¿Qué fue del verdugo?
Escriben Gloria Benito, Ángel Vallejo y Adolfo Bellido
Ruedas de prensa con escaso público llevadas a cabo en un sitio tan escasamente adecuado como es el hall del cine donde tienen lugar las sesiones oficiales de la Mostra, mesas redondas en un lugar aún más absurdo para un festival como es el pequeño reducto para actividades culturales de un edificio comercial y unas sesiones con escasos espectadores son algunos de los mundos propios y personales de la Mostra de Valencia.
Dicen que no iba a ser así, pero el engorde de los datos de asistencia seguirá produciéndose por los cientos de escolares que asisten a las sesiones matinales dentro de la sección denominada la Mostreta.
Hay cosas en esta Mostra difícil de comprender. Así, la reedición (se entiende únicamente por llevarse a cabo el homenaje a Berlanga) de los libros publicados hace bastantes años, como el dedicado al gran actor Pepe Isbert, Mi vida artística. Memoria de Pepe Isbert, publicado por la editorial Bruguera en el cercano 1969, o la monografía de Kepa Sojo, Americanos, os saludamos con alegría. Una aproximación a Bienvenido Mr. Marshall.
Tampoco se comprende en demasía la presentación, dentro de las actividades de la Mostra, de la Guía d'actors i actrius/Agenda Professional editada por AAPV. Pero quizás peor que eso, sea el publicitar algunas mesas redondas con grandes nombres sabiendo de antemano que será difícil (caso de Jorge Semprún) o totalmente imposible (el fallecido Ricardo Muñoz Suay) que acudan. No han sido, los dos nombres citados, los únicos que no han cubierto el puesto que se les había designado. Desde siempre se sabía que sería muy difícil que el homenajeado Berlanga acudiera a la cita.
Poco favor, de todas formar, se ha hecho al (frustrado) homenaje al gran realizador de El verdugo (película que, señalamos una vez más, no se ha proyectado dentro del ciclo dedicado a Berlanga) con la presentación de un libro (preparado para la ocasión) tan pobre en contenidos como es Viva Berlanga (eso sí, con muchos pequeños comentarios de amigos y amiguísimos del director) o con la película Por la gracia de Luis, realizada por un grupo de amigos, cuyo único fin, visto lo visto, parece ser el haberse pasado unos buenos días vacacionales en Alicante.
Por lo que respecta a las películas de la Sección Oficial, hasta ahora hemos visto de todo, desde filmes de calidad como Edén al oeste de Costa-Gavras, en la que un emigrante trata de encontrar la perdida Ítaca, hasta alguna obra pésima como Come Dio comanda de Gabriele Salvatores, un director siempre mediocre, ensalzado por una muy pequeña película titulada Mediterráneo, filme casi maestro si se compara con esta vulgar historia paterno-filial con absurdas pinceladas sobre el nazismo, la contaminación, las condiciones de trabajo... condimentado con una inimaginable mezcolanza de géneros. Adolfo Bellido
Come Dio comanda
Tras el éxito de Io non ho paura (2003), película basada en la novela homónima de Niccolò Ammantini, el milanés Gabriele Salvatores repite el experimento al adaptar al cine otra novela del mismo autor. En este caso el director parece haber perdido el tino que tuvo con otras películas como Mediterráneo, que en 1999 obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera y tres David de Donatello.
La historia narra las atormentadas relaciones entre Rino Zena (Filippo Timi) y su hijo Cristiano (Alvaro Caleca), un adolescente desorientado por las ideas nazis de su padre y los problemas propios de la adolescencia. El triángulo se completa con la presencia de Quattro Formaggi (Elio Germano), al que un accidente laboral ha causado una discapacidad mental, que vive en su extraño y alucinado mundo y al que curiosamente Rino protege, pese a su radical forma de pensar.
En un entorno degradado por la crisis económica y el desempleo, lo que parecía comenzar como argumento político deviene en melodramático culebrón en el que el asesinato de Fabiana, compañera de instituto de Cristiano, ocasiona tal enredo que la trama se llena de bosques lluviosos y enlodados por los que unos intentan salvar a los otros.
Al final resulta que el azar divino pone orden y triunfa la justicia: el malo muere y el padre se reconcilia con su hijo y viceversa. Decepcionante filme con numerosas incoherencias en el guión y un exceso de moralina cristiana. Gloria Benito
Harragas
Harragas es una película rodada sin artificios, de un modo casi documental, que narra las vicisitudes de un grupo de argelinos de diversas procedencias (los autodenominados harragas, los quemados) que se embarcan rumbo a España en una patera, y la odisea que supone ese trayecto.
Extremadamente sencilla en su planteamiento, posee sin embargo detalles notables: dibuja un desolador panorama sociológico con apenas cuatro trazos; muestra claramente conflictos de tipo étnico muy presentes en casi todas las sociedades, incluso en las desarraigadas, que también poseen sus propios parias (los negros subsaharianos, menospreciados por los argelinos del norte), y da cuenta de la falta de compromiso y solidaridad que pueden llegar a mostrar los compañeros de un viaje atroz cuando lo que está en juego es algo más que la dignidad, esto es, la propia vida.
Sin embargo, lo que podría haber sido un adecuado retrato se ve lastrado en ocasiones por un sentimentalismo forzado y unos recursos manidos: hay una voz en off omnipresente que pretende explicarlo todo, incluso cuando no es necesario; se fuerzan los antagonismos y se caricaturiza a los personajes negativos, que aparecen como paradigmas del mal sin asomo de bien alguno (tal es el caso del mafioso que negocia con los harragas o el ex policía) y se da lugar a ciertas situaciones insólitas, por lo poco realistas.
No obstante, es una película noble, bienintencionada y bastante amena, a pesar de tratar un tema poco agradable. Su visionado puede resultar profundamente didáctico para algunos de aquellos que no son conscientes del drama de la inmigración ilegal y de los motivos de quienes emprenden tal travesía, aún a riesgo de la propia vida. Ángel Vallejo
Edén al oeste
Costa-Gravas en 1986 realizó una comedia, Consejo de familia, que poco o nada parecía tener que ver con su cine. Más de veinte años después vuelve a incidir en el género, pero eso sí, no con el divertimento como fin, sino desde la propia esencia de su cine de siempre combativo, de denuncia.
Por eso quizás, la apuesta le sale bien. El filme se mueve en un terreno dramático, porque el tema que trata lo es, pero en el desarrolla hay lugar para el humor. Algunos críticos han escrito que se trata de un filme (y de un protagonista) chaplinesco. No me opongo a ello, pero añadiría un pequeño matiz, que debe tenerse en cuenta: la clara referencia hacia el cine de Federico Fellini (en su final, en la presencia del mago).
Edén al oeste se centra en el tema de la emigración, de los sin papeles que en cualquier lugar del oeste se ven obligados a trabajar en condiciones inhumanas, al tiempo que deben huir constantemente de la policía. Panfletaria si se quiere (con buenos muy buenos y malos muy malos), demagógica, elemental en ciertos momentos, pero todo ello resuelto y dirigido con solvencia y calidad.
Asistimos al viaje por Europa (una especie de road movie) de Elías, uno de los cientos de emigrantes clandestinos que llegan a Europa en busca del paraíso. Nuestro personaje cree encontrarlo en ese hotel del inicio llamado Edén, pero su existencia allí no es más que un espejismo en un mundo que ni le entiende ni le admite. Su viaje, por tierra, en busca del mítico París, en cuyo Lido piensa encontrar un trabajo... mágico, puede identificarse con la Odisea de un Ulises que debe enfrentarse a multitud de problemas hasta alcanzar un incierto destino.
Película digna, excelente a veces, muy bien realizada en la que Costa-Gavras sigue fiel a su cine en el que denuncia situaciones injustas. Para Gavras, "la sociedad ha ido a peor porque en el mundo actual no hay esperanza". Algo que trata de mostrar su último filme, en el que al menos aparecen algunas personas capaces de ayudar a los demás, aunque en muchos casos se trate de gente como ellos mismos, desesperados, desheredados, sin un futuro claro.
El final aludiendo a la magia como huida o como solución no es más que esa apuesta por el mundo de cuento fantástico por el que transcurre la narración. Adolfo Bellido
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XXX Mostra de Valencia (3): de lo bueno a lo mediocre







