miércoles 23 de mayo de 2012

Última actualización07:00:45 PM GMT

RSS
Usted está aquí: Cinema Paradiso XXXII Mostra de Valencia (12): Un lugar hacia ninguna parte

XXXII Mostra de Valencia (12): Un lugar hacia ninguna parte

E-mail Imprimir PDF

Espejito, espejito… 

RENNY5La Mostra camina errática en busca de un camino perdido hace tiempo. El director serbio Rajko Grlic decía en una entrevista en un periódico local que qué tenía que ver un certamen de cine y acción con uno mediterráneo. Lógico. Él había conocido los tiempos de las buenas mostras, aquellas dirigidas por Carrasco y Forteza (no las de Pepe Pons como equivocadamente dijo en la presentación de su película Just Between us) y en algunas de las cuales se había llevado (con jurado incluido) la Palmera de oro.

En una de aquellas mostras se organizó un excelente ciclo dedicado al cine yugoslavo. Antes de que la guerra partiera al país. Desconocido, curioso, interesante. Lo mismo, sólo que al contrario, que ahora en un certamen que mezcla cosas sin sentido donde lo mismo da un ciclo de James Bond (y congreso o como se llame), que un salón del cómic (paupérrimo) o un cine clásico (aún más pobre) sin rigor alguno.

Un certamen que, volvemos a decir, confunde cantidad con calidad, acumulación de actos, de películas, de actividades con la calidad de las mismas. Lo mismo da que aparezca por aquí el director de 1984 para dar un masterclass que un periodista o, incluso, un director español presente en sala una película. O que vengan actores promocionando un filme y den para ello una rueda de prensa que normalmente (salvo la presencia de Assayas, Elena Anaya, Daryl Hannah o semejantes) se desarrolla, como quien dice, en cuadro.

De todas maneras hay más público que en anteriores ediciones. En eso se nota que se intenta conseguir un mayor interés (o forzada convocatoria) para… no se sabe bien qué… La contrapartida: la menor participación (un pequeño o gran pinchazo según se mire) de la siempre multitudinaria Mostreta.

¿El público que ha asistido al certamen? De todo un poco. Sesiones con poca gente, otras con media entrada, alguna con algo más. Y, todo eso, ¿de qué vale si no hay tela que cortar? Las películas, las vistas, en general han tenido un nivel bajo. Muchas de las proyectadas se encuentran a punto de estrenarse.

Es incomprensible que se ensalce en el certamen a figuras tan poco dignas como es el caso del director al que se trajo para clausurar la Mostra (o sea, sobre todo, para promocionar su último filme, 5 días de agosto): Renny Harlin, a quien, para redondear la cosa, se le dedicó un homenaje. Ante esto uno se pregunta quién era el verdadero protagonista entre tanto (falso y hueco) homenaje.

giuliano_montaldo

Al comienzo de la Mostra pensábamos que tal honor correspondía al irregular Giuliano Montaldo, catalogado como el director ensalzado del panorama mediterráneo y realizador, al menos, de alguna película de interés (Renny Harlin ni eso). Pues bien, Montaldo pasó como una ráfaga por el certamen. Casi ni se le vio. Claro, su ciclo no iba a los cines estrella, es decir a los Lys, sino que se proyectaba en la sala de la Filmoteca, dedicada estos días a lo suyo. Entre película y película de sus ciclos personales lanzaba la migaja del correspondiente título del italiano. En ese mismo lugar, en la sala de la Filmoteca, seguirán recabando otros filmes suyos después de acabada la Mostra.

Montaldo estuvo, pues, en la Filmoteca. Como si fuera de otro lugar, de otro mundo. Si hubo una rueda de prensa con él se debió publicitar en secreto porque nadie nos enteramos. Eso sí, la llegada de Harlin sonó con la estridencia de un batallón de cornetas. La promoción es lo que tiene. El que nada tiene que vender pasa a segundo término aunque su valor (no demasiado alto) sea superior al del realizador finlandés-americano.

Aquí, en este certamen, no existen carreras de aficionados en busca de autógrafos, ni suspiros de fans ante el paso de los divos por la alfombra roja, ni persecuciones de rutilantes estrellas. No, la ciudad no vibra con el certamen, tampoco la prensa se motiva por lo que ocurre o se interesa demasiado por los que vienen. No es de ahora, es un problema de siempre.

Este año algún periódico local le ha dado algo más de cobertura. Unas veces ha sido en forma de entrevistas, otras se ha realizado un breve comentario de algunas películas. Nada comparado (ni por aproximación) a la forma en que se vuelva la prensa de otras ciudades en sus propios festivales (por citar dos muy distantes en calidad e interés) como son los de Valladolid o Huesca.

RENNY1

No sabemos si la Mostra tendrá correa para rato. O pronto se le cantará el miserere. Algunos se lo llevan pronosticando desde hace tiempo. Mientras tanto sus dirigentes o programadores se engrandecen y se creen los mejores del mundo mundial (incluso se aplauden a sí mismos). Uno, que ha visto y oído demasiadas cosas a lo largo de los años dentro del mundillo de los festivales, se quedó estupefacto en esta 32 edición, al escuchar cómo el propio programador (buscador de películas) de la sección Panorama mediterráneo, al presentar una (poco lograda) película de tal sección aseguraba que íbamos a ver una excelente película, tan buena, prosiguió, como todas las de esa sección (había seleccionado ocho, entre ellas la horripilante Pecados). Remataba la faena diciendo que cómo no iban a ser buenas… si era él quién las había seleccionado. Sorprendente.

En esta comunidad, y a lo mejor en varias más, se ha perdido el pudor, la decencia. Cabalgamos en la opulencia, en la creencia de creernos superiores, avasallando a los incautos y a los que no lo son. La chulería es una moneda de cambio. Lógico, cómo no, en una ciudad que se desborda como la nata que parece rebosar por algunos de sus bonicos edificios o se engrandece en la circense presencia de mil eventos costosos. Mientras pague el ciudadano que sigan estallando fuegos de artificio, tan propios de una ciudad iluminada con tan (falsas) brillantes luminarias que no ocultan sino luces de escasa vida.

Senna, por ejemplo, proyectada en un extraño ciclo denominado Cine y deporte, desde su atalaya documental sobre el campeón automovilístico servía para promocionar la más que discutible Formula 1. Los hechos, las acciones no son casuales. Se engloban dentro de un sentido. De esa forma no hubiera estado nada mal que el cine de acción y aventuras (dejando a un lado antiguallas fondistas) nos hubiera ofrecido un ciclo sobre el cine italiano de los años sesenta y setenta dedicado (lo hicieron y muy bueno) a la corrupción política. Algo que, muy de pasada, ofreció en la sección oficial Bagman (Casino Jack). Aquí, y no sólo, sabemos bastante de ello. Ponencias y debates a cargo de implicados no hubieran faltado. La realidad se hubiera convertido así realmente en un espejo de la sección oficial dedicada (tan pomposamente) a la acción y a la aventura.

Y mientras seguimos divagando las películas siguieron discurriendo. Hablemos de dos de ellas.

The Bang Bang Club de Steven Silver
A través de una cámara

the-bang-bang-club1Steven Silver procede de la televisión. Al menos es allí donde más ha trabajado como realizador y como productor. Por aquí desconocemos las cosas que ha hecho.

Ese planteamiento de la televisión (¿acaso reportajes?) se nota en el enfoque de varios momentos de la película. Por ejemplo en el arranque, con una entrevista en la radio a uno de los fotógrafos de prensa que (en ese momento el espectador no sabe a qué se debe esa entrevista) acaba de ganar el premio Pulitzer a la mejor fotografía. Un momento narrado a base de unos cercanos primeros planos de los rostros del entrevistado y de la entrevistadora.

Y también se nota en el intento de recrear la realidad desde un cierto tono de reportaje. Que no va al filme en cuanto habla de eso de fotógrafos de prensa que cubren, en este caso, las luchas en Sudáfrica antes de las elecciones que ganó Mandela.

Los referentes (todas las películas vistas en la Mostra lo tienen) son dos El año que vivimos peligrosamente de Peter Weir y, sobre todo, Bajo el fuego de Roger Spottiswode. Este club de fotógrafos, basado en historias y personajes reales, pierde el combate ampliamente ante los otros dos filmes.

No es directa, trata de buscar una línea conductora que no encuentra y se equivoca, incluso, en orientar la narración. Así ocurre, en ese comienzo de la entrevista, al dar lugar a un flash back (se cerrará bastante antes del final) centrado en la pregunta sobre lo que el reportero ve o intenta tras la cámara al hacer la fotografía.

¿Cuál es el problema? Que la apertura —y toda la narración posterior— se centraliza no en ese personaje sino en otro: un recién llegado que luego formará parte de ese (inexistente) club, siendo el primero de ellos el que ganará el premio Pulitzer. O sea que, por las buenas, se cambia el elemento de la historia que, incluso sin serlo, podría considerarse el narrador en el sentido de que es el protagonista (historia de amor, incluida).

De todas maneras, el grave problema del filme es que ni es un reportaje (demasiados planos de las tomas vistas a través del objetivo), ni es un filme aclaratorio —y por lo tanto referente histórico— de lo que ocurre en el país (Carlos de Assayas, como se dijo, es modélica en este sentido), salvo que se quiere reflejar el caos vivido; y, por supuesto, no supone ni reflexión (auque se traten de expresar dudas sobre la verdad de su labor) ni mucho menos toma de conciencia o evolución de los personajes.

Un filme que se ve, que no daña a la vista, pero que se desvanece como en una nebulosa contando con un material de primera. Una pena.

the-bang-bang-club2  

Bas Fonds de Isid Le Bescon
La fea, la sumisa y la retrasada

A este filme francés (¿a que se debe la gran abundancia de películas francesas en la Mostra?) le cabe el deshonor de ser la peor película, junto a Pecados, que hemos contemplado en estos días. Su única virtud: dura tan solo 68 minutos.

Una caótica película con voz en off que no se sabe si proviene del cielo o de la tierra, que intenta establecer reflexiones ¿místicas? entre no se sabe muy bien quién o qué. Acaso diálogos entre el cuerpo y el espíritu, a no ser que formen parte de ensoñaciones inconexas.

Tres mujeres unidas de forma absurda en una especie de casa lumpen (con escopeta en su poder que nadie se explica por qué la tienen) donde habita una joven gruesa, que se considera fea, dominante de la situación, devorada de películas porno, junto a una joven guapa y sumisa que (incomprensiblemente) está coladita por ella, y una joven retrasada, anormal que a media película nos enteramos que es hermana de la fea.

Torpe hasta dejarlo de sobra, completada por innumerables cierres en negro para separar momentos. Ridícula, pobre y con pretensiones metafísicas, como si se tratase de un filme a lo Bresson. Qué cosas. Sólo faltaba que al final la joven fea adecentada, reconvertida, se transformara hasta el punto de alcanzar la fe y esperanza en un Dios que la alienta y la protege. Demasiado para los sufridos ojos y oídos de este espectador cansado de tanta paranoia fílmica.

La directora antes fue actriz. Quizá lo haga mejor en ese aspecto. De momento realizando películas su porvenir no parece que vaya a ser demasiado brillante. A lo mejor hasta quiso pensar al hacerlo en el cine rompedor de los grandes directores de la nueva ola. Por pensar…

Este filme, por no ser no es nada, a lo máximo que puede aspirar (interpretaciones exageradas aparte, situaciones inverosímiles añadidas) a ser un frustrado experimento de (mal) cine amateur.

Escribe Mister Arkadin

bas-fonds 

Banner
Banner
Banner
Banner
Banner