Radiografía del dolor
Probablemente, el caso de Alejandro González Iñárritu sea uno de los más flagrantes de sobrevaloración crítica del cine actual. Ya desde su opera prima, Amores perros (2000) quedaron claras las maneras del cineasta: un estilo naturalista, aunque sobrecargado. Buscando el impacto fácil, más que el resorte reflexivo. Subordinando la lógica de los personajes a una caprichosa estructura temporal que, en la gran mayoría de ocasiones, resulta tan vacua como innecesaria. Todo ello encubierto de unas ínfulas de trascendencia que aúnan la crítica social con superficiales atisbos de introspección psicológica, haciendo patente el deseo de Iñárritu por colocarse muy por encima de las historias narradas.
Todo ello ha sido el común denominador tanto de la mencionada Amores perros como de
Sin embargo, hay que rendirse ante la evidencia de que Biutiful significa un considerable salto cualitativo en la trayectoria profesional de un cineasta de quien únicamente se esperaba más de lo mismo. Es evidente que no se trata de una pieza perfecta y que acumula un buen número de errores que, sin ningún género de dudas, menguan considerablemente el resultado final de una película que podría haber dado mucho más de sí. Empero, el balance general es verdaderamente estimulante, convirtiendo Biutiful en una película atractiva, que sabe conducirse con aplomo y serenidad por los derroteros trazados.
Ante todo, cabe decir que esta película no sería lo que es sin el descomunal trabajo interpretativo de Javier Bardem. Poco se puede añadir sobre este actor superdotado, inconmensurable, sino que sabe adaptarse de manera magistral a todo personaje que se le presenta. Un ejercicio de hegemonía cinematográfica, mediante la cual Bardem otorga un aura de insospechada excelencia a toda producción en la que se halle inmerso (independientemente de la calidad de la misma) gracias a su mera presencia en pantalla.
Biutiful no es una excepción a este respecto, ya que las irregularidades de la obra quedan relegadas a un segundo término al observar la interpretación del actor. Su Uxbal es un personaje siempre al límite: al límite de la civilización y el caos, al límite de la legalidad y la ilegalidad, al límite de la felicidad y la tristeza, al límite de la vida y la muerte. Y es esta compleja característica de su personaje la que Bardem sabe exponer mediante una sobriedad absoluta. Una voz que se convierte en un susurro constante, como expresión involuntaria de su dolor íntimo. Un trabajo corporal que se sustenta en los recursos más sencillos (siempre, los más complicados de llevar a cabo), en el calculado estatismo de su cuerpo y, ocasionalmente, en las rotundas explosiones de violencia que, para el personaje, están más cercanas a la necesaria catarsis personal que a una forma de enfocar la resolución de los problemas. Bardem, por consiguiente, se convierte en el centro neurálgico de una película directamente dependiente de su calidad interpretativa. En el fondo, quizá, el mayor acierto de Iñárritu.

Porque Biutiful, como ya se ha apuntado más arriba, aunque atenúa las habituales tendencias del cineasta, no se ve libre de ciertos aspectos, como mínimo, discutibles. El primero de ellos estaría vinculado a sus excesos metafísicos. Un elemento no del todo controlado por Iñárritu y que, sobre todo, en las secuencias iniciales y finales, descubre las habituales pretensiones del director. El film posee un sentido del realismo muy acertado. En ocasiones incluso incómodo. Por ello mismo la integración de unas secuencias que se desvíen de dicho derrotero deben poseer una coherencia absoluta con lo expuesto. Algo que, en esta ocasión, no se da. Los diálogos rimbombantes (en la secuencia inicial en la nieve, que se repite al final) y la planificación excesivamente dependiente de las ansias “creativas” de Iñárritu, terminan por provocar que estas secuencias se vean como innecesarios antojos en una pieza, por lo demás, bien cohesionada.
Otro factor discutible es la excesiva duración de una película que, perfectamente, podría haberse entendido con veinte minutos menos. No es que Biutiful aburra o resulte inapropiada en su ritmo. Lo cierto es que, para durar casi dos horas y media, el film se hace razonablemente entretenido, muy a pesar de que no es ésta precisamente la mayor preocupación de su máximo responsable. Sin embargo, siempre pesa la sensación de redundancia. De que algunas secuencias están excesivamente alargadas (en especial, las que no integran a Bardem) y que hay un cierto descontrol a la hora de dosificar la información, ya que se reiteran demasiados detalles para acentuar el dramatismo y el poso de lasitud con que el film está construido (todo lo que tiene que ver con la enfermedad del protagonista).

Aún así, hay otros momentos de gran intensidad perfectamente expuestos por Iñárritu. Las secuencias en las que Uxbal come con sus hijos o con ellos y Marambra (una excelente Maricel Álvarez), conjugan el deseo de felicidad de todos los personajes con la realidad que les impide llevarlo a cabo. Una realidad que queda en suspenso durante breves momentos en que puedan reposar, disfrutar haciendo planes de un futuro viaje y dejar temporalmente enterrado el dolor que se ha instalado en sus vidas. Iñárritu concibe una planificación serena, desdramatizada. Perfectamente equiparable a las sensaciones que comparten sus personajes aunque, una vez finalizado este breve reposo, vuelvan a la dureza de lo cotidiano.
Al igual que el grupo de chinos que malviven hacinados en la parte trasera de un almacén donde trabajan en horarios inhumanos. Iñárritu siempre inicia el despertar del grupo desde los segundos previos a que los gritos del capataz los saquen de sus sueños. Esos momentos únicos donde todo es silencio, paz, calma y la realidad hostil que les circunda parece algo ajeno y muy lejano. Estos son los grandes logros del director: el contrapunto entre deseo y realidad y la certera manera de materializar momentos puntuales del ánimo de sus personajes mediante concretos detalles de dirección.
Biutiful es, en definitiva, una película muy notable que tiene la gran virtud de desprenderse de los detalles más engorrosos del cine de Iñárritu y quedarse en la esencia de sus propuestas. Algo que no es, para nada, un logro menor habida cuenta de los anteriores resultados en la trayectoria del cineasta.
Escribe Joaquín Vallet Rodrigo
| Título | Biutiful |
| Título original | Biutiful |
| Director | Alejandro González Iñarritu |
| País y año | España, México, 2010 |
| Duración | 147 minutos |
| Guión | Alejandro González Iñarritu |
| Fotografía | Rodrigo Prieto |
| Distribución | Universal Pictures |
| Intérpretes | Javier Bardem, Félix Cubero, Blanca Portillo, Rubén Ochandiano, Martina García |
| Fecha estreno | 03/12/2010 |
| Página web | www.biutiful-lapelicula.es |
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