Stone, un ladrillo
¿Acude mucha gente a las 14 salas tan mal aprovechadas de los cines en los que se desarrolla
Probablemente tampoco al público, no solamente dominguero, sino al habitual espectador de estos multicines, les debe hacer demasiada gracia comprobar que sus cines anuncian en las pantallas situadas encima de las taquillas títulos muy raros, detrás de los cuales además se instala un sospechoso paréntesis que dice algo así como v.o.s.e. ¿Cómo además conseguir que cualquiera de las simpáticas taquilleras que se encuentran en su receptáculo atendiendo a los posibles asistentes a cualquiera de las salas, pueda decirles qué tal es la película proyectada? Y es que, a veces, las personas que están en taquillera actúan de consejeros fieles. “¿Qué tal es la película de la sala 7?”. “Creo que les gustará más la de la sala 11 que es una de amor preciosa”. Pero ¿cómo aconsejar ante películas desconocidas y además con el galimatías del v.o.s.e.?
En este fin de semana entre mediados y finales de octubre del año de gracia de 2010, los habituales asistentes a las sesiones de domingos. O sea los jóvenes y menos jóvenes, las parejas de hecho y deshecho, los amantes y amadores ocasionales, unos niños casi jóvenes incordiantes y algunos de esos pijoteros que no te dejan ver la película de tantos chillidos que dan… Y la mayoría dale que te dale a las palomitas, a los chupetones al vaso repleto de oscuro líquido del más puro sabor americano. Todos ellos son parte de la agrupación festiva (o de vísperas) sobre todo a las primeras sesiones. Acuden sin saber lo que ponen, a leer la pantalla electrónica para decidirse por el título o por los sabios consejos de las distintas y amables empleadas. ¿No se habrán sentido todos ellos huérfanos esos días? Mucho cartel, mucha Mostra, mucho festival pero… a ellos quién les devuelve su red social, su Machete, sus comidas, amores y rezos o, en fin, sus amadores proyectos de películas divertidas.
En la calle donde se encuentran los multicines hay infinidad de casetas. “Oiga esto es como la feria del libro”. Sí, casi, porque también las casetas son de librerías de editoriales, pero más pequeñas y es que,
Con todo, con la calle tan puesta, los carteles agolpados a la entrada de los cines, el público es reacio en principio a entrar, salvo por las mañanas en los que los gritos, las carreras se precipitan por el hall, las escaleras, los ascensores con vistas al exterior. Nada menos que un puñado de salas se dedican a programar películas para niños y jóvenes en edad escolar. Entre semana acuden los colegios, los sábados y domingos los padres con los hijos o las fallas infantiles acompañadas también de sus mayores. Hasta niños en sus cochecitos son conducidos por sus familiares a las salas donde se proyectan, en general, películas de animación, pero entre las que echamos en falta, aunque tenga unos añitos, La historia interminable. Por un hecho muy simple: su director, Wolfgang Petersen ha recibido el galardón, por el conjunto de su obra. Una cosa es que se le conceda tal premio, otra que se proyecte una mínima parte de su obra. Entre esa mínima ni para pequeños, ni para adultos se ha previsto la presencia de tal película.

La inauguración
Petersen sí estuvo en la inauguración, que este año se ha celebrado por todo lo alto. Con directores, actores, dirigentes fílmicos que han paseado, se han dejado querer y fotografiar por los no muy numerosos fans que se arremolinaron en la entrada del Teatro Principal. Para que nada entorpeciese tal acto hasta se desvió el tráfico. Cómo no, si
Por haber, hubo hasta alfombra roja, aunque seguro que algunos de los organizadores hubieran preferido que fuera verde o… azul, pero lo normal, como la roja, es que sea de ese color. Qué le vamos a hacer. Al menos queda ese tinte como adorno o sueño patriotero del balompié.
Petersen dijo (lo que queda muy bien) que admira a Saura y a Almodóvar (algunos directores de fuera más cultivados señalan su especial predilección por El espíritu de la colmena de Erice), que qué buen actor es Javier Bardem (lo que demuestra que no sabe nada de actores españoles) y que sin duda (sorpresa, sorpresita) es el nuevo Bogart. Añadió por su presencia increíble ante la cámara. ¿De verdad Petersen conoce cine, la gran presencia de muchos actores y actrices en la pantalla, la de toda una multitud que se come la pantalla? Creíamos que no iba a caer en tales topicazos.
En el acto inaugural no sólo le concedieron (de carambola porque la primera oferta la recibió John McTiernan) una lustrosa palmera… de oro, sino que también la populista alcaldesa de esta ciudad Rita Barberá le pinchó con la insignia de la ciudad probablemente creyendo que el director alemán (con residencia en Estados Unidos) había realizado una película sobre las luchas e historia de Valencia, con el título de la ciudad, pero no, el filme de Petersen hablaba de una lucha más antigua, en otra ciudad en la que se armó la de…

Como es lógico, Petersen elogió a España porque “mis películas logran aquí buenos éxitos”. Remató la faena: “Me gustaría rodar en Europa (por cierto como buen alemán rodó allí algunas películas) y muy especialmente en España”.
También comentó que no conocía
Como en la sesión inaugural se proyectó Stone, estuvo también su director, John Curran, explicando de qué iba su película. Para que lo tuviéramos claro. Pero, ni por esas señor Curran. Seguimos sin saberlo.
Entre los asistentes al acto se encontraban Carles Pastor, Marián Álvarez, Gustavo Salmerón, Roger Casamajor (o sea el director y los protagonistas de Bestezuelas), Fernando Tejero,
Álex de
Contento se quedaría el director del certamen y toda la corte municipal con su alcaldesa al frente ante tan peregrina afirmación. El acto no terminó, pero no por ganas, con el Himno de Valencia.

Stone de John Curran
…Y siguen las metáforas
Primera secuencia antes de los títulos de crédito: un joven ve en la televisión una partida de golf sentado en un sillón, pero en una posición (de brazos) algo forzada. En el salón también se encuentra (aburrida) su mujer. Acaba de acostar a una niña, la hija de ambos. Silencio sepulcral. Está claro: entre la pareja no hay comunicación. La mujer se mueve, anda de un sitio a otro. Se acerca a una ventana donde una abeja zumba y zumba intentado salir al exterior. Pero no puede, la pobre se encuentra encerrada en aquella espesa habitación.
¿Van cogiendo la idea?
La secuencia sigue. La esposa, muy harta del marido, que ni le habla, le suelta la bomba: me marcho de casa, te abandono. El marido salta del sillón, sale disparado hacia la habitación de la niña. Abre la ventana, coge bruscamente a la niña que debía dormir el sueño de los justos porque en ningún momento abre los ojos (o sea que no se entera de nada de lo que está ocurriendo: inocente criatura) y, cogida en sus fuertes brazos la pone frente al vacío al tiempo que le dice a su querida mujercita aquello de “si me abandonas la dejo caer. Tú decides”.
Y la mujer, que ni siquiera parece dedicarse a sus labores, dice que sí, que se quedará con él para siempre.
¿Cierre de secuencia?
No, aún queda lo mejor. La niña (que sigue sin despertarse) es colocada, tan bruscamente en la cama como se la sacó. Después se cierra la ventana que… por casualidad, cae sobre la pobre abeja, aplastándola.
Ahora sí se cierra la secuencia para dar paso a los títulos de crédito.
¿Queda todo claro ante tan ingenua como pretenciosa metáfora?
Lo que continúa no hace sino confirmar los temibles presagios de este inicio.
Hay una elipsis que nos lleva a bastantes años después. El mismo salón. Un mismo personaje en la misma actitud, con el brazo colocado igual mientras mira una partida de golf. La mujer, envejecida, hace un puzzle. Silencio total. El hombre mueve el brazo para mostrar que se trata de Robert de Niro. Curran, para que el espectador lo entienda (incapaz, como se sabe, de leer imágenes), ha puesto al actor que hace de De Niro joven y al verdadero de Niro, en la misma posición. Para que no haya dudas por si no bastara la clásica peca made in este actor.
El director opta por la elementalidad total.
Mientras el personaje de De Niro va a su trabajo en coche escuchamos emisoras de radio que se entremezclan y lanzan a diestro y siniestro mensajes religiosos. ¿Qué tiene que ver eso con lo anterior? Lo ignoramos. A continuación sabremos cuál es el trabajo del protagonista: es un oficial de prisiones encargado de estudiar los casos de los presos para ver si obtienen o no la libertad provisional.
A De Niro le faltan unos meses para jubilarse. De su única hija, aquélla que estuvo a punto de tirar por la ventana, sabremos algo, poco (eso sí, al final saldrá para poner la guinda en una conversación con su madre), tan sólo que se ha divorciado, o sea que ella sí se ha ido de casa. Además tiene, como sus padres, una hija. Nuevos tiempos, nuevos comportamientos. No está claro, que la cosa vaya por ahí.
Curiosamente, en la oficina, en su trabajo este personaje no parece nada violento. En la oficina le dejan caer lo de su afición por el golf. Otro de los sinsentidos de esta película que quiere parecer importante pero que es una auténtica chapuza.
Curran nos había regalado, o aburrido, un filme anterior, literario, y tan falto de sentido, aunque menos que éste, como era El velo pintado. Eso sí, se cree que su filme es un ejemplo de denuncia de su país. Nada menos que dijo: “al llegar Obama a la presidencia muchos nos sentimos felices, pero en ese momento comenzó la ira de la extrema derecha religiosa de los Estados Unidos, la cuál reivindica a Dios como su aliado en la escena política americana. La frontera entre la religión y la ideología política es allí muy delgada”.
Concluyó diciendo que “ésta es una película casi inacabada”. Su idea de inacabada se promueve en función de que no existe un claro final. Como si las películas lo tuvieran. El final de un filme no es sino el cierre momentáneo de una historia que seguiría y seguiría… al igual que la vida.
No, la película de Dugan, diga él lo que le apetezca, no va de nada. Sus intenciones serán esas, pero la realidad es muy otra.
El personaje de De Niro tiene que estudiar un último caso, el de un tal Stone, interpretado con los tics habituales por Edward Norton, y que quiere salir de la cárcel para poder vivir con su mujercita, Milla Jovovich. Lleva no sé cuántos años y siente deseos por esta seductora mujer con la que ni siquiera (no deben producirse allá) tiene ningún encuentro íntimo en la trena.
Lo demás se ve venir. El cebo para la condicional será la mujer de Stone (¿alguien le habrá dicho alguna vez a esta actriz lo malita que es?). Y claro De Niro cae como un colegial en las redes de la seductora. Entre medias se mezclan cuestiones religiosas porque en algunos momentos en la comida se lee
Para remate, Stone en prisión empieza a leer libros de religión hasta que se encuentra con las enseñanzas de un gurú, apóstol del silencio interior. No vea, oiga, lo que es este conglomerado que lleva a Stone a adentrarse en sí mismo dentro de la prisión.
Una secuencia para el recuerdo, por su absurdo planteamiento, en cuanto a la imposibilidad de los tiempos en los que se desarrollan tales tramas: Stone, por necesidades de guión, es trasladado (¿de noche?) a la enfermería porque no come. En paralelo vemos cómo De Niro no puede dormir. Y cómo la mujer llama a casa de De Niro para hablar… al contestador. Alternancia de planos de unos u otros sitios (insisto que fuera de la cárcel es de noche mientras que dentro debe de ser de día) para llevar al instante en que un recluso es asesinado por otros frente a Stone (del otro lado de una reja) que intenta buscar su silencio interior.
Rodada al estilo televisivo, con abundancia de planos y contraplanos, muestra casi sin error, que De Niro y Norton no se encontraron en el rodaje. No es nada nuevo. En varios rodajes anteriores ha ocurrido, como en una película en la que trabajaban Michelle Pfeiffer y Robert Redford (Íntimo y personal de Jon Avnet) o en otra (Heat de Michael Mann) en la que intervenían Al Pacino y Robert De Niro.
Lo divertido del caso es que Curran también afirma que el personaje de De Niro se hace violento cuando conoce a la mujer de Stone. Afirmación que se desmonta si recordamos la secuencia narrada al comienzo de este artículo y que corresponde a la juventud de tal personaje.
Stone es una película muy floja cuya idea queda anulada por una narración sin fuerza, unos personajes sin vida y una historia dominada por esas buenas intenciones que no van a ninguna parte
El final termina por rizar el rizo. Abandonado, al fin, De Niro por su mujer, se jubila e intenta soltarse el pelo tratando de ligar con una de sus compañeras (por cierto, no le hemos vuelto a ver viendo ninguna partida de golf) para al final, como es lógico, por malo, se quede solo encerrado en su habitación donde para que no falte nada ¿qué creen que puede ocurrir…? Lo han adivinado, se escucha el sonido característico de una avispa que zumba y zumba encerrada en su prisión.
Escribe Adolfo Bellido

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