Underground de producciones audiovisuales
Escribe Daniela T. Montoya
El Festival de cine independiente de Barcelona, L’Alternativa, bien podrían entenderse como una “muestra”, dado el cariz que adopta su articulación.
En el contenido de su decimoquinta edición, la diversidad de procedencias, contenidos y formatos confirman que anda libremente por senderos alejados del mainstream de la industria del cine. Ni tampoco se deja subyugar por modas temáticas que, aún esgrimiendo lemas solidarios, organizan ciclos de dudosa lucrativa. Porque los pilares de L’Alternativa se asientan en el campo del arte. Esta predilección por la estética (más que por la narrativa) se hace evidente no sólo por la selección de contenidos, abundando el número de realizadores que provienen del campo de las bellas artes, sino también por su estructura, elaborando un amplio entramado que bordea desde museos hasta instituciones públicas y privadas volcadas en la gestión cultural desde distintas perspectivas.
En esta 15ª edición de L’Alternativa, el jurado compuesto por periodistas, escritores, diseñadores, viedoartistas y programadores, entre una variada amalgama de profesionales, lo ha tenido difícil para repartir los premios. O, mejor dicho, en lugar de “seleccionar”, ha optado por repartir todo lo posible extendiendo al máximo las menciones especiales y los premios ex aequo.
Como ya hemos dicho, aún configurándose como festival, la filosofía no es premiar a unos pocos, sino deleitarse con las propuestas programadas. Dejándose inspirar por el espíritu renacentista, la premisa básica es la interdisciplinariedad de las artes y las técnicas. Y el fin último, que la producción artística sólo se deba a sí misma. Por tanto, el premio es otorgado directamente a los espectadores, quienes tienen la ocasión inspirar el aire nuevo procedente de la experimentación, el riesgo y, por supuesto, la creatividad que brota de los filmes y audiovisuales programados en L’Alternativa.
Estos postulados se han hecho más que evidentes en la sección dedicada a los cortometrajes de animación, donde se ha recompensado el ascetismo, que favorece recapacitar sobre la flexibilidad de los escasos elementos compositivos.
El dibujo mudo y a tinta de L'evasio, de Arnaud Demuynchk, junto a la metarreflexión sobre la libertad de movimiento de Orgesticulanismus, de Mathieu Labaye, compartieron el premio al Mejor corto de animación. Mientras que el collage compositivo de Bert Gottschalk con Bildfenster / Fensterbilder se llevó la mención especial de dicha sección.
La misma línea simplificadora siguió Juan Pablo Zaramella en Lapsus, elogio de ingenio jugando
con las combinaciones del blanco y negro, que se ganó el favor del público llevándose el único premio abierto a votación popular. Curiosamente, esta última producción argentina fue una de las escasas animaciones que consiguió romper con la primacía de las realizaciones centroeuropeas en el campo de la animación (en corto). Principalmente franco-belgas, pero también germanas, dieron cuenta del buen estado de la formación en este ámbito. Algunas de estas escuelas, junto a otras de España y otros continentes, fueron invitadas por L’Alternativa en una sección paralela. Allí tuvieron la ocasión de presentar sus planes docentes y otros resultados audiovisuales, así como contrastar ideas con otros centros.
En el apartado de cortometrajes, la producción procedente de tierras galas siguió dando el do de pecho, pero el buen estado de la cinematografía rumana también se dejó ver entre los trabajos seleccionados por L’Alternativa. Nous, de Olivier Hems, junto a Amatorul, de Marian Crisan, se repartieron un premio que alimenta la predilección por el documental. Como también engarza con la tradición del free cinema inglés la irlandesa Frankie, de Darren Thornton, que recibió la correspondiente mención especial en este apartado.
Aunque la programación haga guiños a miradas menos convencionales o, incluso, tan subversivas como la de Glauber Rocha o los hermanos Taviani, con sendos homenajes en esta 15ª edición, la predilección por el documental no es desdeñable.
Esta preferencia se aprecia en los contenidos programados en la Pantalla Hall, un espacio gratuito (es decir, realmente abierto al público) cuyo particular diseño espacial anima a relajarse ante la selección de documentales que se suceden entre susurros y cervezas.
Asimismo, la presencia del documentalista germano Andres Veiel causó auténtica expectación, tanto por la clase magistral que realizó, como por la retrospectiva que le dedicó el festival. Y, como culmen de lo documental, su correspondiente espacio en la sección “competitiva”.
De nuevo una rumana, Corina Radu, esta vez labrada en el trabajo en televisión (para que luego digan que la pequeña pantalla, per se, es una fuente de defectos), con
, y el búlgaro Andrey Paounov, con Problemat s komarite i drugi istorii, hicieron gala de un sabio documental crítico. Centrados en dos pequeñas comunidades, los clientes del último bar comunista de la ciudad, y los futuros vecinos de una central nuclear, respectivamente, realizan un interesante análisis de las repercusiones político-económicas sobre el entramado social.
También moviéndose entorno a grupos sociales (determinados por su residencia o espacio habitual, más que por afinidades ideológicas o prácticas tradicionales) y, por tanto, lejos del onanismo en que tienden a caer las producciones anglosajonas, se sitúa En attendant les hommes. Dirigida por Katy Ndiaye, esta coproducción belga-mauritana recibió la mención especial de la sección Documental.
Por último, en la escueta sección Largometrajes también se dejó entrever esa pregnancia del estilo realista. Con premios a sendas producciones minimalistas, como Dah be alaveh Chahar... (10+4), de la iraní Mani Akbari intentando emular a Abbas Kiarostami (realizador de Ten, en el 2002), y Ye Che, del director chino Diao Yi’nan, el jurado dejó de lado (como ya ocurriera en el apartado de los cortometrajes) interesantes propuestas que flirtean con la fantasía. Y la recurrente mención oficial fue a parar a manos del joven Jonás Cuarón (vástago del director mexicano Alfonso Cuarón) por su Año uña.
Completan el palmarés el Premio AVID al Mejor film español, seguramente el premio más irónico, que recayó en la única producción española presente en el certamen (¿ya era un premio estar presente en tan selecta programación?), a saber, Decir adiós, de Víctor Iriarte; y el Premio Telesur al Mejor documental, que se llevó los honores la producción chilena La sombra de Don Roberto, de Juan Diego Spoerer y Håkan Engström.
Palmarés
Premio al mejor largometraje (ex aequo)
Dah be alaveh Chahar... (10+4), Mania Akbari (Irán)
Ye Che (Tren nocturno), Diao Yi Nan (China)
Mención especial de la sección de largometraje
Año uña, Jonás Cuarón (México)
Premio al mejor documental (ex aequo)
Problemat s komarite i drugi istorii (El problema mosquito y otras historias), Andrey Paounov (Bulgaria)
Bar de zi şi alte povestiri (Bar de día y otras historias), Corina Radu (Rumania)
Mención especial de la sección de documental
En attendant les hommes (Esperando a los hombres), Katy Ndiaye (Bélgica / Mauritania)
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Premio al mejor cortometraje (ex aequo)
Nous (Nosotros), Olivier Hems (Francia)
Amatorul (El amateur), Marian Crisan (Rumania)
Mención especial de la sección de cortometrajes
Frankie, Darren Thornton (Irlanda)
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Premio al mejor cortometraje de animación (ex aequo)
Orgesticulanismus, Mathieu Labaye (Bélgica)
L'évasión (La evasión), Demuynck Arnaud (Francia / Bélgica)
Mención especial de la sección de animación
Bildfenster | Fensterbilder (Imágenes y ventanas), Bert Gottschalk (Alemania)
Premio del público
Lapsus, Juan Pablo Zaramella (Argentina)
Premio AVID al mejor film español
Decir adiós, Víctor Iriarte (España)
Premio Telesur al mejor documental
La sombra de Don Roberto, Juan Diego Spoerer, Håkan Engström (Chile)
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L’Alternativa, 15 Festival de cine independiente de Barcelona (2): balance











