Buenas pretensiones, pero…
Escribe Daniela T. Montoya
El viernes 24 de octubre, la ciudad de Valladolid abrió sus puertas a la Semana internacional de cine. Unos días antes, quizás por tratar de contrarrestar el “efecto premios Príncipes de Asturias” coincidente en fechas, la semana de cine organizó una fiesta (por todo lo alto) en Madrid para presentar la programación.
Paralelamente, el jueves 23, proyectó El último guión. Buñuel en la memoria, documental enmarcado en el espacio que dedica el festival a conmemorar el 25 aniversario de la muerte del autor de Los olvidados, Las Hurdes o Viridiana, por citar sólo unos ejemplos. Se encargaron de hacer la presentación su hijo mayor, quien relató anécdotas jocosas que protagonizó su padre; Jean-Claude Carrière, su guionista habitual; y el también director Carlos Saura, a quien la Seminci dedicará una retrospectiva el próximo año.
El caos ha caracterizado el día inaugural. Falta de previsión o problemas organizativos son los responsables de cierta confusión, problemas con la venta de entradas y algunas demoras, como el retraso de más de media hora en el inicio de la gala inaugural. A pesar de todo, el entusiasmo y la experiencia de la dirección aplacan los nervios y van solucionando los inconvenientes (aunque sobre la marcha).
Así, con paciencia, el público aguardó que comenzara la ceremonia inaugural en la que, además, se hizo entrega de una de las Espigas de Honor a Elías Querejeta, referente en la producción del cine español de los últimos 45 años.
Las películas “oficiales”
En el campo de lo estrictamente cinematográfico, lo común ha sido la tónica dominante. Hasta ahora, cuatro películas de la sección oficial, de las cuáles apenas destacaría la coproducción nórdica Maria Larssons eviege ojeblink / Los momentos eternos de Maria Larsson.
Porque el resto, olvidándose de que con el cine se puede sugerir, se explayan dando explicaciones “habladas”, de lo que supuestamente sienten los personajes, de su pasado tortuoso, de sus ilusiones de futuro. Palabras, palabras y más palabras, de actores y actrices que están coartados por el guión, sin apenas dejarles hueco a que interpreten un personaje.
Captain Abu Raed (Capitán Abu Raed)
Dirigida por Amin Matalqa
Comencemos por la primera película programada, el Captain Abu Raed / Capitán Abu Raed, presenta con el orgullo (¿o deshonor?) de ser la película ganadora del premio del público en Sundance. No es para menos. Este filme, solitario hito en la cinematografía jordana (se dice que es la única película realizada en ese país en cincuenta años), sigue los parámetros que gustan al público estadounidense, aunque se autodenominen “independientes”. Película producida, dirigida y escrita por el jordano (formado en Estados Unidos) Amin Matalqa. Novel en estas tareas, peca de estructurarse sobre una narración tendenciosa que, con el objetivo de tocar la fibra sensible del espectador, la mayor parte del metraje se convierte en banda sonora acompañada de imágenes.
La historia parte de la confusión que genera Abu Raed, limpiador en el aeropuerto de Ammam, quien un día regresa a su humilde barrio portando una gorra de piloto. Un niño quiere creer que es piloto y congrega a su pandilla para que les lleve a los mundos imaginarios a los que sólo se llega volando. Así, unos, queriendo que les cuenten fantasías, y el solitario anciano Abu, con ganas de ser escuchado, la película se inicia insuflando sueños y alegría (a quien se deje embaucar). Porque la realidad no es tan maravillosa. Ni la película es sublime, ni la realidad de los protagonistas es de ensueño.
El discurso social de Matalqa entra en juego, de la mano del chaval Murad quien, entre furioso y celoso por la falta de protagonismo, se encarga de abrir los ojos a sus amigos. Él será el detonante que dé un giro comprometido a la historia, convirtiendo a Abu Raed en héroe entregado a las causas justas.
Tiene buenas intenciones Matalqa, pero eso no basta para realizar una buena película. La bondad y el carisma del protagonista, por muy creíble que sea la interpretación de Nadim Sawalha como anciano honesto y caritativo, no suplen las carencias técnico-narrativas del filme. Los vínculos y las relaciones entre los personajes son, como poco, inverosímiles (¿un autobús de tripulaciones llevando sujetos ajenos a la compañía aérea?, ¿un anciano callado, convirtiéndose en el centro de la fantasías de una pandilla de críos?).
Por otro lado, serían perdonables los fallos de raccord, con tremendos errores en la iluminación, o algunas transacciones abruptas si no fuera porque la grandilocuencia de la banda sonora delatan que había recursos (e interés) en pulir determinados elementos. La desmesura de la música orquestal, distante respecto a los sonidos y melodías autóctonos (inexistentes), junto a una construcción forzada, no logra cautivar.
Die frau des anarchiste (La mujer del anarquista)
Dirigida por Meter Sehr y Marie Noelle
Por motivos similares, también ha sido decepcionante Die frau des anarchiste / La mujer del anarquista. Coproducción hispano-franco-alemana realizada por Meter Sehr y su esposa Marie Noelle. Avezada documentalista, ella, a él algunos lo recordarán por Amar al límite (2001), con un Adrien Brody por entonces casi desconocido.
La mujer del anarquista se llama Manuela (María Valverde, a quien le queda grande el papel), que siente un amor ciego por su querido esposo anarquista (Juan Diego Botto). El detonante dramático es la lucha y posterior victoria del bando nacional en la guerra civil española. La situación social obligará a separarse por unos años, con la angustia de no tener información sobre su vida ni su muerte, hasta que se reencuentran en Francia. Pero, como hemos apuntado, La mujer del anarquista acumula demasiados defectos que acaban lastrando el desarrollo de la película.
Planteada como un panfleto propagandístico, La mujer del anarquista se posiciona tendenciosamente en un bando: el republicano. Entremezclando documentos reales (imágenes de bombardeos, fotos de la miseria que mataba a la población civil, etc.) con ficción, además de construir unos personajes perversamente arquetípicos (rojos buenísimos, fascistas asesinos y ladrones), la pareja de directores pretende despertar la simpatía del público hacia los ideales anarquistas. Pero sólo generan hastío por el esquematismo y simpleza de las situaciones generadas.
Tan sólo el último tramo del filme, una vez que la pareja protagonista traspasa las fronteras españolas, y ha cesado el empeño de los directores por contarnos (cual clase de instituto) su versión de la Historia, es cuando la película cobra cierto interés. Ya, sin la responsabilidad de “documentar” el pasado, La mujer del anarquista se centra en la ficción de las relaciones entre la pareja de enamorados, la desconfianza de hija adolescente (con pocos minutos, extraordinaria Ivana Baquero) respecto los secretos que guarda su padre, y la continuación de éste de las actividades políticas, aunque ahora desde el secreto de la resistencia.
Retorno a Hansala (Retorno a Hansala)
Dirigida por Chus Gutiérrez
También son confusas las intenciones de Retorno a Hansala, de Chus Gutiérrez, si bien es más coherente que las dos anteriores películas comentadas. Retomando el tema de la inmigración que ya trató en Poniente (2002), Chus amplía sus horizontes.
De los conflictos sociolaborales en el sur de España, con Retorno a Hansala la acción se traslada al estrecho y el norte de Marruecos para hablar de las repercusiones en origen de la emigración de los marroquíes. La historia se articula (como en Poniente) a través de dos sujetos (que pueden dar pie al enamoramiento) condicionados por las dificultades de sus respectivas situaciones personales: Martín (José Luis García Pérez), en crisis matrimonial, es propietario de la funeraria que se encarga de recoger los cadáveres que llegan a las playas de Algeciras; y Leila (Farah Ahmed), marroquí que trabaja para asentar su nueva vida en España. A causa del la muerte del hermano de Leila en su viaje en patera, y de las deudas que acosan a Martín, inician juntos el viaje para enterrarlo entre su familia.
El viaje será la excusa para estrechar lazos entre ambas culturas. A pesar de la incomprensión idiomática, Martín ejemplifica el modelo de quien, sin demasiados esfuerzos, consigue entender al otro. Desde esta perspectiva, Retorno a Hansala se convierte en un ejercicio perfecto de tolerancia.
El problema es que la narración flaquea con algunos diálogos que explican lo innecesario y la incorporación de personajes que carecen de la entidad suficiente, como por ejemplo Leila que, en comparación con la escuetísima pero intensa interpretación de Cuca Escribano como mujer de Martín, es demasiado anodina.
Maria Larssons eviege ojeblink (Los momentos eternos de Maria Larsson)
Dirigida por Jan Troell
Por último, Jan Troell, asiduo visitante de la Seminci con, por ejemplo, Hamrun (1998), participa con Maria Larssons eviege ojeblink / Los momentos eternos de Maria Larsson. Ambientada a principios del siglo XIX, cuenta la historia de cómo el matrimonio compuesto por María y Sigfrid sale adelante ante las adversidades, tanto sociales (huelgas, hambruna, carencia de trabajo, etc.) como personales (principalmente, los deslices de Sigfrid con el alcohol y las mujeres).
Comprendiendo un periodo de unos diez años, el director sueco observa sus altibajos y desavenencias más cruentas, con amenazas e intentos de ruptura, a la vez que sus hijos van creciendo y nacen otros que amplían la familia. A lo que hay que añadir sus relaciones con madres y hermanos, vecinos y amigos. En conjunto, un cuadro complejo sobre las distintas formas de amar, ya sean entre marido y mujer, entre padres e hijos, como en amores platónicos, resignados, pasionales o sinceros.
Paralelamente al retrato social, la película abre una mirada interesante a lo onírico. Además de la buena realización fotográfica, con unos tonos sepia que remiten a los tiempos en que surgió la fotografía, Troell introduce un elemento determinante en el devenir imaginario: María aprende a utilizar la cámara de fotos que ganaron en un concurso. Este hobby, a medio camino entre vía para ganancias extras y puerta de escape a sus penas, será la excusa perfecta que, concordando con la estética de la película, utilice Troell para discurrir sobre el sentido de una mirada diferente.
En conclusión, una interesante propuesta, del tipo de las que esperamos seguir viendo por la capital pucelana.
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Seminci, 53 Semana internacional de cine de Valladolid (2): el inicio







