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Dos cabalgan juntos
Escribe Mr. Kaplan
Un breve prólogo presenta al antagonista: Jeremy Irons mata sin ningún complejo al sheriff y sus dos ayudantes, para defender a algunos de sus propios trabajadores, aficionados a matar y violar (no necesariamente por este orden) a sus vecinos.
Tras unos créditos brevísimos, punteados por una música con resonancias a western clásico, vemos a una pareja a caballo: dos hombres cabalgan juntos, se dirigen a Appaloosa, donde van a desempeñar durante un tiempo indeterminado el papel de sheriff y ayudante, mientras tratan de implantar la ley, el orden y algo de cordura en una tierra literalmente por civilizar.
Una breve voz en off nos habla de ambos personajes, sobre todo de uno, Virgil Cole (Ed Harris, magnífico, como siempre), todo un mito en el salvaje oeste. Quien nos habla es su ayudante, Everett Hitch (Viggo Mortensen, también magnífico... bueno, en este western todos están magníficos). Sólo una pincelada para situarnos. La voz en off no aparecerá nuevamente hasta el plano final del filme.
El breve texto en off es significativo, porque si de algo carece la película es de explicaciones, incluso de diálogos. De hecho, estamos en una película de miradas, de silencios, de pequeños gestos más intuidos que remarcados.
Virgil y Everett llevan tiempo cabalgando juntos, llevando la justicia de aquí para allá, imponiendo la ley. No saben cuánto tiempo se conocen, ni tampoco si algún día se separarán... hasta que una mujer se interpone en su camino: Allison French (Renée Zellweger).
La mujer, un personaje emblemático en el western por su ausencia, adquiere aquí un protagonismo extraordinario, pese a no estar mucho tiempo en pantalla: capaz de adaptarse a cualquier situación para sobrevivir (lo que viene a significar que se acuesta con el macho dominante en cada situación), su actitud tampoco es reprochable y, de hecho, Virgil no lo hace. Acepta que cada cual hace lo que puede para sobrevivir y ellos, Virgil y Everett, saben usar las armas, pero ¿qué pasaría si un día no hiciera falta sheriff y tuvieran que ganarse la vida de otra forma?
Es quizá por eso que Everett está dispuesto a todo con tal de mantener la aureola mítica de su amigo, incluso acudir a las armas de una forma "poco legal" por segunda vez en su vida (la otra vez fue hace mucho tiempo y de ella tenemos noticia por un diálogo con la prostituta del pueblo, papel que recae en Ariadna Gil). Al acabar con Jeremy Irons, no sólo cierra una de las tramas del filme, sino que deja abierta la aureola mítica de su compañero: es el único favor que le pide en la película, que no intervenga en el duelo y Virgil no lo hace.
Ambos son hombres de honor. No piensan en que un día perderán. Tan sólo una vez lo comentan, mientras se dirigen tranquilamente a enfrentarse en duelo a una pareja de matones en Río Seco, un pueblo abandonado en el que sólo la iglesia, la cárcel y el hotelucho (irónicamente llamado Esperanza) parecen mantenerse en pie.
Pocas palabras. Casi ninguna explicación. Sólo una música de Jeff Beal que remite a los clásicos de Elmer Bernstein o incluso a esa extraordinaria partitura de Bruce Broughton para Silverado. Además, se incluye en los créditos finales una canción, interpretada por el propio Ed Harris, que aquí hace las veces de director, actor, productor, guionista e incluso compone esa canción y la interpreta... no es extraño que a alguien le haya recordado al Clint Eastwood de Sin perdón: allí también había respeto por el viejo oeste, una narrativa reposada y unas imágenes impecables.
Porque Appaloosa también cuenta con Dean Semler, ese australiano que se dio a conocer con la saga de Mad Max y se convirtió en el fotógrafo oficial de los grandes paisajes en pantalla ancha tras su Oscar por Bailando con lobos. Cierto que para vivir hay que trabajar y por ello ha iluminado mediocridades como Os declaro marido y marido, Como Dios o El profesor chiflado 2, pero si hay un paisajista oficial en el cine contemporáneo ese es el hombre que ha creado las poderosas imágenes en Panavision de títulos como Waterworld, El último patriota, El Álamo la leyenda, Apocalypto o Appaloosa, en la que, curiosamente, ha abandonado el rodaje digital (con el mítico Genesis) para volver al celuloide anamórfico tradicional, por expreso deseo de Ed Harris, que quería capturar esa esencia del western clásico, incluso en la textura de la fotografía.
Y vaya si la ha capturado: la luz, el paisaje, ese pueblo en permanente construcción (como la casa y la estabilidad de la familia formada por Virgil y Allison, que nunca llega a materializarse), esos indios que montan con silla porque lo hacen sobre caballos robados, o ese pueblo mejicano donde hasta el sheriff es pariente de los bandidos.
La amistad, el amor, el compromiso, la ley, la autoridad, la moralidad... son muchos los temas que sugieren las serenas y bellas imágenes del filme, unas imágenes en las que continuamente se huye del plano-contraplano para mostrar casi siempre a los protagonistas juntos, en el mismo plano, caminando en silencio, sin necesidad de decir nada, ya lo saben todo el uno del otro.
Una excelente idea de puesta en escena que viene a demostrar que Ed Harris (que ya sorprendió a todos con Pollock, su debut como director), es un hombre que sabe pensar en imágenes. Y darnos tiempo para que las disfrutemos. Sin necesidad de explicarnos nada. Todo está ahí, en los precisos encuadres. Todo comienza con dos hombres cabalgando juntos...
Y finaliza con uno de ellos cabalgando solo hacia el sol, hacia el oeste. Tranquilamente, sin prisa. Detrás queda su amigo de siempre, junto a una mujer con la que no sabe cuánto va a durar, junto a un pueblo civilizado... pero esa es una historia que a Everett ya no le interesa.
Una breve voz en off cierra el relato: los dos han dejado de cabalgar juntos. Pero sus vivencias perdurarán en nuestra memoria durante mucho tiempo. Las imágenes, efectivamente, valen más que mil palabras. Y esta película tiene muchas imágenes inolvidables.
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APPALOOSA (4)








