Existencias difíciles… y sobrenaturales
Escribe Ferran Ramírez
Con el inicio de la semana laborable, parece que la programación de Sitges ha virado de rumbo y ha apostado por los filmes de factura impecable, fantasías imposibles e iconoclastas y algún que otro tropiezo que, por otro lado, era (casi) esperado por todos. Queda claro que el consumo rápido del fin de semana se ha transformado en el hábito laborable de dejarse seducir por el cine fantástico de mayor rango.
La película que prosigue la exhibición de los filmes a competición en la sección oficial fue Mr. Nobody, de Jaco van Dormael. Y lo decimos ya, seguramente, la primera joya exhibida, y esperemos que no sea la última del certamen.
Con olor a superproducción de Hollywood, una premisa insólita y una imaginación desbordada, nos relata la única vida, o las cinco, o las veinte o las treinta vidas que puede albergar el universo y sus dimensiones en torno a un solo individuo. Nemo Nobody vivirá todas sus posibilidades, conocerá todas sus variantes y vivirá un total de 118 años, hasta el año 2092, donde recordará sus existencias paralelas.
La emotividad que destila Mr. Nobody es casi surreal, transmite una sensación de permanente gravedad -en todos los sentidos de la palabra-, y es toda una oda a la vida, al amor, a las oportunidades perdidas, las vividas y las recuperadas. Mediante un imposible sistema cronológico, la película transporta al espectador a un viaje mágico, de ensueño, trágico y feliz al unísono. Jared Leto, quien encarna al múltiple personaje, hace una meritoria composición de todos los estadios por los que pasará Nemo Nobody.
Es una obra mayúscula que se vuelve adictiva en tanto que avanza su metraje, además de atrevida y compleja, romántica e inspiradora. Sin duda alguna, dará que hablar en cuanto goce de un estreno comercial en las salas españolas, pues la historia de este personaje es una de aquellas historias que se dan una vez de tanto en cuanto y que quienes la disfrutan no pueden por menos que sentirse afortunados. Y por supuesto, merece ocupar un lugar destacado en el palmarés de esta edición.
Y de un Don Nadie pasamos a otro, en este caso, el personaje central de Metropia, un filme realizado con la técnica del fotomontaje animado que construye un universo propio, con apabullantes texturas visuales y una estética oscurantista de alto voltaje estético.
Las voces son cedidas por Vincent Gallo, Udo Kier o Juliette Lewis, quienes parecen ceder también sus psiques a los personajes de animación. Su realizador y animador Tarik Saleh toma como referencias primigenias a George Orwell o Franz Kafka para esta fantasía que muestra una sociedad en profunda depresión.
Se sitúa en un París lúgubre, decadente y derruido y centra el núcleo de la acción en torno a una intriga soterrada que explica cómo los compradores de un producto de higiene estarán sometidos a una vigilancia absoluta por parte de una empresa de dudoso nombre. Pre-apocalíptica y post-industrial, Metropia también explica cómo una sociedad futura, aunque próxima y completamente conectada, nos sumirá en una pesadumbre sólo superada por la tecnología y el espíritu destructor del hombre.
El filme se erige como un nuevo prodigio de la técnica. Sus personajes, físicamente descompensados y con una expresividad extraña a la par que impactante, constituyen uno de los ejes innovadores más sugerentes del certamen. Una plasmación perfecta de ambientes y una trama, que si bien resulta algo descompensada, da en la diana del dolor humano, consiguen que un ritmo llevado a remolque se supere con cierto grado de satisfacción. Metropia, es pues, una pequeña y agradable sorpresa.
Viajes paranormales
Y contrariamente a lo que se podía esperar, Paranormal activity (pues se auguraba también como pequeña y grata sorpresa esta nueva cinta de supuesto terror que está causando furor en Estados Unidos) resulta todo un desatino.
La propuesta toma el patrón de filmar el terror de manera frontal y en supuesto estado puro como ya hicieron las obras precursoras de esta nueva moda en lenguaje visual cinematográfico. Si recordamos, The Blair witch project, Cloverfield (Monstruoso), o Rec, sin ir más lejos, la acción en supuesto tiempo real acongoja al espectador y lo lleva a un viaje pesadillesco que vive en primera persona.
Paranormal activity, escrita, producida, montada y dirigida por Oren Peli, debutante que se habrá forrado con esta operación engañosa, no consigue ni un momento de tensión decente. A los diez minutos de película se ven expuestas sus pequeñas trampas y unas incongruencias de guión mayores, la ausencia de ese ansiado terror del que se supone que presume el filme es notoria, y un par de secuencias cercanas al desenlace que guardan un cierto interés no levantan el filme ni por asomo. Éste sigue la peripecia de una joven pareja que decide grabar los fenómenos extraños que acontecen en su hogar. Descubrimos que a la chica siempre la ha acosado desde que tenía nueve años un ente maléfico.
Partiendo de esta base argumental asistimos al visionado de las grabaciones de la pareja que no hacen más que deambular por la casa o dejar la cámara en un punto fijo. Alguna sombra, un par de ruidos y alguna otra actividad paranormal aparecen en el filme pero no hay más.
Y lo decimos ya, salvo los últimos diez minutos de su metraje, el filme no da ningún miedo. Repetimos: no da ningún miedo. Por el contrario, provoca el tedio por la reiteración infinita de secuencias, unas conversaciones ramplonas que demuestran su escasez de ideas y una falta de ingenio absoluta que no sabe como alargar una trama que no debería pasar de la estricta media hora. Paranormal activity es una pura campaña de marketing que no conduce sino al aburrimiento. Quien avisa, no es traidor.
![]() |
![]() |
Por suerte, Moon supo quitar el amargo sabor de boca que había dejado la anterior propuesta y nos devolvió la fe en el cine de ciencia ficción más trascendental. Reminiscente de obras como Solaris o la odisea espacial de Kubrick, el filme de Duncan Jones refleja la soledad de un hombre que lleva tres años en una estación lunar esperando que finalice su contrato para volver con su familia pero descubrirá que esta espera para regresar a la Tierra no va a llegar nunca.
Se trata de otro evocador y sugerente filme que explora la ansiedad de un personaje al ver cómo su propio mundo es un castillo de naipes construido sobre una mentira. Su interrelación con Gerty (el equivalente moderno de HAL, de 2001, una odisea en el espacio), una máquina inteligente que cuida de él y una exploración filosófica de la tristeza y del sentido de la vida confirman a Jones como una revelación tras las cámaras, Sam Rockwell, además, compone un magnífico doble papel que expresa al milímetro el espectro de emociones que la convivencia de dos idénticos en una nave sin un atisbo de esperanza para la supervivencia.
Moon es bella y extraña, con un halo contemplativo, que entronca con la mejor tradición de la ciencia ficción trascendente. Logra, asimismo, realzar la claustrofobia y el desasosiego de la nave espacial, que aquí adquiere un poder metafísico insólito. Una hermosa partitura y una fotografía espléndida cierran el conjunto. Moon se estrena en breve entre nosotros así que sólo queda desearle buena suerte.

