Escriben Gloria Benito, Ángel Vallejo y Adolfo Bellido
La Mostra sigue adelante con sus luces y sus sombras. Más allá del ecuador del certamen, seguimos sin comprender muy bien a qué se deben las alabanzas por haber vuelto a aceptar su sentido de mediterraneidad. En tal caso nos figuramos que ese sentido es por haberse instaurado la denominación de origen en todas las secciones del festival. Si es así, tenemos que asentir, aunque sea en función de los pequeños y muy elementales ciclos, excepción del homenaje a Tornatore, que es más amplio.
Pero para nada si se refiere a la Sección oficial, pues al menos la anterior edición ya estuvo formada exclusivamente por filmes procedentes de países mediterráneos. Está claro que en sus treinta años de existencia eso no siempre fue su destino.
Este año la citada sección, a pesar de la calidad presumible, que algunos optimistas o interesados han voceado incansablemente, no está resultando muy positiva. Lo visto hasta ahora, salvo dos o tres lamentables filmes, se mueve en una medianía ligeramente aceptable, de las que sobresale, muy por encima del resto, la película de Costa-Gavras.
Lo que no podemos comprender es la ausencia de película española en competición, sobre todo siendo el director de la Mostra quien es, es decir, una persona que ha conducido durante años los destinos del Festival de cine español de Málaga.
El que en esta edición no resulten demasiado importantes películas procedentes de países aparentemente de gran potencialidad cinematográfica, como Francia o Italia, tampoco sorprende. Actualmente, salvo ciertas películas, lo que allí se produce no alcanza el nivel de sus épocas gloriosas.
La Mostra, cerca de su final, sigue adelante, ignorada casi por completo por los ciudadanos de Valencia. Un hecho que tampoco puede sorprender a nadie. Es algo que se repite año tras año, incomprensiblemente, tanto en la Mostra como en Cinema Jove.
En estos artículos que dedicamos a la Mostra, por si a alguien no le ha quedado claro, exclusivamente comentamos los filmes que se proyectan en la Sección oficial. Adolfo Bellido
Ibrahim Labyad
Tomemos a una serie de delincuentes de pequeño calado pero que por esas circunstancias de la vida quieren llegar a lo más alto. Para lograrlo y convertirse en los jefes de un barrio o un ciudad deberán, lógicamente, enfrentarse al mafioso que cuenta con un ejercito de asesinos que le siguen. Únase a lo anterior la presencia de una guapa mujer que trae en jaque a todo el mundo, si se quiere una especie de mujer fatal. Mujer que (sin saber muy bien la razón) se casa con el gran jefe y de la cuál (desde muy pequeño) está enamorado el enfrentado a tal mandamás.
Todo ello completado con traiciones, venganzas, muertes, tráfico de droga y muchas, muchas persecuciones. Cuanto más, y más largas, mejor. Todo ello muy propio del cine americano de ayer, pero puesto al día en series de hoy, es a su vez el referente en el que bebe esta muy larga película egipcia donde el espectador termina cansado de tanto como corren y saltan por aquí y por allá los protagonistas.
Por si no bastasen la secuencias dinámicas, la historia de amor se adereza con recuerdos (perdidos) de la infancia, en unos flashbacks tan forzados que no ayudan para nada a esta historia de recuerdos y amores imposibles repletos de sangre y peleas, con una marca de fábrica oscilante entre las películas americanas y las orientales.
Al final de la proyección la pregunta es clara ¿qué se le ha perdido a este filme para que haya ido a parar la Mostra de Valencia? Mister Arkadin
Brothers
Como dice uno de los dos principales protagonistas del filme, en todo juicio hay tres partes: la tuya, la mía y la verdad. Esa misma máxima podría aplicarse al argumento de esta película, en esencia correcta, amena y comprometida. Pero como quiera que se trata de una reflexión fundamentalmente política sobre un tema delicado, este crítico no puede dejar de pasar la oportunidad de pronunciarse ante un elemento perturbador: la película muestra el conflicto emergente entre dos concepciones del Estado de Israel, la secular y la religiosa, a propósito del reclutamiento forzoso de los judíos ortodoxos en el ejército israelí.
No cabe dudar de que cuenta con un tratamiento riguroso, comprometido y en ocasiones brillante. Sin embargo, sólo se nos muestran dos bandos en litigio, dos posturas de un problema complejo que en mi humilde opinión no representan sino a una parte del Estado israelí: la sionista y la ultraortodoxa, toda vez que los representantes de las mismas aparezcan como moderados a lo largo del filme.
¿No cabe dar voz a los pacifistas, a los ciudadanos normales, a los no extremistas? Es forzoso reconocer que no contamos con la información suficiente, que no vivimos la situación de los israelíes y que el propio director comentó unos minutos antes de la proyección que la parte religiosa enquista e incluso alimenta el conflicto con los palestinos en su propio provecho.
Sin embargo, uno sale de la proyección con la sensación de que no se ha dicho todo, que se ha eludido una parte importante, y eso, en una película que atesora suficiente calidad como para aspirar a algo serio, es un lastre nada menor. Ángel Vallejo
Ajami
En la misma línea temática de Vals con Bashir, este filme plantea los problemas políticos, sociales y humanos enquistados durante los largos años que dura el conflicto palestino-israelí.
Sin embargo esta película se ha realizado con actores no profesionales que también en la vida real sienten y padecen la violencia y el caos que impregna la vida de todos los habitantes de la zona: árabes, judíos y cristianos. Este hecho, y la técnica de rodaje con varias cámaras que captaban las reacciones y sentimientos de unos protagonistas que no conocían previamente el guión, tuvo como consecuencia que éstos se expresaran con la naturalidad y frescura propias de un relato muy realista, lo que juega a favor de la verosimilitud del filme.
Con una estructura de episodios cruzados y una fragmentación del espacio que obliga al tiempo del discurso a avanzar o retroceder según convenga a la percepción del narrador, el adolescente palestino Nasri deja oír su voz como espectador de la tragedia y también como partícipe ocasional del inevitable conflicto.
El destino fatal que decide el fin trágico de la historia y de los personajes que la pueblan es el resultado de una sociedad desestructurada por la guerra y los intereses de los gobiernos que condenan a sus ciudadanos a vivir la vida cotidiana como una experiencia en la que el instinto de sobrevivir o de buscar justicia y venganza se impone a cualquier esperanza de futuro.
Un suceso casual y arbitrario -la muerte de un beduino por el tío de Nasri- desata la réplica violenta del clan del muerto y una cadena de acontecimientos en los que Omar, el hermano mayor de Nasri, busca proteger a su familia mediante una ingenua incursión en las mafias de la droga, que no podía acabar de otra forma que no fuera violenta y fatal.
Otra línea narrativa es la que relata el problema de Malek, otro palestino que cruza las líneas israelíes para trabajar como ilegal en el restaurante del cristiano Abu Elías, el protector paternalista de sus empleados siempre que éstos no perturben con su conducta la jerarquía y el orden social establecidos.
También conocemos la tragedia de la familia del policía israelí Dando, cuyo hermano se encuentra desaparecido, y que irrumpe en las historias del resto de personajes para enfrentarse a ellos con terribles consecuencias.
En resumen, un filme que muestra sin compasión ni concesiones las trágicas circunstancias en que vive una población castigada por la política agresiva y devastadora de los responsables políticos de tal desgobierno. Un ejemplo de objetividad y perspectivismo en el que se superponen todos los puntos de vista sin enfrentar posturas ni lanzar mensajes moralistas sobre quiénes son los buenos y los malos. Simplemente coexisten como en la vida real. Gloria Benito
Questione di cuore
La primera película que hizo Fancesca Archibugi, la realizadora de este filme, fue Mignon vino a quedarse (1989). Su visión supuso una gran sorpresa. Hacía presagiar una carrera importante a esta directora que también ha oficiado como guionista y actriz.
Sus películas siguientes, doce con ésta, no ha aseverado aquella esperanza. Con esto no quiero decir que lo realizado después de su primer filme haya sido horroroso. Lo que ocurre es que esperábamos mucho más de su cine, que siempre termina moviéndose entre lo que se adivina y lo que termina siendo.
Cuenta, en esta ocasión, la historia de dos vidas muy diferentes unidas por un mismo hecho: el encuentro de un mecánico y de un guionista de cine y televisión en un hospital donde han sido internados al sufrir ambos (y al mismo tiempo) un infarto. En realidad lo que vemos en pantalla son los recuerdos del guionista desde el balcón de su casa.
Convivimos con dos personajes distintos en todo, en su manera de ser, de estar en la vida, de su formación. Dos seres cuyas vidas se cruzan de forma irremediable. La amistad entre ambos conlleva a una especie de usurpación de personalidad y de vida, por la cuál el guionista se apropiará (y comprenderá) la vida del amigo; de la familia, el amor de los suyos, la aparente felicidad de una vida que no posee grandes aspiraciones.
En realidad las cosas no son como parecen ser. Es el espejo de dos vidas separadas y unidas, de alguien que vive y de alguien que sueña los mundos de otros. El guionista, su presencia en la historia, tiene una gran importancia como un creador de vidas, de personajes, de situaciones. En ello está lo mejor de la película: buscar lo que ocurre a su alrededor, ver a alguien y preguntarse quién será, qué hace allí. El comienzo de una historia para ser contada, que puede ser comunicada a otros.
Junto a este preciso camino, la película se entretiene con un sinfín de temas tratados sin rigor. A ello, y en lo negativo, hay que unir las vueltas y revueltas no demasiado claras en el salto de unas a otras historias. Así, por ejemplo, resulta muy forzado el presentido infarto del guionista al principio del filme, al proponerse desde escenas poco clarificadoras y convincentes, sin ni siquiera saberse si se mueven entre lo cómico, lo trágico o, simplemente, realista.
Los distintos personajes son enmarcados en país caótico representado por la ciudad romana aplastante y, por momentos, inhumana: la sanidad, las calles, las gentes...
La directora se sabe amiga de la gente de la profesión y aprovechando que uno de sus dos protagonistas es un afamado guionista (sin saber muy bien la razón de ello) hace que por el filme se pasee gente del medio, como Carlo Verdone, Daniele Lucheti o Stefania Sandrelli (quién la ha visto y quién la ve). Una especie de juego sin demasiado sentido. Parecido al jugueteo de la directora con las imágenes con el fin de centrar o explicar la acción que está teniendo lugar: los más que discutibles y constantes desenfoques sobre varios personajes que están en escena con el fin de determinar quién es el que habla o lo que es importante.
Y ello sin olvidar ciertos planos, fuera de lugar, insertados dentro de la acción y que no se sabe muy bien si se corresponden con la realidad, los recuerdos o la imaginación del guionista. Hechos que afean una película que, como todo el cine realizado hasta ahora por la directora, amaga pero no da. Adolfo Bellido
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XXX Mostra de Valencia (4): hacia el final







