Todas las macrocrisis económicas dejan un impacto profundo y permanente. Además de las catástrofes personales, uno de sus rastros más visibles son las imágenes que nos aportan.
El cine también ha sido testigo fidedigno de las malas artes de los tramposos financieros y sus consecuencias. La película Qué bello es vivir, rodada por Frank Capra en 1946, nos ofrece un ejemplo de esas malas prácticas bancarias. George Bailey (James Stewart) un honrado y modesto ciudadano que dirige un pequeño banco familiar en Bedfors Falls, es acosado por un poderoso banquero que persigue arruinarle, hasta que finalmente lo consigue.
Las uvas de la ira, dirigida por John Ford es otro admirable testimonio de las consecuencias de las crisis económicas. Esta película se basa en un reportaje escrito por John Steinbeck en 1939 por encargo del periódico The San Francisco News. Narra la historia de una familia entre los miles de inmigrantes de Oklahoma, Kansas o Tejas, que perdieron sus granjas por la desgracia enroscada en
En la actualidad, una vez más esa voracidad de los banqueros ha generado una pesadilla global, desde el más absoluto desprecio por lo ajeno y los principios éticos o morales. Y de nuevo el cine ha vuelto a ser fiel informador de los desmanes de los delincuentes financieros.
Inside Job, el recientemente oscarizado documental de Charles Ferguson, es un excelente ejemplo.
Uno de los aspectos más lacerantes que este filme constata es el papel jugado por académicos, políticos, periodistas y economistas reconocidos, actuando como piezas necesarias en el encubrimiento de los gangsters financieros. La impunidad con la que se justifican los actos de pillaje perpetrados por banqueros ya multimillonarios, produce un gran escalofrío.
El cine también hoy sigue siendo un testigo ineludible.
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Luna nueva (3): Las crisis económicas, sus causantes y el cine







