Aprendizaje doloroso
¿Han probado alguna vez el pomelo? Es una fruta que en su apariencia externa parece amable, dulce, similar a la naranja, sólo al probarlo es cuando nos damos cuenta del ligero sabor amargo que nos traslada. An education es un filme que transmite una sensación parecida, en su corteza apreciamos la vitalidad de unas imágenes que plasman la historia de amor y aprendizaje que vive la adolescente protagonista, sin embargo, su interior trasluce la amargura o el dolor que en muchos casos supone esa iniciación.
Inglaterra, 1961. Jenny (Carey Mulligan), una adolescente perteneciente a una familia de clase media baja, se prepara para acceder a la universidad de Oxford. Influenciada por la opinión paterna sabe que su incorporación a tan prestigioso centro es el camino adecuado para diferenciarse de la mediocridad que la rodea. Inteligente, imaginativa y romántica, cuando todo parece encauzado, el destino hace que se tope con un hombre más mayor que ella que trastocará su hasta ahora rutinario espacio vital.
David (Peter Sarsgaard), mitad amante deseado, mitad pygmalion, significará para Jenny la posibilidad de hacer realidad todas sus aspiraciones. Por primera vez siente el amor verdadero que le hace sentirse mujer mientras accede a un mundo de oropeles, un mundo donde poder disfrutar de todo aquello para lo que se está preparando con intenso esfuerzo. David es la tentación, el puente para salvar la autoridad de su padre, el conocimiento más allá de los libros (“la universidad de la vida” como explica David), el riesgo y un largo etcétera de posibilidades que aunados con las latentes capacidades de Jenny se convierte en una combinación irresistible. El atractivo de David no sólo causa efecto en la joven sino que se extiende también a los padres, de esta forma Jenny verá cómo la tímida oposición que ejerce su padre deja paso a una relación cordial en la que confía la vida de su hija a ese hombre que se mueve en un entorno superior al suyo.
An education nos habla sobre la necesidad de elegir nuestro destino y el derecho que tenemos a equivocarnos en ese punto concreto de nuestra vida, la juventud, en la que estamos aprendiendo. Jenny, en su doble papel de estudiante e hija, es receptora de múltiples instrucciones, consejos y ruegos sobre lo que debe hacer para labrarse un futuro adecuado, así desde sus padres hasta los representantes de las instituciones académicas le van trazando la senda de la cual no debe aventurarse a ir más allá.
La aparición de David funciona como catalizador de emociones y hace que Jenny, en aras de obtener lo que siempre ha querido, tanto en el terreno afectivo como en el de la realización de sus sueños, decida apostar por ese amor que puede darle aquello que va buscando con la educación. De hecho, el padre asume la misma postura, pues como su objetivo es el beneficio de su hija, tanto le da que lo consiga a través de la universidad como del matrimonio.

Pero lógicamente, este aprendizaje pasa factura. Mientras que los adultos aparecen dibujados con unos trazos en los que se reflejan las experiencias pasadas y sus consecuencias negativas, con Jenny vamos a ir viendo cómo ese personaje crece y experimenta las cosas buenas y malas que conlleva esa educación, pasando de experiencias inolvidables (“es la mejor noche de mi vida” le cuenta a su madre) hasta los primeros desengaños, tal y como vemos en la escena en que Jenny se percata de que David y su amigo sustraen un valioso mapa del domicilio de una anciana.
Las lecciones, el aprendizaje, de una manera u otra, van haciendo mella y la apuesta por un determinado camino implicará riesgos y sacrificios que al final llevan implícito que Jenny pierda la inocencia. En este sentido, hay una escena demoledora, cuando la joven cumple diecisiete años y en el viaje a París decide perder la virginidad con su enamorado, tras una estupenda elipsis que obvia la noche de amor, Jenny se pregunta cómo puede ser que haya tanta literatura dedicada a ese momento cuando todo pasa de una manera tan rápida.
An education va dibujando la huella que los acontecimientos dejan en Jenny hasta que se llega al punto en que se descubre el engaño, engaño que en realidad sufre la joven pues el resto de personajes, desde el propio David, sus amigos, su profesora, la directora del centro o sus padres, ya eran conscientes (el propio padre lo reconoce en la dolorosa escena en que habla con su hija tras la puerta cerrada de su habitación).
Podría pensarse que la tesis del filme es despreciar el aprendizaje personal en aras de la verdadera educación que viene dada por el conocimiento académico e institucional, pero realmente lo que nos está diciendo An education es precisamente que la educación es un concepto más amplio. Jenny tendrá su oportunidad y finalmente, introduciendo el punto de vista de la propia protagonista a través de una voz en off que denota el paso de los años, sabremos que sus objetivos se han cumplido.

Aprender de los errores pasados
Una de las ventajas de este filme es que plantea varias posibles lecturas al margen de su trama principal. En este sentido, An education sirve también para considerar la trayectoria de su autora, Lone Scherfig. La directora danesa, a la que conocimos por su primera película adscrita al movimiento dogma, Italiano para principiantes, parece que al igual que el personaje de su película aprende de las decisiones tomadas en el pasado.
En el siguiente filme que dirigió tras su exitosa ópera prima, Wilbur se quiere suicidar, ya se podía apreciar el cambio estilístico respecto al primero, y esa tendencia se acrecienta ahora con An education pues el sabor clásico que desprende toda su estructura nos llama poderosamente la atención. Es un clasicismo que se extiende por toda las imágenes y que podemos encontrar en los minuciosos y cuidados detalles con que está plagado el guión y del que podemos destacar dos ejemplos. Para equiparar la figura del padre y la de David, ambos emplean la misma frase para justificarse ante Jenny (el dinero no crece de los árboles) o también la forma en que está preparada la importante escena donde Jenny descubrirá en la guantera del coche el secreto de David, es decir, para que no resulte llamativo que ella abre la guantera de una manera artificiosa, con anterioridad, Jenny ya había repetido el gesto para coger unos cigarrillos. Son dos ejemplos de cómo se cuida la narración.
La realización y la planificación están cuidadas con el mismo detalle. A lo largo de todo el filme tenemos unas bellas panorámicas y movimientos de cámara sobre los personajes con ligeros desenfoques que destacan en cada caso al protagonista. Es decir, en un filme de abundante diálogo hay insistencia en contar las cosas a través de la imagen.
Un botón de muestra lo tenemos en el momento clave de la película donde David debe afrontar su mentira, oímos el ruido del motor del vehículo que nos indica que se va, y entonces sobre la cara de los personajes principales (Jenny y su padre) que permanecen en la oscuridad se proyecta el reflejo de la luz de los faros. Con ese pequeño detalle la película nos está diciendo que se acaban de dar cuenta de la verdadera situación (han visto la luz).

¡Qué aburrida es Inglaterra!
Y para terminar no podemos dejar de señalar que An education nos habla también de un país que se encuentra en el umbral de vivir un terremoto social y cultural. La película se sitúa en el año 1961 y aunque la génesis de The Beatles ya se ha producido, no será hasta dos años más tarde cuando se produzca la verdadera eclosión del fenómeno musical pop. The Beatles tuvieron su primer apoyo en la figura de su manager Brian Epstein. Éste, mayor que ellos, se encargó de su educación más allá del aspecto musical. Con recursos económicos, pues su familia era adinerada, ejerció de mentor en estos primeros años con el cuarteto de Liverpool, instruyéndoles en aspectos que giraban en torno al mundillo cultural (exposiciones, libros, cine). Es un tema que se ajusta perfectamente en el universo creativo del guionista, y también escritor, Nick Hornby.
El personaje de David tiene una imagen calcada del aspecto real de Brian Epstein (pelo, traje oscuro, corbata) y no parece descabellado pensar que An education establece un paralelismo entre realidad y ficción. Hay un momento en que Jenny, hablando con David, habla de su vida y comenta “qué aburrido es este país”, valorando lo que David ha significado para ella y como le ha facilitado la apertura a nuevas cosas. Cómo Epstein haría con The Beatles. Por cierto, ¿saben en qué año Epstein firmó su primer contrato con The Beatles? En 1961. Y también era judío.
Excelente película, con un reparto absolutamente ajustado a las necesidades del filme y que incluye a una actriz a la que tendremos que seguir pues llena toda la pantalla, y donde la narración mantiene el frágil equilibrio existente entre el deseo y la obligación, el valor del aprendizaje, la necesidad de la educación como garantía de independencia personal, y también, la posibilidad de afrontar la vida a pesar de los desengaños y equivocaciones.
Escribe
| Título | An education |
| Título original | An education |
| Director | Lone Scherfig |
| País y año | Reino Unido, 2009 |
| Duración | 95 minutos |
| Guión | Nick Hornby |
| Productores | Finola Dwyer, Amanda Posey |
| Distribución | Sony Pictures |
| Intérpretes | Carey Mulligan, Peter Sarsgaard, Dominic Cooper, Rosamund Pike, Alfred Molina, Cara Seymour, Emma Thompson |
| Fecha estreno | 26/02/2010 |
| Página web | www.sonyclassics.com/aneducation/ |