miércoles 23 de mayo de 2012

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XXXII Mostra de Valencia (4): gala de inauguración

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De la austeridad al terrorismo mediático  

urbizuEl acto de inauguración de la 32 edición de Mostra Valencia se celebró en el Palau de la Música bajo la pauta de la sobriedad y la funcionalidad. En unos tiempos mediatizados por la crisis, la gala discurrió entre el glamour propio de estos actos, con una alfombra roja sin excesivos nombres conocidos, y donde no acudió prácticamente ningún público más allá de los medios profesionales, y la practicidad de una ceremonia basada en lo funcional.

Presentada por una solvente Cayetana Guillén Cuervo y apoyada en el montaje de diferentes videos con un ritmo trepidante que se proyectaban en la pantalla, la ceremonia fue entretenida aunque lastrada por el exceso de programación, que hizo que los ciclos se presentaran uno detrás de otro sin diferenciarse en exceso.

Junto a la presentadora, en el escenario se pudo ver a Juan Mariné hablando de su amigo Juan Piquer, recientemente fallecido y uno de los directores homenajeados; un número musical, formado por un dúo de piano y voz, basado en el homenaje a James Bond; el director Enrique Urbizu, al que le hizo entrega de la Palmera de Oro su amigo Sancho Gracia; y Daryl Hannah que recibió su también su Palmera de Oro de manos de María Lidón Luna y Michael Radford, que la dirigieron respectivamente en Yo puta y Dancing at the Blue Iguana.

Urbizu recordó su paso por la Mostra hace 25 años cuando empezaba su carrera y la actriz de Kill Bill se mostró simpática farfullando unas palabras en español referidas a las bondades de nuestra tierra.

Tras la presentación de los ciclos y los homenajes, este año la ceremonia se clausuraba con la proyección del excelente filme de Oliver Assayas, Carlos. El propio director francés estuvo presente en el escenario presentando el filme que se exhibirá en el festival tanto en su versión cinematográfica —la que se va a distribuir en nuestro país— como en la versión completa original basada en su formato televisivo y que se acerca a las seis horas de duración.

Escribe Luis Tormo

mostra_inauguracion

Carlos, el filme de Olivier Assayas
Terrorismo mediático

La Mostra se inauguró con una buena película. La nueva del director de la apreciable Las horas del verano. Muy distinta, sobre el papel, a aquélla. Realmente diferentes modos de hablar del proceso del mundo, o de la sociedad, en que vivimos.

Carlos con ese añadido de el filme, es, en realidad, la versión corta de un proyecto de cerca de seis horas, que Assayas escribió y realizó, en principio para cine, sobre los años en los que trascendió la figura del terrorista llamado Carlos. La dificultad de explotarla comercialmente llevó a realizar un nuevo montaje reduciendo lo que sería el equivalente de tres películas a algo menos de tres horas. La versión larga estrenada en cines, junto a la corta, en algunos países ha pasado a formar parte de lo que se denominaría (mini) serie televisiva. Nos ceñiremos aquí la versión corta, ya que no conocemos la larga.

Carlos es un excelente filme que puede ser que beba en parte (muy lejana) en la reciente Che, pero que la supera tanto en calidad como en la amplitud de su discurso. Assayas se ha centrado en los años que van desde la primera mitad de los setenta hasta más allá de los noventa. Veinte años que marcan la evolución de un personaje y la del mundo en el que vive. Un proceso que nos asoma a la creación de un ser y a su posterior caída como producto de su sentido ególatra.

Carlos comienza con un atentado y concluye con la captura del personaje principal. Entre medias toda una propuesta clara como forma de asomarnos a la Historia, de conocer sus entresijos. También los del poder mecido por las conexiones entre los grupos terroristas de los diferentes países.

El protagonista crea un personaje que termina devorándolo. El momento en que se admira, se vanagloria de su figura, le lleva a crear un nombre que será con el que será conocido y temido.

Excelentes secuencias como la del secuestro de los delegados de los países exportadores de petróleo en Viena van dibujando a un personaje que actúa de acuerdo al papel que él mismo se ha escrito. Su subida, ensalzada por la propia curiosidad de los medios, precipitará también su caída incapaz de comprender cuáles son sus límites.

Quizá en el debe del filme habría que poner algunas lagunas, tanto en la narración como en el desarrollo de algunos instantes. Probablemente debido a la lógica eliminación de metraje.

Aun con objeciones, se trata de una película brillante sobre la que habrá que volver cuando (ya mismo) se estrene en nuestros cines. Y que además se ve, a pesar de su metraje, sin esfuerzo. El interés es grande

Escribe Mister Arkadin    

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