En nuestra primera crónica, y tal y como nos lo ha hecho notar algún atento lector de nuestras crónicas del Festival, obviamos referirnos a una de las secciones más reconocibles del mismo, Finisterrae, una selección de largos documentales que apuestan por explorar nuevas formas de mostrar la realidad, alejándose de los modelos canónicos y utilizando nuevos recursos formales.Finisterrae, como ya indica su nombre, acerca al espectador a aquellos trabajos que se sitúan en los extremos de la producción, que apuestan por un lenguaje fronterizo. En la realización de todos ellos hay implícita una búsqueda y riesgo formal.
Los programadores de esta sección son Miquel Martí Freixas, codirector de Blogs and Docs, la primera revista española dedicada exclusivamente al cine documental. También ejerce de crítico en diversos medios, aparte de sus labores como profesor en la ESCAC de Barcelona. Fue coguionista y participó en el montaje del multipremiado documental To shoot an elephant (2009).
Su compañera en tareas programadoras es Anna Petrus, docente de la Universitat Pompeu i Fabra y de La Casa del Cine. Es redactora de la revista DeCine y ha dirigido documentales experimentales seleccionados en Festivales tan importantes como Cannes, Sitges o Gijón.
En esta edición de 2012 la selección de Finisterrae incluye títulos como las españolas 7 días sin voz, una reflexión sobre la pareja que nos transporta a una dimensión globalizada de candente actualidad: las revueltas populares de todo el mundo; y Emilio. El eco de los otros pasos, la historia de los últimos días de un exiliado anarquista español en Francia.
De Israel nos llega Tse (Out), una mezcla de realidad, política ficción y sexualidad, y de Canadá How I filmed the war, una obra experimental que acaba revelando secretos y manipulaciones de uno de los episodios más sangrantes de la historia, la batalla del Somme, que tuvo lugar durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial.
En cuanto a los documentales que hemos tenido la oportunidad de visionar en esta jornada, el más comercial de todos ellos sin duda es From the Sky Down, la película estrella del festival (sólo podías acceder a la sala donde se proyectaba con invitación).
Merodear por los entresijos de una banda de rock como los U2 siempre es un plato muy apetecible, y este peculiar trabajo nos permite ahondar sin contemplaciones en los triunfos y fracasos de unos componentes que han llegado a ser auténticos mitos de la música. Tanto Bono, como The Edge, Adam Clayton y Larry Muller Jr, se sinceran ante una cámara que les sigue durante la composición en Berlín de uno de sus discos más emblemáticos, el Achtung Baby.

Con el grato sonido de fondo de las canciones que los que somos fans confesos del grupo hemos escuchado hasta la saciedad, se nos explica cómo en el momento de máximo apogeo y éxito multitudinario estuvieron a punto de parar máquinas e incluso llegaron a plantearse la posibilidad de una separación total.
El film se fija especialmente en el proceso de resurgimiento de unos artistas que sufrieron el vértigo del éxito y el vacío de una fórmula que de pura repetición dejo de mostrar su identidad. A destacar sobre todo los veinte minutos dedicados a explicarnos cómo se fraguó la canción One, pieza imprescindible para entender el giro radical que la banda dio a partir de los 90.
Radicalmente distinta es la propuesta que nos ofrece El cine de Paco, un documental de investigación sobre fragmentos del NO-DO que jamás llegaron a exhibirse. El realizador catalán Josep Rovira —quien cuenta entre su extensa filmografía con un documental, Cinema Dalí, que fue finalista en 2004 de los Premios Emmy— da un repaso a las imágenes más grotescas del único noticiario que pudieron disfrutar los españoles durante la dictadura añadiendo material nunca proyectado públicamente, mostrando así la sutileza de la censura y la manipulación del régimen.
Este prolijo documental solamente difunde entre el gran público un dato prometedor: existe gran cantidad de documentos del NO-DO almacenados y sin catalogar. No se sabe qué hay, es decir, puede existir un montón de tesoros por descubrir.
El autor del documental nos explica, antes del cierre del mismo, que tan sólo ha podido acceder a ochenta minutos de material inédito. Se trata de jugosos descartes en los que se ve al dictador en actitudes poco recomendables para enseñar al público español.
Se trata de auténticas perlas en bruto en las que podemos ver cómo el engaño estaba a la orden del día. Franco era un pésimo jugador de golf, jamás pescó un salmón tan grande como el que posteriormente exhibía acompañado de un militar con cara de susto, ni por supuesto tenía una capacidad oratoria tan aplaudible. Todo se trataba de diversos trucos de cámara. Se han pillado un par de perlas del dictador desconocidas hasta ahora, y el resto de metraje se rellena con material clásico del NO-DO, algunos juicios gratuitos y análisis con la misma profundidad que la que puede disponer una piscina infantil.

En uno de esos gratuitos juicios sobre la figura de Don Francisco se revisita la sopa de ajo: se muestran noticias curiosas y jocosas con el único fin de idiotizar a los indefensos españoles. La selección de noticias se muestra demasiado dilatada, y las anécdotas, a falta de material que ilustre lo explicado, se basan en material reciclado que difícilmente ilustran una crítica veraz y concienzuda.
Seguro que existe material inédito mucho más sangrante que el que se nos muestra, pero por desgracia sigue clasificado o simplemente dejado de la mano de Dios. Y en los tiempos que corren, en los que se juzgan a los propios defensores de la ley por intentar hurgar en las heridas del pasado, seguro que van a quedar sepultados por los siglos de los siglos.
El último documental del día nos deparó los momentos más relajantes y calmados de un festival, que dado el número de asistentes, y la coincidencia de que los asistentes deben compartir interminables colas con otros espectadores que acuden a ver cine más convencional (de las diez salas del complejo tan sólo dos se dedican con exclusividad a proyectar los films del DocsBarcelona) resulta bastante estresante.
¡Vivan las antípodas! se plantea preguntas tan curiosas como: ¿cuál sería el camino más corto entre la metrópoli china de Shangai y Entre Ríos, en Argentina? El reconocido director Víctor Kossakovsky captura imágenes sorprendentes de lugares de nuestro planeta que visitaríamos con los ojos cerrados. Parajes hermosos situados en poblaciones recónditas que parecen conectadas de una manera mítica con sus contrarias, convirtiéndose en un fascinante calidoscopio de nuestro planeta.
El domingo 5 de febrero afrontamos el último día de festival, donde recorreremos el controvertido caso de Paco Larrañaga, un poco de sadomasoquismo en Israel y, como colofón, conoceremos la figura de un anarquista español exiliado en París.
Informa: Francisco Nieto
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Festival DocsBarcelona (3): A todo trapo con U2







