¿Qué es el cine de acción y aventura?
Este año, como se sabe por activa y pasiva,
Los ejemplos en esta extraña Mostra se multiplican. Así, Álex de
Centrémonos en
Compárense los filmes vistos en esta sección oficial con los presentados en

12 paces without head de Sven Taddicken
Cine de piratas a la alemana
Éste es uno de los filmes que claramente pertenecerían a la temática del festival. La historia de unos piratas del siglo XIV, que al grito de ¡Viva Frisia! intentan luchar contra la liga Hanseática.
Sorprende el filme en sí mismo, las razones que han llevado a su realización. ¿Por qué un país sin prácticamente historia en este tipo de películas, se ha enfrentado, en pleno siglo XXI a ello?
Brevemente indicaremos que
Colonos germanos bajo la supervisión de la liga fundaron ciudades hanseáticas como Tallin o Riga.
En el siglo XIV, los mercaderes de
Hace pocos años, en la ciudad de Lübeck se crea una organización que vuelve a tomar el nombre de Liga Hanseática con el objetivo de mantener vivo el espíritu de la antigua organización. Se trata de constituir la federación de las ciudades más grandes del mundo para contribuir a la unificación económica, política, social y cultural. Las distintas ciudades europeas miembros de
Por lo que se refiere a Frisia, nos figuramos que ese grito de libertario de los corsarios se refiere a la región alemana correspondiente a lo que hoy es la Baja Sajonia, concretamente en la zona costera de Alemania cercana al mar del Norte. Una región antigua ya conocida por los historiadores romanos y en la que se establecería la corona de Frisia. Un reino que desapareció en 785 con la invasión de Carlomagno al pasar a manos de los francos.

Nos ha parecido interesante dar esos datos históricos para centrar un filme cuyos intereses, incluso comerciales, se muestran poco claros. ¿Qué intenta el filme con sus repetidos gritos libertarios? ¿Es acaso un guiño contra una confederación que anula el poderío de un país o de alguna de sus zonas ante la unión de Europa? Demasiado quizás para esta historia de piratas seguidores de unos determinados, y muy personales, ideales. O quizás no.
El filme, de cualquier forma, con su envoltura de exaltación de leyendas o personajes populares que son cantados como dueños de la acción y de la aventura, no deja de ser simple y torpe. La historia, contada desde planteamientos legendarios, a sus hijos por uno de los dos corsarios, resulta plana, excesivamente parada, donde la acción no existe, estando siempre envuelta en diálogos y más diálogos. Todo el entorno suena a cine de guardarropía señalado además por pobres efectos en los que la ciudad o el puerto de Hamburgo es mostrado como un decorado de tres al cuarto.
Sobre todo Piratas de Polanski parece ser el referente en el que pretende mirarse este fin. Le falta el toque irónico que el director de Repulsión quiso imprimir a su película, escasamente distinguida. No sólo, también el cine clásico de piratas o de aventuras, que va desde Robín de los bosques o El temible burlón intenta reflejarse en esta historia de amistad hermanada hasta más allá de la muerte. Y de sacrificio personal.
Se intenta que los personajes vayan más allá del tópico, se erijan en héroes de leyenda, pero la realidad es que no lo consiguen por un guión que se permite los mayores delirios, infinitad de trucos, donde los personajes aparecen, se mueven, actúan desde el mayor de los convencionalismos.
Película que supone un esfuerzo vano, dentro de una historia que, jugando al doble sentido, se esfuma, convirtiéndose en una nadería que se hunde sin remedio en el sinsentido de su falta de vitalidad y de acción, escamoteada por medio de continuadas y fallidas elipsis.
Ni siquiera como vuelta a un género tan querido como olvidado, puede sacar del sopor un filme plúmbeo e inútil. Nos queda el regusto de lo que pudo ser, y la sorpresa (o no) de su oculto significado final. Dardo, desde luego, era mucho más directo como héroe ladino y libertario en El halcón y la flecha que los dos (anti) héroes de este filme (protagonistas, al parecer, cantados en un sinfín de leyendas germanas) tan obtusos como carentes de empatía.

La Lisière de Geraldine Bajard
Empanada a la francesa
Un joven y tímido médico, bastante tonto por otra parte, se convierte en titular en un extraño pueblo en el que parecen acumularse diversos elementos (torpemente) fantásticos y desconcertantes. Allí hay una comunidad que habita una urbanización (moderna) siempre en construcción, bastante misteriosa. ¿Nos movemos en el campo de lo metafórico dentro de una existencia cerrada, dominada por la noche, y donde los intereses económicos aparecen como fundamentales en la narración?
Quién sabe en esta historia como contada en voz baja, de secretos sin fin, juramentos, sucesos que quedan encerrados entre los habitantes de tan siniestro como poco apetecible lugar.
El médico moviéndose entre dos mundos es una especie de victima absurda y propiciatoria en las manos de los futuros herederos de tan enigmático lugar. Nos referimos claro está a unos absurdos y repelentes jovenzuelos (ellas y ellos) que se presentan como terroríficos dueños del bosque y del entorno, donde se dedican a unos juegos tan incomprensibles como inútiles, para los que toman como cebo a sus jóvenes compañeras.
La directora decía en la rueda de prensa que al realizar el filme pensó en La invasión de los ladrones de cuerpos. Lo que demuestra que alguien, sobre todo cuando realiza una primera película, como en este caso, puede mostrar sus preferencia y espolvorear con el aroma de ellas su obra, sin que la haga fresca, ni sabrosa, porque la realidad es lo opuesto. Tan poco afortunada, como inútil y estúpida en grado absoluto.
Un bosque tenebroso, una casa a un lado (la del médico), la urbanización a otro, una carreta atravesando el bosque, con los jóvenes como sus dueños, una señal de tráfico donde se indica la presencia de una mujer y donde las niñas o las jóvenes son lanzadas por sus compañeras como vulgares busconas, las muertes rituales, el silencio de unos y de otros… son algunas de las propuestas tan inútiles como rebuscadas de este filme.
No nos movemos solamente entre el mundo de Don Siegel. Si sólo fuera eso. En realidad ese mundo es el menos reflejado, ya que otras referencias son mucho más claras. Citemos el intento de copiar la atmósfera de ciertas películas de Shyamalan, el trazado de unos personajes y una sociedad (el pueblo y sus silencios) típicamente chabrolianos, sin olvidar la relación de estos jóvenes con los niños-jóvenes de las distintas versiones de El pueblo de los malditos e, incluso, la alusión a los monstruosos seres, futuros verdugos del mundo, de La cinta blanca.
Poco se puede decir de este filme sin rumbo, sin clase, sin el más mínimo interés, lastrado por el dibujo del protagonista, una especie de pelele, cuya forma de ser manejado por el mundo al que ha sido arrojado, está en función de su propio personaje, mal concebido y trazado. Risibles todas las secuencias donde el doctor (de noche) es llamado para atender, de imposibles males, a las jovencitas que desean seducirle. Y no digamos de la secuencia en que es conducido por una de ellas hasta el punto que, incluso, cenan en un restaurante del pueblo en el que habitan.
Ejemplo claro de la escasa lógica narrativa que utiliza esta vulgar, falsa e incongruente película, indigna de haber tomado múltiples y distinguidas referencias. Debía haberse quedado tan sólo en un vulgar recuerdo de la escasamente presentable saga de Crepúsculo.
Escribe Adolfo Bellido
