Nunca en domingo
Texto y fotos Juan Francisco Álvarez y Sabín
Con la firma de discos empezó el último día del festival. Una firma de discos que se retrasó bastante, dado que la noche anterior fue larga, y para algunos todavía más, entre los que se encontraban los compositores más marchosos, con lo que acudieron tarde a su cita obligada con los aficionados.
Una lista de más de trescientas personas tenía que pasar por el consistorio local en busca de un máximo de tres autógrafos de cada uno de sus compositores favoritos. En el salón de plenos y por riguroso orden de inscripción la gente fue en busca de su preciado recuerdo. Hubo que lamentar las ausencias de Joel McNeely, Antonio Meliveo y Santiago Segura, pues ya no se encontraban en Úbeda. Pero la lista era enorme y todos acudían con sus fundas, fotos o incluso el propio cartel del festival para que les firmaran.
Hay que agradecer la paciencia que demostraron los compositores, pues aguantaron estoicamente firma tras firma, y eso que alguno de ellos se recreaba con su dedicatoria, y otros incluso se interesaban por cada uno de sus fans y les daban conversación. Por todo ello, el acto se alargó más de lo debido e hizo que la comida de hermandad retrasase su inicio hasta pasadas las cuatro y media de la tarde. ¿Hay alguna fórmula mágica para lograr que la comida sea de hermandad y no una merienda de negros hambrientos?
Pese a todo y una vez ventilados los primeros platos que cayeron en cada mesa, fue una comida llena de momentos mágicos: Christopher Young pasándose por cada una de las mesas y saludando a cada uno de los comensales; Wataru Hokoyama que, como buen turista japonés, con su propia cámara se iba fotografiando junto a los comensales de cada una de las mesas; o Patrick Doyle y Michael Giacchino no dudando a la hora de hacerse fotos con cada grupo de gente que se lo pidiese.
El retraso que se iba acumulando hizo que el resto de actividades se tuviesen que comprimir o en algún caso suspender, y así, después de la comida se realizó una mesa redonda con los compositores que quedaban y, tras el concierto de la Agrupación Municipal Ubetense, con un programa de música de cine, se realizó una fiesta flamenca con la que se cerró el V Festival internacional de música de cine Ciudad de Úbeda.
Largo fin de semana
Y tras esta serie de artículos en los que hemos querido plasmar lo que hemos vivido en estos cuatro días en la ciudad andaluza de Úbeda, es la hora de hacer balance, que, como en todos los casos, puede pecar de subjetivo, ya que hablamos de lo que hemos vivido los dos redactores de Encadenados en estos apretados cuatro días, aunque no hemos estado en todas partes y, desde luego, no tenemos todos los datos, por lo que nuestras opiniones pueden ser discutibles. Cosa que asumimos.
Destacar por encima de todo la calidad humana de todos y cada uno de los compositores presentes en la cita ubetense, pues sin ellos y esa entrega incondicional no existiría ese "espíritu de Úbeda". Tras cinco años, Úbeda es algo así como un mito... no es extraño que haya compositores que, literalmente, hagan lo que sea preciso para estar un largo fin de semana en la ciudad andaluza. Sin duda, el espíritu se contagia.
En horas, cada día del festival se traduce en 19 horas de acto tras acto (con pequeños huecos para comer algo) y unas escasas 5 horas para dormir. A Úbeda no se va a dormir, ni a bañarse en la piscina del hotel, en Úbeda el disfrute tiene otro color. Eso sí, exige luego un día entero para recuperarse... aunque sea viendo la multitud de fotos que todo el mundo realiza junto a los compositores presentes.
Agradecer el trabajo y dedicación de la Orquesta y el Orfeón, pues aunque como profesionales es su trabajo y cobran por ello, el ritmo de trabajo que tuvieron que aguantar, sobre todo el sábado, fue insufrible, pero ellos lo aguantaron... y fueron capaces de sacar adelante un concierto de cuatro horas de duración, con cambio continuo de director y continuas alteraciones del programa previsto.
Agradecer también el aguante y la paciencia que tuvieron las dos chicas del mostrador de recepción, tanto para los congresistas como para prensa (Carmen y Montse), que atendían sin perder su gracia y salero a los que se acercaban a pedir cualquier tipo de material o información: nunca un "no" ha sonado tan bien como cuando ellas lo pronunciaban... y debían hacerlo continuamente, porque faltaba parte de la documentación el primer día, los DVDs tardaron en llegar, los detalles para los congresistas no estuvieron disponibles hasta el último día, la sala de prensa sólo estaba abierta cuando había mesas con los invitados (con lo que era imposible estar en ambos sitios a la vez), y la posibilidad de acordar entrevistas con los compositores no siempre se tenía en cuenta. Pero, lo dicho, pese a todo, uno siempre tenía la sensación de que aunque no conseguía lo que había venido a buscar, se llevaba algo: una agradable sonrisa.
Como ya hemos comentado en algún artículo anterior, Úbeda debe respetar más la programación prevista, tanto a la hora de realizar las mesas con los compositores, como en cuanto al programa del recital y del concierto sinfónico: demasiados cambios de última hora afean unos actos que, no cabe ninguna duda, son de lo más espectacular que se puede disfrutar en el ámbito de la banda sonora en nuestro país. David Doncel y su equipo hacen un gran trabajo, pero deben mejorar este aspecto.
Y hablando de respeto, sabemos que sobre gustos no hay nada escrito y cada cual puede tener como ídolo a cualquier compositor sin más motivo que sus preferencias personales. Esto, que vale para los aficionados y congresistas, resulta más discutible a la hora de hablar de la organización. Si detalles como acompañar a la estrella Santiago Segura a la comida y olvidarse de que el compositor era Roque Baños puede ser un despiste momentáneo, menos comprensible resulta el tratamiento dispensado a Claudio Simonetti: en su mesa redonda hablaron más los presentadores (incomprensiblemente había tres) que la autora de si libro Profondo rock (que apenas abrió la boca) o el propio autor (que, afortunadamente, supo cómo encandilar al público en el poco tiempo que pudo participar). Y entre tanto presentador, ¿por qué no estaba el editor del libro en español, si precisamente se trabajó contra reloj para poder presentarlo en primicia en Úbeda?
Un detalle feo, pero no tanto como el presumible escándalo entre Simonetti, la orquesta y la organización, que a punto estuvo de acabar con la ausencia del autor italiano en el concierto sinfónico. La situación se resolvió con Claudio interpretando sus piezas al piano, sin apoyo de la orquesta ni del coro, sólo con una soprano. Aunque su interpretación fue meritoria, su música no se parecía ni de lejos a los fragmentos proyectados la tarde anterior, durante su mesa redonda, sobre todo en el caso de Suspiria.
En definitiva, parece que hay un exceso de atenciones para algunos compositores (sobre todo norteamericanos) y se olvida que todos merecen el mismo respeto como autores que son (algo que no siempre se tuvo en cuenta con los europeos). Afortunadamente, el descubrimiento general de Philippe Rombi sirvió para compensar de alguna forma esta predisposición (intencionada o no) e hizo que muchos acabaran reconociendo el valor de la música de este lado del Atlántico, entre cuyos autores destacaron también los españoles, con Fernando Velázquez y Roque Baños a la cabeza.
Por último, aceptamos que la mayoría de los miembros de la organización colaboran por amor al arte y que sin su desinteresado esfuerzo (a veces sacrificio, porque se quedaban sin disfrutar de los invitados) el Festival de Úbeda no sería una realidad. Para todos ellos nuestro más sincero agradecimiento y reconocimiento por su labor. Pero no confundamos voluntarismo con "todo vale", ha de haber una dirección, una línea de trabajo y un análisis y valoración de los resultados. Sólo así se conseguirá que Úbeda sobreviva en el tiempo... algo que la mayoría de encuentros de música de cine que se venían realizando en España ya no pueden decir. Evitemos entre todos que Úbeda siga el mismo camino.
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V Festival de música de cine Ciudad de Úbeda (9): despedida y cierre







