martes 22 de mayo de 2012

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XXIX Mostra de Valencia, Cinema del Mediterrani (7): 20 y 21 de octubre

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Decisión al amanecer
Escribe Adolfo Bellido López

v01-cartel.jpgLa XXIX Mostra ya está lista para sentencia. El jurado y la prensa han visto todos los filmes de la Sección oficial. Los premios, presumiblemente, se darán a conocer el día 23 por la mañana, dando paso por la tarde a la clausura y a esas tres sesiones donde se ofrecerán al espectador los tres filmes premiados (las tres palmeras). La sesión de clausura, como la de inauguración, será sin película alguna. Acto protocolario y canapés a go-gó, pero sin go-gós...Un esperpéntico absurdo.

¿Y cómo ha sido la Mostra? Depende en qué. La Sección oficial, alicaída en el cambio de tercio que lleva de la mitadf al final, se elevó en el último tramo, o al menos presentó películas que llevaron el enfrentamiento entre los asistentes. Para unos, dos eran bastante buenos (o tres, si añadimos nuestra aplazada referencia al filme albanés), para otros discutibles.

Es lo bueno que tiene un festival. Se acude “virgen”, si eso actualmente es posible, a la proyección de los filmes a concurso. Nada se sabe de esas películas. Sobre todo si vienen de países inéditos en nuestras pantallas. Está bien, de esa manera se puede analizar el filme sin interferencias y a cuerpo descubierto.

Si la sentencia sobre la Mostra hace referencia a los espectadores, me figuro que pocos iban a referirse a las películas de la Sección oficial. Tienen demasiados subtítulos para los espectadores que acuden a las salas de proyección y que normalmente en las sesiones de las 18 y 20 horas llenan títulos realizados en España o doblados al castellano.

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Respecto a la asistencia del público y a las ruedas de prensa, acabó de leer, en la edición valenciana de un periódico de ámbito estatal, un articulo sobre la Mostra. Parece calcar lo que venimos diciendo en nuestro (casi) diario seguimiento del certamen. Pero comete varios graves errores: habla de la (increíble) rueda de prensa de la película egipcia. Dice que había media docena de periodistas en tal comparecencia. Se ve que no estuvo allí. Había como máximo tres, y algún infiltrado para aumentar el número. Las preguntas, ya se sabe, las hacíamos, cuando estábamos, Rafa Ventura del periódico Levante y quien esto escribe. Eso sí, el tercero en discordia, que nunca faltaba, era uno de los representantes del festival, que siempre iniciaba el turno de preguntas aclarando que lo hacía para abrir el fuego.... En muchos casos quedaba fogueado en sí mismo.  

Otro error más grave del citado periódico es indicar que la gente llenaba la proyección de Mala uva del ciclo Manuel Gutiérrez Aragón. Pobre Manolo, qué habrá hecho él para que alguien quiera hacer pasar por suya esa película que sí estaba en la Mostra... pero en el ciclo de Terele Pávez.

Hay algún otro desliz, como cuando se afirma que por la mañana, mientras las salas de los cines están repletas de niños asistiendo a las películas de la “mostreta” (la mostra infantil), en una sala cercana se proyectan las películas de la Sección oficial con poco público. Público poco, claro, pero esas sesiones son cerradas, con asistencia única para jurado y prensa. Y prensa hay la que hay: dos o tres fieles.

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Por último, se toman unas frases de algunas personas relacionadas con el cine. Una de ellas dice poco más o menos que la Mostra no interesa porque sólo pasa películas ya vista en otros festivales. Algo que es cierto a medias, pero que no dice nada sobre lo bueno o malo del certamen valenciano por una simple razón: casi todos los festivales que hay en España (y fuera pasa igual) se surten de las películas que han pasado por los cuatro o cinco festivales importantes que hay en el mundo. Y no digamos los festivales de cortos. Es un carrusel de cortometrajes saltando de un festival a otro.

Está bien criticar la Mostra. Hay muchas cosas que van mal. Una pena. Pero lo que no se puede hacer es asfixiar a quien ya casi está sin aire.

Dicho lo cual, quiero dejar claro lo comentado días anteriores, y que ahora, vistos ya todos los filmes de la Sección oficial, puedo ratificar: el nivel medio ha sido medio alto. Pocos de los filmes presentados han estado carentes de cierto interés. Escasas han sido las películas realmente malas.

Pasemos revista, pues, a algunos de los títulos finales de la Sección oficial. Dejaré para la entrega final el comentario sobre el filme albanés La tristeza de la señora Schneider, que comentaré junto a la película española Las tierras altas, primer largometraje dirigido por Carolina del Prado, única aportación española al ciclo Mostra Mujer.



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Basara (Basora)
Sección oficial
Escribe Adolfo Bellido

Una de las películas más comprometidas presentadas a concurso. Muy interesante en su conjunto. El título indica claramente por donde va a transitar la historia. Evidentemente la ciudad iraquí anuncia el conflicto que allá se mantiene desde hace años: la guerra de Irak.

Presencia y fondo de dicho conflicto bélico con la consiguiente implicación de los diferentes países en el campo ideológico y el sentimiento que tal lucha genera en los países cercanos. Un tema candente, de actualidad, visto a través de la historia de un fotógrafo que busca aclararse, en diferentes aspectos, en un mundo conflictivo donde se exige un determinado posicionamiento.

No se puede olvidar que el fotógrafo, a través de la cámara, desea testimoniar una realidad, expresarla y lanzarla a través de las fotografías tomadas a los ojos de quien las ve. También a las conciencias. Fotografiar no es una labor neutra por mucho que se intente. Es tomar opción sobre lo que aparece delante y que se testifica.

La película, de nacionalidad egipcia, ha sido realizada por Ahmed Rashwan (1969). Al parecer es su primer largometraje. No obstante el director tiene experiencia como realizador de diferentes cortometrajes, series y documentales.

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Basora, además de una ciudad iraquí, es un típico juego de cartas egipcio. De ahí el doble juego que implica la película y que lleva de una guerra en un país a las preguntas que tal suceso infiere en las personas. Un sin fin de personajes distintos atraviesan la pantalla, respondiendo de distintas formas a los hechos, tratando de tomar partido de una o de otra manera.

El protagonista busca e inquiere su propia verdad, su toma de conciencia o el encuentro personal respecto de si mismo frente a la vida. En esa indagación, el amor, el encuentro con diversas mujeres, ocupa un lugar importante. De ahí ese final, que puede sorprender, en una secuencia de encuentro sexual. Pero quizá ese final responda a una notable y curiosa aceptación de la propia existencia.

Filme apreciable, que además se abre a un abanico de personajes que pueden resultar sorprendentes para el espectador occidental como pueden serlo las mujeres árabes libres y abiertas que encuentra el protagonista en su ardido camino externo e interno.



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The seven days (Los siete días)
Sección oficial
Escribe Adolfo Bellido

Película coproducida por Israel y Francia. Ha sido realizado por Ronit y Sholomi Elkabelz. Dos mujeres que vuelven a co-dirigir una película después de su debut en 2003 con To take a wife. Ronit es una de las más afamadas actrices del cine israelí.

Curiosamente, el filme podía supone un antes del filme egipcio que acabamos de comentar. Simplemente porque desarrolla su historia en 1991, cuando tiene lugar la primera guerra del Golfo. Pero tal hecho, ante todo, es utilizado como símbolo de la guerra que tiene lugar entre una familia que está de duelo por la muerte de uno de sus miembros. Una guerra donde estallan todo tipo de intereses frente a la figura callada de la madre sufridora que, desde su dolor, asiste al macabro espectáculo: los siete días de duelo exigidos por su religión para llorar al difunto (nadie puede salir de la casa del difunto) se transforman en un cruel campo de batalla. O a lo mejor en más cruento que el real. Depende de cómo se mire.

Algunos han querido ver una similitud con El ángel exterminador de Buñuel. Desmedida comparación. Más bien esta comedia negra puede recordar por momentos un guión de Azcona y Berlanga. Incluso la realización, por lo que diré a continuación, puede llevarnos a ver el rastro del realizador valenciano.

Todo comienza en el cementerio (única salida unida a la del final: los siete días han acabado), en el entierro del familiar. Se agrupa a los personajes en el plano (planteamiento propio de Berlanga) dando una idea de conjunto, unidad. Unos personajes unidos e imposibles de separarse: la familia unida, pero en guerra continúa. Los “enemigos” llenando el plano. Para que todo quede claro suena, en esa primera secuencia, la alarma que anuncia la llegada de los misiles lanzados desde Irak. Todos, excepto la madre (símbolo dentro del símbolo), se ponen las mascaras.

De ahí saltamos a la casa donde transcurrirá todo el filme hasta el final donde (nuevamente toda la familia llenando el plano) salen después del obligado “encierro”. Un instante antes (para cerrar el círculo) ha vuelto a sonar la alarma y la situación inicial se repite. La familia es el propio enemigo del que hay que protegerse.

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La película, que posee hasta ligeros toques almodovarianos, pudo ser excelente. A ciertos críticos así les pareció, incluso suena a premio, pero a mí no me logra interesar más allá de su idea argumental y lo que llamaría esbozo formal. La agrupación de la familia hasta llenar el plano (como si no se pudiera respirar) es buena, pero se alarga a lo largo de casi dos horas. Planos fijos con personajes estáticos, sin que exista tan siquiera montaje dentro del plano por el movimiento de los personajes, son el motivo referencial continuo de la historia. Estática y monocorde con una clara funcionalidad, pero sin ir más allá que lo propuesto en su inicio.

Unos buenos actores (quizá demasiados teatrales) y una excelente fotografía sirven de contrapunto a un filme que promete más de lo que da, repitiéndose innecesariamente.

Dentro de todo este esperpéntico núcleo familiar resplandece la figura callada de la madre sufriente, pero dominadora desde su silencio: observadora y enjuiciadora. Es quien tiene la última palabra desde su inconexo discurso.

Un filme, en resumen, discutible y discutido.



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Dixia de Tiankong / The shaft (El pozo)
Mostra informativa
Escribe Gloria Benito

El título se adecua perfectamente a la atmósfera de la película, tanto por el espacio en que se desarrolla el argumento como por las vivencias y actitudes de los personajes.

El filme narra la historia de tres miembros de una familia que vive en una localidad minera del oeste de China, ubicada en el fondo de un valle opresivo y oscuro, donde una naturaleza hostil y desmesurada amenaza las vidas de sus habitantes. En ella, todo es tan viejo, gastado, sucio y polvoriento, como el mundo interior de los personajes, que se encuentran atrapados por una realidad que frustra todos sus sueños.

La hija debe aceptar un matrimonio de conveniencia para huir de la monotonía de su existencia y de la maledicencia de su entorno. El hijo, un adolescente que no puede acabar sus estudios, no tiene otra salida que trabajar en la mina, como sus antepasados. El único que parece huir de tan negro destino es el padre que, tras su jubilación, emprende un viaje para buscar a su mujer.

Todos los personajes son antihéroes, gente corriente que arrastra sus pequeñas vidas hacia un futuro sin expectativas ni esperanzas. Su mundo es gris y sin brillo, lleno de grietas y hendiduras, como los muros de los edificios gastados por el tiempo, la humedad y la vejez.

Este ambiente angustioso y opresivo se traslada al filme mediante un lenguaje cinematográfico en el que todo está cuidadosamente pensado para conformar un universo de símbolos propios de la narrativa existencial y social: las cuestas por las que los personajes suben y bajan en un ir y venir anodino y desganado; los puentes y viaductos, siempre situados por encima de sus cabezas, y por los que corren trenes que conducen a destinos inalcanzables; las ventanas de las casas y de las fábricas, en cuyo hueco se destacan los personajes como meras siluetas sin perfiles definidos, sin detalles que los singularicen. Y al fondo, siempre una niebla tras la que se alza el muro de las montañas, enormes y sólidas como un obstáculo insalvable. Así, esta visión de la naturaleza que condena a sus criaturas a ir siempre hacia abajo y a no remontar nunca el vuelo, se configura como metáfora de la vida de todos los que en ella habitan.

También el uso de planos fijos de larga duración, en los que apenas hay diálogos o son de contenido absolutamente trivial e intranscendente, contribuye a crear un ambiente vacío y nihilista, que los personajes aceptan con cierto sentido fatalista del lento discurrir hacia su absurdo destino.

Una película que refleja la dureza de la vida del interior de China, en contraste con la mediática imagen de las urbes olímpicas y modernas que se dejan visitar por los turistas. Un cine que recuerda al europeo de los años sesenta, del mismo modo que algunas instalaciones de tema social que se exponen en algunos museos evocan las expuestas en la Bienal de París de 1973. Algo que los espectadores occidentales ya hemos visto, como una historia que se repite.



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The Wall (El muro)
Sección informativa
Escribe Luis Tormo

Taiwan, 1950, unos recién casados esconden un secreto tras un muro de su casa: un profesor japonés partidario de la revolución que lleva ocho años oculto. El marido venera a este profesor como un dios, y la relación, descubierta por la recién casada una vez entra en el hogar, la hace cómplice y participe de esta situación.

Ambientada en un medio rural, agrícola, este matrimonio pertenece a un pequeño mundo que se limita a su entorno, que no han vivido nada más, y en ese contexto las enseñanzas socialistas se convierten para el protagonista en un ideal a seguir. El problema viene cuando la mujer se incorpora a ese dúo para formar un triángulo que llega hasta sus últimas consecuencias y que, sin embargo, son aceptadas por el marido (ella queda embarazada del profesor y el marido asume este hecho).

Es en esta parte intermedia cuando la película muestra su lado más interesante. La mujer asume la parte del triángulo desde el punto de vista de los sentimientos, el profesor se ve obligado a reconocer que no es ese ser perfecto que sus seguidores creen, y el marido se muestra incapaz de reconocer las imperfecciones del líder. A partir de ese momento el filme deriva hacia consecuencias trágicas, en las que se deja constancia de la dificultad de ser coherente cuando se ha de tomar partido entre la revolución y la vida.

El relato mezcla la narración real con pequeños flash-backs y, ya en la parte final, muestra escenas vistas desde el punto de vista del marido, cuando éste ya está absolutamente desquiciado (incapaz de reconocer la realidad) y asume la personalidad del profesor.

Filme opresivo que simboliza en ese pequeño habitáculo donde está encerrado el profesor todo ese mundo cerrado, sin visión, que sufren unos personajes que son incapaces de reconocer más allá de su entorno inmediato.

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