miércoles 23 de mayo de 2012

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XXXII Mostra de Valencia (13): Veredicto final

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Deshojando la margarita

king_devil_island-2En los días en que se celebraba la Mostra murió uno de los grandes directores del cine americano, Sidney Lumet; el último superviviente de la generación de la televisión.

Fustigador de la falsa moral, de la corrupción viniera de donde viniera, retratista de un mundo en descomposición, de unos medios de comunicación sensacionalistas, de, en fin, cualquier cosa que se opusiera a la libertad. Su obra cinematográfica se abrió con la esplendida 12 hombres sin piedad y se cerró con la menos excelente Antes que el diablo sepa que has muerto.

Un cine exquisito, según la idea que rige los criterios, de la acción y aventura en la nueva Mostra, para el certamen si Lumet hubiera seguido realizando películas. No habría tenido rival. No era ya su momento, claro. Lumet era de otra época.

De todas maneras la Mostra debería haber tenido la delicadeza de, al conocer su muerte, dedicarle dentro del certamen una sesión especial como recuerdo y homenaje a su amplia obra. No hubiera sido nada difícil encontrar alguno de sus emblemáticos títulos. Se lo merecía y la Mostra hubiera sabido estar a la altura exigible a un certamen serio. Tal recuerdo se hubiera hecho en los festivales grandes y en varios más. En caso de que no se hiciese la prensa acreditada lo habría afeado. Aquí ni se hizo, ni se criticó. Un desprecio hacia el cine y hacía un realizador que no era un cualquiera para ser ninguneado. Aparte de que su cine, como ha quedado dicho, era en gran parte de acción.

La prensa ¿acreditada?, los medios presentes en el certamen no dijeron nada sobre esa falta de saber hacer de la Mostra cuando el momento lo requería. ¿Qué prensa y qué medios había en la Mostra? Cantidad, según el decir del director del certamen, que al parecer no está dispuesto a escuchar críticas, como lo demostró en su comparecencia en el acto de lectura de los ¿premios? Cada pregunta parecía molestarle.

La cantidad de personas acreditadas no dice demasiado. Como en el certamen se ha primado la abundancia a la calidad. Cuantos más acreditados de prensa mejor, parece haber sido la máxima. Cualquiera, para engrosar la lista, podía ser acreditado, aunque su contribución mediática fuese tan sólo redactar una hojita para dar los buenos o los malos días.

Salomón Castiel, el director del certamen, aseguró que este año hubo nada menos que 397 periodistas acreditados frente a los 281 de la Mostra de octubre. La pregunta que podemos hacernos es lo misma en ambos casos: ¿dónde se metían esos cientos de periodistas a la hora de las ruedas de prensa o de los pases de prensa? En los pases de prensa nunca hubo más de treinta personas. En algunos (como en el pase de la película noruega ganadora del premio de acción y aventura) no se superó la docena de personas presentes en la sala. Lo mismo ocurrió en las ruedas de prensa. Como, además, se eliminaron fiestas que es donde todo el mundo suele acudir para dar buena cuenta de canapés y bebida, no se puede tener una idea muy clara de la cantidad real de los profesionales, en cuanto críticos de cine, presentes en este certamen.

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Suponiendo que el número proclamado por el director del certamen sea cierto habría que preguntarse cuántos de estos periodistas eran primeras espadas de la crítica… El telón caería enseguida si tales personajes tuvieran que presentarse. Acaso uno de los únicos fue un solitario Carlos Pumares, tan inoperante y escasamente profundo y fiable como puede serlo, por ejemplo, Carlos Boyero (con más gancho entre cierto público) con el que comparte poco más que falso enciclopedismo.

El ejemplo de la falta de personal, lo encontramos en la (escasa o nula) cobertura que la prensa local o de fuera ha dado al certamen. Y no digamos el silencio de las televisiones, excepto suponemos la vergonzante Canal 9, sólo preocupada de inciensar a sus jefes políticos.

Castiel, además, da muestra de una gran confusión al mezclar festivales y fechas. Lo que sí parece es tener una gran obsesión con aquel certamen que él inició, y de donde se fue o le vetaron, vaya usted a saber, como es el de Málaga. Según dijo es el único que (casi) cohabita en abril con la Mostra. Lo que supone, naturalmente, que Valencia no podrá contar con filmes españoles en las secciones oficiales.

El claro ejemplo lo encontramos en la programación de esta 32 edición. Sólo un filme (¡y qué filme!) se podía considerar en una pequeña parte (era fundamentalmente argentino) de producción española: Pecados. En algún otro título trabajaba alguna actriz española (Elena Anaya o Lola Dueñas) pero las producciones eran de otros países. El cine español en sus secciones oficiales no tuvo pues representación. El país que más filmes presentó fue Francia. Nada menos que tres películas a Panorama Mediterráneo, cuatro a la sección acción y aventuras, el mismo número que en Mostra Premiere.

Con todo Castiel debería tener claro que en abril la Mostra no sólo compite con Málaga sino con otros certámenes. Los españoles de más enjundia, entre otros, serían el de Las Palmas (auspiciado además en parte por una revista de cine seria como Cahiers du Cinéma España), el de San Sebastián sobre valores humanos y, últimamente, el de cine de autor de Barcelona (sustituye curiosamente al de cine asiático). Y muy cerca en el tiempo aparece la gran sombra de Cannes. Casi nada. 

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Unos premios berlanguianos

Como todos sabemos los premios actualmente en la Mostra de Valencia se dan sin jurado. La forma de votar, o de contar los votos es una incógnita. Cuando se dieron a conocer los premios no se dijo cuál era la puntuación obtenida por los filmes premiados ni cuántos votos recibieron.

Unos premios que, por la forma de concederse en sus dos modalidades (público y crítica), carecen de valor alguno en el mundo de los festivales de cine. Este tipo de votación, en sí, es inútil aparte de estar contaminada. Y no digamos por la forma en que se lleva a cabo en este certamen. Verán: en cada sesión unas azafatas insistentemente, una y mil veces, ofrecían la hoja para la votación. La entregaban en la entrada, en la sala, a la salida de las proyecciones. Cada espectador podía recoger cuantas hojas quisiera.

El sistema era el mismo en las sesiones para el público que en las de la crítica (en los pases de prensa se le entregaba a cualquiera que asistía sin preguntar a qué medio representaba) con el agravante que en las sesiones (la mayoría de Panorama Mediterráneo) en las que se juntaba el pase de prensa con el pase para el público el caos votacional era aún más alarmante.

Para hacerlo aún mas esperpéntico, la hoja entregada contenía siempre todos los títulos de la sección (o de acción y aventuras o panorama mediterráneo). A continuación del título aparecían unos números que iban del 1 al 5. De acuerdo a ese sistema cualquiera, podría votar cuando le apeteciese, cualquier filme y no el visto en ese momento. En otros festivales, donde se da el premio de público, la hoja para votar sólo contiene el título que se proyecta en ese día y a esa hora y la hoja cumplimentada (sobre el filme visto) sólo puede entregarse a la salida de la correspondiente proyección.

De todas maneras, se debe insistir en que unos premios otorgados así carecen de rigor y de prestigio. No sirven para casi nada. De todas maneras pasamos a indicar cuales fueron:

tropa_elite-2Premios del público:
El rey de la isla del diablo de Marius Holst (película noruega presentada en la sección acción y aventuras), y Pequeñas mentiras sin importancia de Guillaume Canet (filme francés de inmediato estreno visto en la sección Panorama Mediterráneo).

Premios de la crítica:
Tropa de elite 2 de José Padilha (Acción y aventuras), Angéle y Tony de Alix Delaporte (Panorama Mediterráneo).

Como no hemos visto todos los innumerables filmes programados no podemos comentar nada sobre lo acertado o lo errado de los premios. Lo que sí podemos decir es que El rey de la isla del diablo es una película sólida e interesante.

De todas las maneras los dos filmes más interesantes que vimos en estos días estaban fuera de concurso. Unos títulos de inmediato estreno, tan inmediato que al día siguiente de terminar el certamen, se estrenaban ya en España. Me refiero a Carlos de Assayas, que ya comentamos cuando se proyectó el primer día del certamen, y la tan curiosa como divertida película Código fuente de Duncan Jones (hijo de David Bowie), un ejercicio hitchcockiano, mezcla bien hilvanada de varias películas (Atrapado en el tiempo y Desafío total sobre todo), y con toques de otras (incluida Johnny cogió su fusil), cuya crítica ya tenéis disponible en Sin perdón, nuestra sección de estrenos.

Un certamen, éste, que camina por la senda de determinados intereses a mayor gloria de los grandes eventos y que sólo (como la mayoría de ellos) es apariencia. Camina mortecino oficiado desde la más absoluta dejadez fílmica con la ayudantía de unos cuantos, de esos que se cambian de chaqueta según el viento que sopla y que han venido a comer opíparamente ante los graznidos insistentes de doradas gaviotas.

Un festival que pone en evidencia y contrapone valores tan opuestos como dignidad, humildad, arribismo, engreimiento, dispendio y venta de favores. Un toma y daca con dinero de por medio. Y es que como dijo no se quién en aquella película: cada uno (y cada cosa) tiene su precio. Otros soñadores eternos pensamos que la libertad de pensar y de obrar está por encima de ello.

Adiós, pues, a otro año tan inflado como perdido de la Mostra de Valencia, mientras se esfuman los últimos inciensos, repasamos brevemente los dos últimos títulos que visionamos:

El rey de la isla del diablo de Marius Holst
La difícil libertad

king_devil_island-3Premio del público al mejor filme de acción y aventuras. Y probablemente tal premio es un total acierto. Su proyección supuso toda una sorpresa, al proceder de una cinematografía prácticamente desconocida para nosotros, como es la noruega.

Cuenta la vida de los internos de un reformatorio en una isla en uno de los fiordos, a principios del siglo XX. Con un cierto aire que recuerda, pero muy contenido, al Haneke de La cinta blanca, el filme trata de mostrar la crueldad de un sistema, lo perverso de la (falsa) educación y corrección de unos jóvenes que viven en unas condiciones extremas sujetos a una férrea (e inhumana) disciplina.

La llegada de un nuevo joven al lugar generará todo un proceso de comprensión sobre el estado de sometimiento, donde la lucha por la verdad no deja sino ver la cara de la hipocresía o el ocultamiento de los regidores de aquel lugar. Sugerente, repleta de silencios, muestra en su final fotos antiguas de las tareas en aquel infierno. Y es que tal sitio existió.

Cine y realidad (ficcionada) se dan la mano. La rebelión final será acallada en casi su totalidad —en una secuencia bien filmada— por la intervención masiva del ejército noruego. Una presencia desproporcionada en su afán de someter a unos jóvenes que tratan de mostrar al mundo, o al menos al país, que son algo más que un número.

Entre la mirada a un barracón de militares en periodo de instrucción o mejor al de los prisioneros de un campo de concentración, la película focaliza su atención en tres jóvenes: en principio, distintos en su forma de enfrentarse a su existencia, pero unidos, al final, en un trágico destino. Sólo uno de ellos podrá salir de aquel infierno.

Sus recuerdos, desde un barco pesquero en el que rememora los textos sobre el mar y la caza de ballenas que le dictara el analfabeto pero lúcido guiador, cierra la película dando paso a las títulos de crédito acompañados de las fotos reales del reformatorio.

Magníficamente interpretada, contenida en su dureza, resulta una película válida a la que, sin duda, falta una crudeza necesaria. Existe pero minimizada, lo que, quizá, hace que la película, manteniendo su denuncia, sea más digerible para los espectadores. Una película no grande, pero sí curiosa e interesante. Lo cuál viniendo de esta Mostra de Valencia es ya bastante.

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Just between us de Rajko Grlic
Viejos modelos

Grlic estuvo varias veces en la Mostra de los 80, antes de que se iniciase la guerra en Yugoslavia. Entonces llegó a ganar varios premios, entre ellos la Palmera de Oro por un filme titulado Tres son multitud.

Los años no pasan en balde, sobre todo si los filmes actuales siguen anclados en una estructura escasamente novedosa y no brillante heredada directamente del cine del pasado. Claro, sobre todo si aquel cine (anterior) no era bueno sino simplemente aceptable en su momento.

Esta nueva película de Grlic nos retrotrae a su cine de hace años, a aquel que se hacía en la Yugoslavia (y sobre el que planeaba el fantasma de la segunda guerra mundial como premonición de lo que se les venía encima) anterior  la guerra de los Balcanes o al disparatado esquema de las obras de Kusturica con sus esperpénticos entramados donde la sexualidad y el caos (familiar) imperan. Un cine, uno y otro, salpicado, venga o no a cuento, de secuencias de desnudos (hasta una cena puede ser motivo para ello).

Todo ello se da en este filme que se adorna además con los ecos de unas historias que suenan a las de las ciertas películas italianas de los años sesenta. A aquellas interpretadas, entre otros, por Sordi o Gassman.

Su identificación no es, como algún crítico despistadillo llegó a decir, cierto cine de Visconti o Antonioni. El error de tal decir, procede de entroncar a ambos maestros con cierto cine en el que se relata la vida de varios personajes (entrelazados) a base del nombrar a cada uno de ellos como inicio de cada capitulo personal. Ni ambos directores prodigaron tal propuesta en su obra, ni fueron los iniciadores. El recurso de Grlic es un juego personal de falsa inteligencia creativa en el que además el que sirve para nombrar el capítulo no es, en todos los casos, el único depositario de la trama.

Personajes que cambian de actitud en las escenas, que no tienen una lógica dimensión narrativa, se suceden en un cúmulo de despropósitos más propios de una burda comedia que de un filme cínico o crítico sobre el entorno o los fantasmas familiares. Acumulación de elementos (y tópicos) en una historia donde toda una familia se engaña para terminar unida y contenta.

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La acción parte de la muerte del padre de familia en un hospital. Un anciano que ha sido un campeón en el arte de amar a las mujeres y que muere admirando a una enfermera. De tal palo tal astilla, y así son los dos hijos: capaces de casarse con una mujer aunque en realidad amen a la del hermano. Para remate de tal propuesta cada uno de ellos es el padre del hijo de la mujer del otro hermano sin que el hermano lo sepa.

Los hermanos, sus mujeres, la amante y la hija de una de las parejas son protagonistas de un relato sin gracia, demasiado serio. Todo en él ocurre de forma sostenida. Cruces de historias debidas al guión que se cree férreo pero que carece de lógica narrativa.

Los personajes, sus profesiones o su forma de vivir las (absurdas) situaciones carecen de sentido. El único que trata de otorgarlo es el amañado guión. Sin olvidar, por supuesto, la forma de introducirlos en la historia o darles una entidad. Ejemplo de ello serían la farmacéutica o su ayudante.

Un filme tan plano como endeble. Su error no es únicamente jugar a centrarse en lo que se cree (el guionista-director) que es un buen guión sino en ignorar que las situaciones extravagantes necesitan una realización acorde a ellas. Aquí el director simplemente se dedica a retratar con la mayor simplicidad las acciones escritas. Por momentos da la sensación que se trata de una serie televisiva. Un fiasco.

Escribe Mister Arkadin 

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