Sitges, Festival de cine fantástico de Cataluña (3): primer fin de semana

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Días difíciles
Escribe Ferran Ramírez

Con la llegada del fin de semana, llegaron las colas interminables, las sesiones completas, el hambre de cine y una programación poco potente para tratarse de unos días  en los que el público estaba dispuesto a la gran consumición.

Si bien los nombres para el fin de semana parecían prometer lujo y calidad, bien es cierto que el sabor de boca del aburrimiento se quedó en el paladar después de dos intensas jornadas.

Kynodontas (Canino)

Cuentos para no dormir

El griego Yorgos Lanthimos presentó a concurso una propuesta, Kynodontas (Canino), que pese a que ha provocado la disparidad de reacciones, nadie podrá objetarle un planteamiento arriesgado y original que desconcertó a toda la sala.

Propone que una familia que vive en las afueras de la ciudad no salga nunca de los dominios de su hogar, a excepción del padre, que es quien tiene que traer el pan a casa, y todo lo demás. De este modo, los tres hijos ya creciditos se han educado con lo que sus padres les han contado. Para ellos, un teléfono es un salero y los aviones que ven sobrevolar su casa a veces se caen para resultar ser avioncitos de plástico y así hasta un sinfín de ejemplos de lo que supone no conocer más.

Kynodontas (Canino)

Todo vale en esta familia disfuncional que quiere a toda costa preservar la unidad, pese a que estén sacrificando sus vidas. El director propone así una comedia negrísima sobre la ausencia de libertad y el control absoluto de los progenitores con sus descendientes.

Incisiva, brutal y, por momentos, muy divertida, Kynodontas, pese a que su trama argumental se reduce a una exposición de la cotidianeidad de esta familia, logra en un único escenario y cinco personajes (desde aquí le damos una especial mención a la actriz que interpreta a la hermana mayor, Aggeliki Papoulia, a quien posiblemente nunca más veamos) crear un clima enrarecido y enfermizo donde cualquier es posible.

La huérfana (Orphan)

Si Kynodontas podría bien ser un cuento adulto morboso también este fin de semana tuvimos otro filme, esta vez de terror al uso clásico, que también utilizaba una fórmula parecida. Jaume Collet-Serra trajo La huérfana (Orphan) a la sección Panorama.

Era uno de los títulos más esperados de estos dos días y también de los que ha dado que hablar en los últimos meses. Collet-Serra demuestra aquí mejores dotes que con las que había demostrado en La casa de cera, pues aquella fue más noticia por el concurso como actriz de una celebrity del papel cuché que por sus méritos artísticos.

La huérfana (Orphan)La huérfana sigue los esquemas prototípicos de cualquier filme con infante de mentalidad diabólica. Los mismos recursos argumentales, las mismas trampas de guión, los mismos personajes, el mismo desarrollo… pero tiene una virtud.

La cinta se abre con una sanguinaria secuencia pesadillesca que pronto da paso a la familia protagonista. Una bella pareja, con dos bellos hijos, en una casa en medio del bosque aún más bella y un aborto que acaba de sufrir la madre. Este es el motor de arranque por el cual la bella pareja decide adoptar una niña, y claro, la niña contiene tanta maldad en su interior que su único deseo será destruir a su familia adoptiva.

La virtud de la que hablábamos antes es que el filme no se toma en serio a sí mismo y, al mismo tiempo, incide en una disección de los personajes poco habitual en cintas de terror de esta índole. Angustiosa y divertida a la par, La huérfana, además cuenta con la interpretación sensible, emotiva y muy creíble de Vera Farmiga. Una estilizada fotografía, la apariencia de cuento macabro y el desenlace sorpresa de rigor -aunque esta vez hay que admitirle cierta gracia a la resolución- completan la incómoda partida.

The holeY por si estos dos cuentos para creciditos eran poca cosa, también se presentaron en la sección que este año el certamen dedica al 3-D, Toy Story, archiquerida por todos, y la nueva propuesta de Joe Dante, The hole, que pretende recuperar el aliento de sus filmes de antaño con esta aventura descafeinada, sólo apta para menores de 13 años, de dos hermanos y una muchacha vecina de éstos que descubren un agujero que les traerá sus peores miedos a la realidad.

Dante, queda claro, ha querido reverberar ese cine que le caracterizó en los 80 y habrá quien haya disfrutado entrando en la máquina del tiempo pero, seamos claros, estamos un poquito más avanzados. El filme no hace sino inducir el sonrojo por la cantidad de despropósitos que hacen sus protagonistas (quienes, por cierto parecen, Britney Spears y Ashton Kutcher pero con 17 años) pues, lógicamente, no da ni un atisbo de miedo, resulta plomiza y ni siquiera provoca risa.

Tampoco entendemos la decisión de Dante de rodar el filme en 3-D porque, sinceramente, no hacía ninguna falta viendo el resultado. No hay ni una sola secuencia en la que las tres dimensiones estén justificadas, y eso es decir mucho.

Lo que sí decimos es que se pudo ver el tráiler de Avatar, otro nuevo cuento pero esta vez de James Cameron, en 3-D, y promete ser una de las experiencias más estimulantes del año.

The hole

No más cuentos

Después de la ración de cuentos, tenía que venir la parte seria del asunto y, por supuesto, así fue. El documental histórico manga presentado en la competición Musashi, el sueño del último samurai, de Mizuho Nishikubo, pese a ser un filme de animación resultó ser una apología soporífera del legendario espadachín japonés Miyamoto Mushashi.

La obra, compleja y extraña, combina diferentes lenguajes narrativos, desde un profesor estudioso de la figura del samurái hasta los cantos del rokyoku (unos cánticos japoneses cantados por hombres que narran historias míticas). Además, juega en su contra su orientalismo declarado pues hace múltiples referencias a personajes y situaciones que en Occidente se desconocen por completo.

La conclusión fue una sala que tenía prisa por levantarse del asiento e irse de la proyección, ni un solo aplauso y una cara de aburrimiento supino marcada en todos los presentes.

Musashi, el sueño del último samurai

La que por el contrario consiguió una ovación más o menos calurosa fue la propuesta francesa a concurso, Ne te retournes pas, de Marina de Van. Pero el reclamo de esta cinta son sus dos intérpretes femeninas, Sophie Marceau y Monica Bellucci, quienes además componen un único personaje. Son las dos caras de la misma moneda, o al menos eso parece.

Se centra en la vida de una escritora que, a raíz de que su última obra no va a ser publicada, entra en profunda crisis de identidad hasta el punto que no reconoce ni su casa ni su propia familia ni tan siquiera ella misma. Su rostro empezará a cambiarle, al igual que mutará todo su entorno y se encontrará con una realidad completamente diferente de la que ella ha formado hasta ahora. ¿Dónde se encuentra el origen de esta transformación?

Por supuesto, la trama tiene suficiente miga y las dos actrices también, hasta el punto en que en ciertos pasajes del filme, la cara de la protagonista contiene atributos de ambas actrices, siendo una propuesta visual completamente insólita, como insólito es su planteamiento.

Su ritmo no hace gala de una cadencia firme y se pierde demasiado en disquisiciones visuales para amañar el paso del tiempo, pero ciertamente este filme bien rodado y mejor interpretado se encuadra en el drama psicológico de fuerte carga emocional. Por otro lado, hay que hacer una advertencia. Si recuerdan un filme de hace diez años protagonizado por Demi Moore llamado Pasión por vivir, los paralelismos entre ambos filmes están asegurados.

Con todo, y aunque Ne te retourne pas tenga momentos sobreros, es una rareza que merece la pena descubrir y sabe captar la tristeza de lo que está explicando.

Ne te retournes pas