Lo bello y lo siniestro en una historia mínima
El reciente certamen de L’Alternativa de Barcelona nos ha dado la oportunidad de contemplar joyas inocuas que brillaron especialmente en su Sección Documental. Lamentablemente apartada del palmarés, queremos hacer hincapié en la resplandeciente La bocca del lupo (La boca del lobo), del realizador ialiano Pietro Marcello.
El paisaje del puerto de Génova es el punto de partida para contemplar la historia de un presidiario que vuelve a casa después de una vida de crímenes y maltrato social. Entre intimidantes y desoladoras, las postales de la vida portuaria ofrecen a la cámara una poética hiriente en la que la historia de dos ancianos amantes, Enzo y Mary, va construyéndose en un proceso de emerger de las sombras de una ciudad sombría y bastarda.
El encanto viene de la mano de unas figuras decimonónicas perdidas en la indiferencia del siglo XXI. Él, un siciliano moruno y vengativo, que ya no conoce otra dicción que la del argot carcelario y pasea su figura sexagenaria cuchillo en mano. Ella, un transexual ex toxicómano, una mujer afectuosa y ajada, tocada de una boina parisina de canción de acordeón. Ambos componen una pareja bien avenida y profundamente enamorada que se ama como ha aprendido a vivir: violentamente; y que intercambia al azar la cara oscura y la luminosa de una relación áspera y verdadera. Condenada a vivir al filo, pero construida sobre un conmovedor instinto de sociabilidad algo atacado por la naturaleza descarriada de dos seres nacidos en la boca del lobo.
La mirada documental de Marcello viaja entre los distintos puntos humanos y cardinales de Génova. Los ermitaños que habitan las cuevas a las orillas del agua dan al espíritu de la ciudad la indiferencia de la ley del mar; las prostitutas y los bares de mala muerte son el cobijo materno que posibilita la sostenibilidad del mundo de la industria portuaria y de sus hercúleas estructuras de hierro inmortal.
El montaje alterna la poética desarraigada de la historia actual, reflejada en Enzo y Mary, con la nostalgia vintage del archivo. Bellísimas imágenes de barcos dejando el puerto, de embarques felices de un siglo atrás, de mujeres bañándose en una costa virgen y de estraperlistas y niños descalzos, enseñan el pasado de un lugar definitivamente detenido en el tiempo y poseedor de un encanto único. Una belleza oscura y entera, indudablemente ampliada por la intervención de una mirada que bascula entre el documental y la fábula, entre el tremendismo y el realismo mágico.

La película, que juega con las voces y con los diálogos íntimos de los dos protagonistas, pero no con sus rostros, atrapa al espectador al conseguir un valiente y sincero plano secuencia conjunto en el que ambos, tan dispares como el día y la noche, relatan con orgullo el inicio de su maltratada historia en una cárcel italiana. El retrato humano resulta tan punzante como conmovedor, y los dos marginados sociales que han vivido al límite resurgen ante la mirada del espectador como víctimas de ése lugar detenido en el tiempo que ha de tragarse sus cenizas.
Los protagonistas no se lamentan ni piden justicia social, sólo sueñan con una casita campestre donde esperar la vejez rodeados de sus perros, aunque esta casa campestre no tenga nada que ver con una postal vintage de las que nos enseña el montaje. Aunque quede sólo a unos metros de las estructuras de hierro y de la perdición del puerto, y a pesar de que sólo unos límites perfectamente franqueables la separen de la boca del lobo.
En estas imágenes finales, restituidos a la paz soñada, los deja la cámara de Marcello. Las figuras de Enzo trabajando el huerto y Mary asomada a su pequeño balcón, nos dan el final feliz de dos seres despreciados que han conseguido la tranquilidad dentro de su minúsculo lugar en el mundo.
Obras como ésta nos hacen reflexionar sobre la potencia narrativa del emergente documental europeo, sobre las posibilidades de formato y género, sobre la sinceridad retratista que puede llegar a proporcionar una mirada que pasa por un sitio tan sorprendente que quizás la ficción no habría sabido cómo ni por dónde empezar a construir.
Tras sus primeras obras (Carta a Scampia, Il cantiere, Il passaggio della linea), podemos decir que el autor ha alcanzado con La bocca del lupo, una notable madurez. Le deseamos suerte a Pietro Marcello y a su proyecto emotivo y valiente. Allá donde llegue, dentro o no de los circuitos comerciales, gustará y soprenderá. Ojalá podamos verlo llegar a las salas españolas.
Escribe: Marga Carnicé

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L’Alternativa, 17 Festival de cine de Barcelona (4): La bocca del lupo







