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23-F (1)

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Falseado documental

23-F, de Chema de la PeñaChema de la Peña es un eficiente director de documentales cuyos largometrajes de ficción bordean en muchas ocasiones el filo documentalista. Semejante deformación profesional no debiera ser un obstáculo para rodar uno de los episodios más interesantes de la historia reciente (si por reciente entendemos, claro está, aquello que se circunscriba a los últimos treinta años), en tanto que su profusa y detallada reconstrucción judicial y periodística ha suministrado abundantísimo material para ello.

Es más, en manos de un profesional templado, podría ser una vía que diera salida por un lado a la ingente cantidad de información (no siempre alejada de la tentación especulativo – conspiranoide) y por el otro a la profundísima huella emocional que aquel acontecimiento dejó en la sociedad española.

Sin embargo, esa labilidad profesional corre también el riesgo de ortopedizar un producto que no sabe bien si deslizarse por las sendas de lo dramático o por los vericuetos de lo real, esclerotizando la vía emocional con la sobreabundancia de datos y de escenarios o impostando la historia con la sobreactuación de unos personajes de los que apenas conocemos sus motivaciones más allá del tópico cuartelero y salvapatrias de los que no querían dejar a España caminar sola al albur del terrorismo y la amenaza roja.

23-F de Chema de la Peña es más bien un ejemplo de esa segunda vía, y lamentablemente acaba por revelarse como una ocasión perdida para dar a conocer a las nuevas generaciones la tensión social que originó la posibilidad involucionista y lo costoso de la construcción de una democracia de la que aún cabe sospechar que no está del todo acabada.

Al menos dos frentes forman el dibujo de la batalla perdida del realizador salmantino:

Por un lado, 23-F no funciona como relato “didáctico”; para todo aquél que no conozca ni los antecedentes ni la estructura del estado franquista y la transición democrática, resulta un galimatías inescrutable… pero es que además, para el que no haya buceado en sus pormenores, la multitud de cabos sueltos y sobrentendidos es lo suficientemente grande como para perder el interés por lo que sucede en pantalla más allá del congreso de los diputados: ¿Quién puede saber lo decisivo de la no intervención de la acorazada Brunete si no le explican que con ella se pensaba, como Milans con Valencia, tomar Madrid a las bravas? ¿Quién de lo dilatado en el tiempo de la comparecencia del Rey, si no se explica la intención de dar una respuesta unitaria desde todas las regiones militares, que se debatían entre apoyar o defenestrar el golpe? ¿Por qué precisamente esos cinco diputados encerrados en una sala del congreso? ¿Por qué un Gobierno de concentración? ¿Por qué un Gobierno provisional encabezado por Laína? ¿Quién era Juan García Carrés? ¿Dónde estaba el CESID?

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Un sinfín de interrogantes que muchos podemos conocer, pero que no averiguaríamos visionando 23-F, y que tienen una importancia capital en el desarrollo de la historia.

Por otro lado, la película pierde credibilidad a chorros desde el momento en que prefiere la veracidad fisonómica a la verosimilitud actoral y dramática; es decir: hay algunos actores que se parecen muchísimo a los personajes reales (Carrillo, Juste, Aramburu Topete, Sabino Fernández Campo o incluso Juan Carlos I), y que incluso resultan bastante creíbles en su dramatización… pero hay otros, curiosamente los más consagrados, que se desangran en sobreactuaciones ridículas y que quizá por su adscripción ideológica construyen un retrato histriónico poco acorde con la supuesta seriedad del proyecto: estoy pensando en el Juan Diego que encarna a un general Armada apocado, miserable y tembloroso, que no tiene por qué casar con el cinismo y el maquiavelismo del personaje real, o incluso en un Paco Tous que da vida a Tejero, y que deambula con los ojos desorbitados durante todo el metraje lanzando vivas a España que no dudo que se diesen, pero que resultan demasiado impostados en una película con pretensiones. Para no cargar las tintas contra Tous, debe decirse que por momentos consigue transmitir el espíritu de Tejero, cosa que desde luego no logra Juan Diego.

Es de justicia recordar en este momento el precedente que sobre el mismo tema realizó Televisión Española (bien que con la ventaja de contar con una hora más de metraje), que sí conseguía mantenerse a flote allá donde 23-F naufraga. En 23-F, el día más difícil del Rey, el Milans interpretado por José Sancho alcanzaba todas las cotas de verosimilitud al mismo tiempo que conseguía transmitir repugnancia y rechazo hacia su personaje, constituyéndose en todo un ejemplo de interpretación correcta, tal y como pudiera serlo el Adolf Hitler de Bruno Ganz en El hundimiento, y un modelo a seguir para dar vida a individuos tan controvertidos sin resultar cómico o falso.

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Es cierto que al telefilme puede reprochársele un cierto tufillo hagiográfico hacia el monarca, pero lo hace sin soslayar los momentos de duda, miedo e incertidumbre del Rey, así como de la ascendencia intelectual y moral de ciertos generales, como Armada, y la decidida participación de otros actores en el desenlace del golpe.

Sin embargo en el 23-F de De la Peña nos encontramos con un rey Juan Carlos resuelto, heroico, nada dubitativo y que toma él mismo todas y cada una de las decisiones que llevaron a desmontar desde Zarzuela (y nada más que desde Zarzuela) la intentona golpista.

Una interpretación demasiado benévola que nos muestra al monarca como el salvador de la patria, y que en ese sentido poco tendría de qué diferenciarse de los golpistas excepto en que él regía los destinos de España desde el lado correcto. Sin restar los méritos que pudo tener el soberano, cabe otorgar a muchísimas otras personas una participación decidida en el fracaso de la asonada, toda vez que en la película no se haga mucho por reconocerlas.

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Así pues 23-F fracasa en su intento de resultar esclarecedora, además de pasar más que desapercibida en su validez artística y en su pretensión de homenajear a los protagonistas. Cabe pensar en qué hubiera podido hacer un mejor realizador con semejante material histórico, pero eso quizá sea cuestión de dejarlo para el cincuenta aniversario.

Hasta el momento, la literatura ha resultado vencedora frente a la cinematografía, y para todos aquellos que no sientan esclarecidas sus dudas por la obra de Chema de la Peña, me permito recomendarles el libro Anatomía de un instante, de Javier Cercas: al menos sobre el papel, los personajes no gesticulan hasta desencajarse.

Escribe Ángel Vallejo

 Título  23-F: La película
 Título original  23-F: La película
 Director  Chema de la Peña
 País y año  España, 2011
 Duración  120 minutos
 Guión  Joaquín Andújar
 Fotografía  David Azcano
 Música  Antonio Fernández
 Distribución  Warner Bros.
 Intérpretes  Luis Callejo, Fernando Cayo, Juan Diego, Manolo Solo, Luis Zahera, Paco Tous
 Fecha estreno  25/02/2011
 Página web  www.23flapelicula.com

 

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