Una ficción para el desamor del hombre-cámara
L’Alternativa ha inaugurado su muestra de cine sudamericano con Viajo porque preciso, volto porque te amo (Viajo porque lo necesito, vuelvo porque te quiero), una road movie de matices documentales dirigida por los brasileños Marcelo Gomes y Karim Aïnouz.
El diario de viaje de un geólogo enviado a la deriva para realizar un trabajo de campo hace aflorar la historia de su desamor, mientras las imágenes revelan un paisaje a punto de desaparecer por la construcción de un canal de agua al noroeste de Brasil.
Siguiendo lo que desde Johan Van der Keuken y sus Vacaciones prolongadas (2000) ya podría ser llamado uno de los filones del documental de creación contemporáneo, el tándem de autores escoge la deriva del hombre-cámara que intenta buscarse en lo que contempla. El detonante de una crisis existencial revela esa mirada fascinada por el mundo de quien blande el objetivo ante un viaje audiovisual sin expectativas, pero del que surgirán, por necesidad de reconstrucción, interesantes matices dramáticos.
Esta road movie intimista, simpático modo de apelar a un monólogo interior cinematográfico que a veces también recuerda los desamores de los héroes de Cortázar, acaba abandonando el cuaderno de bitácora de un geólogo para componer, a modo de rayuela cinematográfica, la epifanía de una búsqueda.
Un collage de impresiones nos muestra las aristas milenarias de la geografía brasileña mientras la observación de las gentes de paso nos da un rico manual de usos amorosos. Los vínculos que se tejen entre los iconos del desarraigo, la filosofía analfabeta de tristes prostitutas, las relaciones salvajes de saltimbanquis circenses y los rostros de campesinos sin historia, componen una bella galería de imágenes del aislamiento y del abandono. Todo acaricia, hacia el final, una metáfora de lo fugitivo y lo permanente que va devolviendo paulatinamente a la vida al hombre de la cámara.
La apuesta estética del film de Gomes (Aspirinas e Urbus) y Aïnouz (Madame Sata, El cielo de Suley), quienes ya pasaron con obras anteriores por Cannes y Berlín, se lleva una mención especial por las alturas expresivas que consigue su forma. No es tanto la intervención en montaje lo que sorprende al espectador como la variada naturaleza de los soportes gráficos. La adecuación de la estética del super-8, de la foto fija y del video permite un tratamiento de imagen que no hubiese dado los mismos resultados en un viaje de planos secuencia.

Cuando el rompecabezas de texturas se detiene para que un plano silencioso nos sorprende con la limpia mirada de una adolescente perdida en una carretera, la película ya ha alcanzado un particularísimo grado narrativo. Es ésa, dice el narrador, la misma mirada de
Entre el argumento universal (esta Gallega sería una particular e indiferente Penélope, una ninfa tan escurridiza como

Como en David Perlov (Diarios, 1973-1983) o en el mismo Van der Keuken, vemos que el viaje y la búsqueda son la alternativa a la desintegración, al luto por el lugar perdido. Viajo porque lo necesito, y no vuelvo porque todavía te amo, termina el perpetuum mobile de este hombre-cámara. Figura convertida, por esta vez, en personaje de ficción.
La obra se define dentro de un género porque es a partir de la contemplación de lo real de donde nace la voluntad de la impostura, de tejer una historia de viajes y de amor a partir de la práctica del documental. Del desdibujamiento entre las fronteras de formatos que vive nuestro cine contemporáneo, podría estar naciendo por fin un nuevo tipo de ficción. Advenedizo y libre, pero con un trasfondo clásico, de cine de toda la vida, de viaje en imágenes, al fin y al cabo.
Este film estimulante, a veces áspero, de contenido ligero y textura sabrosa, daría afortunada prueba de dos cosas: que esto ocurre, que hemos empezado a abrazar las posibilidades del documental desde el patio de butacas, y que el resultado de intentarlo convertir en ficción nos gusta.
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L’Alternativa, 17 Festival de cine de Barcelona (3): Viajo 







