Con ley y con esperanza
Escribe Adolfo Bellido López
Terminó la Mostra 2009, en la que ha habido algunos aciertos y muchos errores. Ya ha quedado dicho en anteriores artículos que me parecen excesivos los parabienes y bulas concedidas al nuevo director de la Mostra. En realidad poco ha podido hacer en los escasos meses que lleva de director para tales concesiones.
Los ciclos de este año no han sido excesivamente destacados, conformados además por películas que parecen, en su mayoría, saldos de cualquier cadena de televisión que programe filmes más o menos clásicos cuando no de ancestros cineclubs.
No puedo olvidar, tampoco, la rotundas afirmació sin demasiado sentido que el nuevo jerifalte ha emitido tanto en meses anteriores como durante el propio certamen. Empezó diciendo que un festival que no tuviese alfombra roja y grandes actores no era sino un cineclub, pero que este festival no traería a gente del cine a golpe de talonario. Quizás, por ello, han llegado a la Mostra actores y profesionales del cine español, incluidos críticos y escritores (probablemente logrados a través del festival de Málaga, fundado y dirigido por el actual director de la Mostra valenciana) a los que no les habrán pagado los cheques cobrados por actores, venidos de allá y de acá en anteriores ediciones, para ser paseados por las galas de inauguración y clausura del certamen.
Pero, nadie dude que los que han estado aquí en la presente edición han cobrado el correspondiente cheque por participar en mesas redondas y otras actividades. Todo ello de acuerdo con el discutible sentido de austeridad de este certamen donde todos los que ahí trabajan (director, programadores…) reciben excelentes sueldos.
Tornatore y Berlanga
Por aquí, cerrando la Mostra, apareció al fin Tornatore. Había sido con Berlanga (quien no pudo estar presente por razones lógicas) el realizador homenajeado por la Mostra este año.
A Tornatore en la sesión de clausura se le concedió un galardón especial. El realizador de Cinema Paradiso aprovechó su estancia en Valencia para hablar de su último filme, Baaria, aún no estrenado en España y sorprendentemente ausente de la programación de la Mostra.
Tornatore, con vista, no perdió la oportunidad de promocionar un filme que inauguró otra Mostra (la de Venecia) y que obtuvo muy malas críticas. Eso sí, fue saludado con entusiasmo por Berlusconi. Una recomendación, como es evidente, de poca o ninguna fiabilidad.
El otro homenajeado, Luis García Berlanga, no estuvo en la Mostra. El homenaje a su figura no alcanzó, por tanto, el relieve previsto. Poco ayudó a ello el libro editado sobre su figura, la película realizada como un regalo de los amigos y, más grave, la ausencia de varios títulos significativos de su obra, y muy especialmente el filme que muchos consideramos su obra maestra, El verdugo. Indignante tal ausencia en un festival que se precie de ser algo más que un cineclub.
La sección oficial
La sección de películas presentadas a concurso, ha tenido, en conjunto, un nivel medio aceptable. Eso sí, ha habido filmes malos de solemnidad, de esos que asombra que se proyecten dentro de la sección oficial de un festival. Algo, de todas formas, que ocurre en todos los certámenes cinematográficos.
En la Mostra sobraron, al menos, cuatro títulos realmente lamentables: Ibrahim Labyad (Egipto), Mikro Egklima (Chipre, Grecia, Alemania), Quelque chose a te dire (Francia) y Come Dio comanda (Italia).
Todas las películas presentadas en la sección oficial estuvieron acompañadas bien del director, del guionista o de algunos actores, algo digno de agradecer. Todas las mañanas de la Mostra, al finalizar la proyección matutinas para la prensa, hubo las correspondiente comparencias de los autores de los filmes a concurso.
El número de los asistentes a la mayoría de estas proyecciones (y no digamos los que se encontraban en las ruedas de prensa) era tan escaso que tal multitud debía resultar descorazonadora para los cineastas responsables de los filmes. De todas formas, en esta edición ha habido más periodistas que el pasado año.
Un hecho insólito (poco o nada presente en otros festivales) consistía en que los presentes en las ruedas prensa eran obsequiados al final de las mismas con un aperitivo con el que se pretendía, es un suponer, que los periodistas cogieran fuerzas para continuar vivos en el certamen. Así debía ser… aunque algunos supongan que eran unos extraños métodos de coacción.
Otras afirmaciones
Antes de informar de los últimos cuatro títulos proyectados en la sección oficial, voy a referirme a dos de esas afirmaciones tan rotundas a las que tan dado parece ser el nuevo director de la Mostra. Ambas fueron pronunciadas en una especie de resumen o valoración final del certamen: "En las próximas ediciones habrá que pensar en atraer a los jóvenes" (primera); "un festival importante jamás se celebrara en unos multicines" (segunda).
No sabemos, o mejor será ignorarlo, lo que se les puede ocurrir a los organizadores de la Mostra para atraer a los jóvenes al festival, porque lo llevado a cabo en un pasado reciente, en ese sentido, con amplios ciclos de cine gore, fue de órdago, pero no queremos dejar sin comentar la segunda frase.
En esta edición la Mostra ha optado por diversas salas, ninguna de ellas específicamente dedicadas a proyecciones de cine (salvo el cine D’Or, especializado en programas dobles, y la Filmoteca Valenciana, que ha acogido tres únicas sesiones). Eso sí, la Mostreta, las proyecciones ofertadas a los centros escolares, han utilizado unos multicines.
La afirmación del director del certamen (como aquella otra referida a los cineclubs) es una verdad -o una mentira- a medias. Como mejor plazca. Las primeras mostras se llevaron a cabo en unas multisalas (los desaparecidos cines Martí) y el certamen funcionaba bien. O sea que ese no es el problema. Ni en Valencia ni en otros lugares. Los problemas son otros y de muy diversa índole. Y las preguntas que se nos ocurren. La mayor parte de ellas están relacionados con el dinero con el que se cuente para poner en marcha el festival y, por supuesto, sin dinero no se pueden pagar una serie de multisalas que se encuentren situadas en el centro de la ciudad.
Centrémonos en las preguntas. Hay muchas que hacer, pero me ceñiré a tres:
A) Si se considera que un festival importante no se debe hacer en multisalas de cine, ¿cómo es posible que se admita que todas las mesas redondas y la mayor parte de las actividades del certamen tengan lugar en un sitio tan inapropiado como es la pequeña sala (destinada a la promoción de eventos) de un centro comercial?
B) Al ser la Mostra del año por última vez en octubre y la siguiente pasar a febrero del año siguiente ¿cómo será posible preparar dos mostras al mismo tiempo?
C) Teniendo en cuenta que la Mostra está organizada por una fundación perteneciente al Ayuntamiento de Valencia ¿será posible que la Mostra cohabite que el festival de teatro VEO que el propio Ayuntamiento celebra, por todo lo alto, en el mismo febrero? ¿Cambiará sus fechas el festival VEO? Cualquier cosa puede pasar. La solución parece ser, algo repetitivo en esta ciudad, cambiar fechas para que los eventos funcionen. Así por ejemplo, y sin que tenga que ver con el cine (aunque algo de película tenga tal acontecimiento) el Gran Premio de Fórmula 1 ha pasado de agosto (al parecer por ser una mala fecha) al mes de junio. Pues bien, el próximo mes de junio se celebran los campeonatos mundiales de fútbol en los cuales participa España. ¿Funcionará mejor? Veremos.
Plácido y su motocarro
Una curiosidad, para concluir este comentario generalizado sobre la Mostra.
Uno de los últimos días se instalaron en una plaza de la ciudad unas mesas para recabar firmas con el fin de que Al Gore hiciera un documental contra el hambre (así se decía). Tal propuesta es un pequeño disparate, aunque pueda estar patrocinado por asociaciones contra el hambre. Tal petición tiene el mismo sentido que, pongamos por caso, se coloquen unas mesas para que los ciudadanos pongan su firma para avalar un escrito en el que se exija hacer una película sobre el caso Gürtel. Las producción de una película no se mueve de esa manera. Cuando, por ejemplo, Al Gore intervino en la película sobre el cambio climático fue a través de un reglado sistema de producción con fuertes intereses detrás.
Tal petición, con ecos del Plácido berlanguiano, cerraba el dislate de tintes esperpénticos (sirviendo, eso sí, de pequeña promoción a los actores que se encontraban en la mesa con el fin de ser convenientemente fotografiados) de los primeros días, en los que se plantó una mini falla sobre el director de Calabuig (que no era para quemar) al tiempo que se procedía a indicar (¿por edicto de la Alcaldía?) que varias calles valencianas cambiaban de nombre durante los días de la Mostra. Sólo durante ese pequeño periodo de tiempo cambiarían su denominación de origen por nombres de películas dirigidas por Luis García Berlanga.
Las últimas películas de la sección oficial
Alguien muy implicado en la organización hizo correr la voz (¿bulo?) de que las últimas películas que se proyectarían en los pases de prensa eran lo mejor del certamen. Se lució. De las cuatro películas proyectadas hubo una pésima y otra simplemente mala. Las otras dos tenían un cierto interés. Ambas recibieron premios secundarios (mejor actriz, mejor fotografía), ninguno de los principales.
La película pésima fue Mikro Egklima una coproducción entre Chipre, Grecia y Alemania. Un filme que parece pagado por el Ministerio de Turismo, para vender las excelencias de una isla donde todo es paz y tranquilidad. En su pequeñez parece rememorar el cine sencillo, cotidiano de las producciones inglesas de la Ealing de los años cincuenta y muy especialmente Whisky Galore y La bella Maggie, ambas Alexander Mackendrick. Y si me apuran también Calabuig de Berlanga.
Una persona de las que asistían al pase, al terminar parecía estar encantada ante el mensaje positivo (?) que emitía el filme. Bendita sea. Porque la historia narrada, de un ingenuo policía y de los sucesos que acontecen en la isla ante una inesperada muerte, no es sino un conjunto de buenas intenciones, frustrantes y frustradas, debido a un lamentable guión y a una inexistente dirección. Lo mejor que se puede decir de este filme es que la estupidez de algunos personajes se contagia a la propia película. Una historia que para que no haya duda de sus fines, se adereza con el tono costumbrista de la cotidianidad del lugar. Inenarrable.
No mucho más se puede decir del filme frances, Quelque chose á te dire de Cecile Telerman. Historia familiar dominada por diversas formas de entender o de llegar a la maternidad. Coincidencias mil dentro de un guión tan enrevesado como precipitado conducente a un final feliz con foto de familia incluida.
Los trapos sucios familiares de la burguesía de los filmes de Chabrol quedan reducidos aquí a una serie de situaciones tratadas con la elegancia propia del espíritu francés. Escasa ironía, ausencia de cinismo, nulo interés el de esta historia familiar acomodaticia. Para acabar de redondear el entuerto, la película aparece como troceada en su desarrollo, como si las secuencias hubieran sido seleccionadas a golpes de hacha, tal es la brusquedad en el paso de unos planos a otros. Una película sin sentido, que demuestra el estado calamitoso de una gran parte del cine francés actual, ese que señalaría el término medio de su producción
Mejor fue Dowaha (Túnez, Suiza, Francia) de Raja Amari, una especie de fábula o cuento de fantasmas de seres perdidos en mundos extraños casi lindantes con mundos imaginativos.
El filme cuenta la historia de tres mujeres (madre y dos hijas) que habitan los bajos de una gran casa construida en el campo hace años y que hoy aparece prácticamente abandonada. Sueños y ensueños, metáfora y realidad se da cita en estos personajes que encierran secretos que se adivinan, pero nunca se explicitan, y que mantienen cautiva, por decirlo de alguna manera, a la más pequeña de las mujeres. La llegada a la casa del joven heredero y de su novia disparará el drama.
El problema del filme es sin duda su dificultad para centrarse en el terreno de las ideas. Por ello queda desequilibrado ante el intento de hacer creíbles determinadas actuaciones, como la de la novia del dueño de la casa secuestrada por las mujeres. Historia de seres que parecen muertos habitantes del subsuelo o del submundo. Contada como un cuento (cruento y de derivaciones góticas), la historia parece alimentarse también con otras fuentes como pueden ser, de forma indirecta, Las criadas de Genet o ciertas imágenes de determinados títulos del cine de misterio.
Filme, pues, de mujeres encerradas, sin salida, donde la más débil parece contar con todas las bazar para ser la perdedora. Hasta el instante en que decide rebelarse. El plano final (la jovencita caminando por la ciudad con un vestido blanco ensangrentado después de haber matado a su madre y hermana) es de lo mejor de un título cuyo mayor atractivo se encuentra en la lograda atmósfera con la que se representa el mundo lúgubre y tenebroso en el que se mueven los seres que deambulan por la casa. Justamente, la película recibió el premio a la mejor fotografía.
Muy interesante, finalmente, resulta el filme de Eslovenia, Slovenka de Damjam Kozole, quien ya hace tres años había presentado una película en la Mostra, habiendo recibido el primer premio.
En esta ocasión narra la historia de una joven estudiante dispuesta a instalarse en la riqueza que le ofrece un mundo capitalista para el que probablemente no está preparada. Su opción es ganar el dinero de forma fácil convirtiéndose en prostituta. Un dinero fácil de ganar y sin aparente riesgo. Hasta que surge la cruda realidad.
Quizá sobran algunas coincidencias innecesarias, como también es discutible entrelazar las escenas de las actividades del padre de la chica en el pueblo con las de la estudiante en la ciudad.
Filme que pone en evidencia al mundo occidental como paraíso o estado de bienestar. No es casual que Slovenka deje claro que desarrolla su acción en el momento que el país ostenta la presidencia de la Unión Europea. Al final, la estudiante, sin rumbo y sin escapatoria, aparece así, en una encrucijada sin final. La vida continúa, suspendiendo el cierre de una historia como tantas otras que ocurren en nuestros primeros mundos.
Impecable la actuación de la protagonista, que recibió el premio a la mejor actriz. Una película interesante, digna, estupendamente realizada, que sirve también para abrirnos a un cine y a un país poco conocido, Eslovenia. Que no Eslovaquia, como señalaban algunos en la rueda de prensa después de pase del filme.