La negación del cine (entre la simpatía y la tontería)
Escribe Luis Tormo
El acto de inauguración de la XXIX edición de la Mostra de València, Cinema del Mediterrani, que se celebró el 14 de octubre de 2008 en el Palau de la Música, reafirmó una vez más las carencias que este festival arrastra desde hace años y que tiene mucho que ver con la manera en que los dirigentes políticos gestionan la política cultural en la Comunitat Valenciana. Y realizamos este comentario porque el festival es un fiel exponente de esta corriente que se centra más en la forma que en el fondo y donde el escaparate parece más importante que los productos que en el se exponen.
Es evidente que la gala de inauguración de un festival tiene como principal objetivo la promoción mediática del mismo y la asistencia de actores, actrices, directores y demás estrellas de renombre, posibilitando un espacio publicitario importante en los medios de comunicación. Se asume por lo tanto cierto dispendio económico en esta serie de actos y es frecuente que todos los festivales intenten atraer (contratar) a esos personajes que el público reconoce mayoritariamente. Así, a su nivel, cada festival intenta confeccionar una agenda con un buen número de reconocidos profesionales del medio.
Entrando ahora en materia, la ceremonia fue conducida por Jaime Cantizano y Anabel Alonso que, sobre un escenario sobrio donde dominaba el negro, se dedicaron a realizar un repaso de las diferentes secciones y homenajes que componen el festival.
El guión, relleno de tópicos, se movió en esa difícil frontera que oscila entre la simpatía y la tontería, y tan sólo las tablas de Anabel Alonso consiguieron soslayar los innumerables fallos de la gala. Sobre el escenario se pudo ver a Jorge Sanz, Manuel Gutiérrez Aragón, Terele Pávez y a una fría Isabelle Huppert. En el patio, caras conocidas de la escena local y nacional (actores de las series Socarrats, L’Alqueria Blanca, Singles, Aida, Escenas de matrimonio) y muy poca o ninguna representación del verdadero sector profesional.
Pero el problema que surge en la Mostra, y retomamos la opinión que exponíamos en el primer párrafo, es que aquí parece que se olvida el objetivo final que no es otro que el cine. Aquí se trataba de realizar una presentación que igual valía para un festival de cine que para cualquier otro evento (guiños continuos al programa de Jaime Cantizano pues la gestión de la gala venía encomendada a una empresa de Antena 3) y con personajes igual valen para un sarao que para otro. Un ejemplo lamentable lo tenemos cuando al final de la gala se requirió la presencia de los homenajeados para una foto de familia en el escenario... y entre todos salió Karmele Marchante.
Lógicamente como el cine no importa más allá de la fachada, la inauguración (como ocurre desde hace unas ediciones) no incluyó ninguna proyección para los asistentes como acto final del evento. ¿No hay ningún filme entre los 160 que se proyectaran que merezca cierto interés?
En la sección informativa parece que tenemos un puñado de filmes que por las opiniones que han despertado su presencia en otros festivales, a priori, son cuanto menos interesantes. Se anuncia el estreno de la inédita El Greco ¿Por qué no aprovechar ese acto de inauguración, esa reunión de personas y medios, para presentar una película? Y lo más grave, ausencia total de la parte profesional (productores, distribuidores) pues en este festival no cabe la mirada al mercado del cine desde el punto de vista comercial (aquí no se cierra ninguna operación del sector).
Por eso no es de extrañar que festivales con menos longevidad e igual o inferior presupuesto tengan una repercusión mediática y profesional mucho mayor y el referente más claro de esta afirmación es el festival de Málaga.
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XXIX Mostra de Valencia, Cinema del Mediterrani (2): inauguración







