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En busca de sensibilidad
Escribe Daniela T. Montoya
A Gabriel Velázquez no le amedrentaron las críticas recibidas por su anterior película, Sud Express (2005), realizada junto a Chema de la Peña. Fundamentalmente, éstas se centraban en la extraña mezcla que hicieron recogiendo gente anodina para que, basándose en la proximidad (física, de gestualidad, por experiencias, etc.), interpretaran el papel de lo que podría ser su propia vida. Así, lo que bien podía ser filmado como documental, sin más, pasaba a articularse sobre un enrevesado andamiaje que satisfacía los deseos narrativos de la pareja directora. De ahí, los que clamaron contra la artificiosidad que impregnaba Sud Express, al forzar la realidad para que encajase en esta historia poliédrica en torno a las vías del tren.
Pero, aún así, es innegable que hay veces en que ningún actor o actriz es capaz de suplir el carácter que una persona, avezada a vivir determinadas situaciones, puede imprimir a un personaje próximo a su propia existencia. Por ello ahora con Amateurs, su primer largometraje en solitario, Velázquez retorna a esos actores no profesionales que, si bien produce extrañeza verlos interpretando algunas acciones, también son ellos el poso de realidad en el que reside la verosimilitud del relato.
Amateurs es la historia de un encuentro. Es la unión de dos personas cuya distancia, en todos los sentidos, haría impensable que llegasen a convivir bajo el mismo techo destartalado. Por un lado, Blanca (Emilie de Preissac), una joven estudiante de 16 años que reside en la marítima ciudad gala de Marsella. Por otra parte, Julio Nieves (Francisco Luque), quien subsiste en el barrio madrileño de Vallecas a la espera de su inminente jubilación como capataz de la construcción.
Ella, desborda tanta energía que aprovecha incluso los recados cotidianos para practicar su pasión: correr. Él, al caerse en la ducha, empieza ha ser consciente de los achaques de la edad y de que no cuenta con nadie que le pueda cuidar. Ella, joven hija, quien a toda costa ansía conocer a su padre, irradia entusiasmo. Él, hombre maduro, huraño y un poco osco, empieza ha ser desoído por su cuadrilla del trabajo. Personajes opuestos, pero a la vez complementarios, son plena antítesis de individuos necesitados de afecto.
Los paisajes ruinosos envuelven el encuentro entre Blanca y Julio. Moviéndose al margen de idílicos decorados de cartón-piedra, lo ordinario se impone en la relación que establecen. Blanca se ha escapado de casa y, con tan sólo una dirección anónima como brújula, se planta ante el portal de Julio solicitando acogida. Éste, con escasos recursos hasta para sí, hace alarde de su mejor verborrea para convertir un sucio colchón en el suelo de la despensa en una acogedora habitación. ¡Todo un despropósito! Pero no más que la continuación, por conveniencia, de la farsa. Incluso tras haber constatado que no hay vinculación de sangre.
Aunque subsana ciertos errores de su anterior experiencia en Sud Express, como la reconcentración en un par de personajes para evitar la dispersión, puede que en Amateurs siga chirriando la invención de algunas situaciones en las que se implica a estos actores no profesionales. O, también, que el desparpajo con que se mueve y, sobretodo, habla Julio sobresalte a más de uno. Pero de lo que no cabe duda es que Amateurs es una película entrañable.
Una película a tener en cuenta por las maneras que muestran sus responsables, Velázquez y Blanca Torres, colaborando en el guión. Aferrándose a una estética naturalista, y sin grandes aspavientos, alcanzan a exponer la hondura de estos principiantes en eso de dar y recibir cariño.
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AMATEURS (3)








