Es el perfil de héroe bueno de todas películas, que enamoran a los románticos, y justo allí lo descubrimos. 

Por su parte, la escena en el circo también es magnifica en ambos sentidos y puede interpretarse una vez más como metáfora de lo que puede ser este mundo: un circo donde los cargos que velan por nuestra seguridad son meras marionetas de los verdaderos poderosos, del dinero.

Tras esta “lucha de poderes” entre el bien y el mal, no sé si el lector sentenciará Bunraku como buen o mal filme, allá cada uno; no me atrevo tampoco a hacer una recomendación general, debido a la disparidad de opiniones que ha levantado; pero sí me atrevo a decir no deja indiferente a nadie. Podrá gustar o disgustar, cada uno se quedará con lo peor de su contenido o lo mejor de su forma, eso es personal; pero puedo asegurar que para nadie que la visione pasará al saco del olvido como tantas muchas.

Escribe Eva Cortés

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Título Bunraku
Título original Bunraku
Director Guy Moshe
País y año Estados Unidos, 2010
Duración 118 minutos
Guión Guy Moshe
Fotografía Juan Ruiz Anchía
Música Terence Blanchard
Distribución Tripictures
Intérpretes Josh Hartnett (viajero), Woody Harrelson (camarero), Gackt (Yoshi), Kevin McKidd (asesino No. 2), Ron Perlman (Nicola), Demi Moore (Alexandra), Jordi Mollà (Valentine), Emily Kaiho (Momoko)
Fecha estreno 20/01/2012
Página web http://www.bunrakuthemovie.com/